- Cuno Amiet -
Amiet entró a mi vida cuando la conmoción y la negación todavía no se decidían por irse.
Todos los cambios comenzaron cuando Luan se fue. Al poco tiempo desapareció Sunset; nunca mencionó a dónde iría, pero tampoco fue la gran cosa, dejó una nota con la descripción: “No estaré por un tiempo, no hace falta que me busquen”. La realidad era que podíamos hablar con él por teléfono en cualquier momento, solo le gustaba rememorar sus días como actor y convertir su vida en una interminable interpretación teatral.
Por mi parte, entré en lo que llamarían “crisis de los 20”. Noté sus primeros síntomas cuando me gradué como el arquitecto que nunca terminé de ser. No sabía con certeza qué quería de mi vida; me negué a buscar un “trabajo respetable”; en su lugar acepté la oferta de May y comencé a trabajar en Ocean's Eleven. Al principio ni siquiera consideré su propuesta; sería cómico un barista que no toma café, pero Luan desde el otro lado del mundo me animó: “Asteri podría ser tu cura para superar tu crisis; piénsalo como uno de los domingos que vas a tomar té con May, pero ahora tú servirás las bebidas y te pagarán”. A regañadientes acepté porque tenía un sólido argumento.
Cuando mi relación con Luan llegó a su fin, perdí dos cosas importantes: él y mi pasión por el arte. La forma que encontré para llevar mi duelo fue trabajar tanto como pude, en la cafetería y otras cosas que surgieran; a veces asistía a clases con Nora, pero ya no de cerámica. Dejé de vender mis cuadros; solo en las silenciosas noches, cuando el dolor se hacía más fuerte, pintaba, ya no por el amor al arte, sino porque era lo único que sabía hacer para manejar el vacío que sentía.
Mi último acto de amor por él fue terminar su cuadro, que sellé con su nombre; guardé las brochas en un cajón vacío, jurando no volver a respirar el óleo que tantos recuerdos me traía. En su lugar, comencé a cuidar plantas y ahogarme en la monotonía: despertar, trabajar y volver a dormir; por suerte llegó a mi vida un curador de arte.
May me había contado sobre un chico a quien le interesaban unas pinturas que había hecho hacía tiempo y colgué en la pared del café como decoración, a tal punto que se atrevió a preguntarle a ella los detalles exactos de cada una. Me hablaba mucho de él, pero no llegamos a coincidir hasta el día que lo vi por primera vez.
Llegó con un porte tan narcisista; su postura me hizo recordar a un cisne que le hacía un favor a la sociedad por respirar. Esa confianza solo lo dotaba de mayor belleza, aunque la razón por la cual nunca olvidaré la primera vez que lo vi fue por la primera palabra que salió de su boca al verme: lindo. Fugaz y firme, seguida por un normal pedido de una limonada rosa. Mientras la preparaba, comenzó a hablar de los cuadros, hasta que mencionó que el de en medio denotaba lo inexperto que era el pintor por su mal uso de las sombras; me fastidió y le respondí que lo había hecho con esa intención. Dio una leve sonrisa de satisfacción y comenzó todo.
Mi primera suposición fue errónea, bailarín no era, sino arte en sí; piano, pintura, chelo, vivía de ser arte. Un arte arrogante que me fastidió de alguna manera. Aceptarlo me tomó tres días: el primero me pidió salir, pero me negué; tenía cara de nunca haber sido rechazado, quería darme ese lujo de venganza, me daba cierto poder sobre él. La segunda vez se me acercó con la intención de conocernos como amigos, negando algo romántico; su propuesta fue acompañada de un ultimátum: mañana será la última vez que venga para saber tu respuesta; si me vuelves a rechazar, no te molestaré más. El tercer día llegó con el mismo porte, la misma limonada, salvo por una mancha casi imperceptible de pintura roja en su cuello; se perdía entre las flores de cerezo que llevaba como bello adorno. Me pregunté cómo alguien tan pulcro puede ser a la vez descuidado; me dio intriga, acepté su invitación y así comencé a conocerlo.
ESTÁS LEYENDO
Caramel Macchiato
RomanceAsteri es alguien simple y que no sabe muchas cosas, aunque si de algo está seguro es que ODIA EL CAFÉ, pero un día por azares del destino ese odio lo hace conocer a Luan un barista que lo hará cambiar su percepción del mundo. ¿Hasta dónde podrá lle...
