Asteri es alguien simple y que no sabe muchas cosas, aunque si de algo está seguro es que ODIA EL CAFÉ, pero un día por azares del destino ese odio lo hace conocer a Luan un barista que lo hará cambiar su percepción del mundo.
¿Hasta dónde podrá lle...
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Para el 80% de la población resulta necesario —incluso resultando en casos siendo bueno para la salud— tomar un café en las mañanas, algunos dirían que es lo que nos une. En mi caso, odio el café. El solo pensar en su amargo sabor pasando por mi garganta me provoca náuseas. Me disgusta todo lo relacionado con este: su sabor, su olor, incluidas las cafeterías por las mañanas; suelen estar llenas de gente apresurada por ir al trabajo o la escuela, siempre haciendo tiempo para su presiado oro negro.
En su lugar prefiero tomar un buen chai latte, me es indispensable tomarlo para estar de buen humor. Esta mañana cuando encontré el sobre de chai vacío sabía que en definitiva ese no sería un buen día. Tomé mis llaves y fui directo a la primera cafetería que marcaba el mapa, situada justo en la esquina de una calle bastante transitada, se anunciaba con unas grandes: 'Ocean's Eleven café', era un lugar chico, minimalista, con solo un dos mesas dentro y, justo como lo imagine, había una larga fila qué estaba a cargo de un solo chico. Al ver la escena sentí mayor lástima por él que por mí, pensé en lo horrible qué sería atender a tanta gente, me mantuve pensando eso hasta que fue mi turno.
—Un chai latte, por favor.
—Claro, ¿a nombre de quién?
—Asteri.
Agarre mi latte y estaba a punto de irme cuando al tomarle un extraño sabor inundó mi paladar, empezó siendo amargo para ser seguido de un casi nulo sabor dulce, noté que eso podía ser muchas cosas excepto lo que pedí y para peor tenía la amargura tan característica del cafe.
«Lo que me faltaba, justo cuando me había apiadado de él»
Me acerqué al chico del mostrador para presentarle mi queja. Al alzar su rostro para mirarme aprendí que pocas veces le prestamos la consideración adecuada a las personas que nos proporcionan un servicio, me di cuenta que la primera vez ni siquiera me percaté de los leves toques de rojo que tenía su oscuro cabello. Tampoco note sus ojos, de un gris verdoso, parecían un agujero negro que sin querer te arrastraban hacia ellos, a pesar de su mirada tan penetrante, mis ojos no paraban de apreciar los suyos.
Estar metido en mis pensamientos hizo que no me percatara de lo que decía, mi cuerpo se puso en modo automático, solo reaccionó cuando llegué al apartamento, no estoy seguro de lo que le dije porque regrese con la misma bebida. Ni siquiera me sorprendió entrar y encontrar todo tranquilo cuando ya era casi mediodía, resultaba obvio que luego de tremenda fiesta a la que asistieron anoche ninguno se habría desprendido de sus sábanas, habría que hacer algo, puse mi playlist con el volumen suficiente para no recibir queja de los vecinos, pero logrando que los dos salieran de sus habitaciones.
—¿Qué es todo ese ruido?
—Buenos días a ti también Nora —le conteste de forma amable.
—¡Maldita sea Asteri, baja el volumen de tu música! —gritó Oliver al tiempo que tomaba una almohada del sillón para arrojarla sobre mi, fallando en el intento.
—Tenía la intención de darle este café a alguno de los dos, pero ante su reconfortante bienvenida lo tomaré yo.
—Ni siquiera te gusta el café.
En eso Oliver tenía razón, aun así, mi orgullo no me permitía perder. Tome todo lo que había en aquel vaso, preparándome para probar lo desagradable, fue una sorpresa encontrarme con un dulce sabor, dudé por un momento que mis papilas gustativas estuvieran dañadas y me hicieron imaginar que eso fuera café.
—Ahora me gusta —dije mostrándoles una sonrisa burlona.