Marked by destiny

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El dolor llegó antes de que Caroline entendiera qué estaba pasando.

No fue un dolor físico al principio. Fue algo más profundo. Una sensación extraña bajo la piel, un vacío en el pecho que apareció de golpe mientras despertaba sobre una superficie fría de piedra. El aire olía a humedad, velas derretidas y sangre seca. Sus muñecas estaban atadas con cadenas cubiertas de símbolos que brillaban tenuemente bajo la luz naranja de decenas de velas negras.

Parpadeó varias veces, confundida.

—¿Qué...? —su voz salió ronca—. ¿Dónde estoy?

El silencio apenas duró unos segundos antes de que escuchara murmullos alrededor. Brujas. Tres de ellas, cubiertas con túnicas oscuras, observándola desde distintos puntos de la habitación subterránea. Caroline intentó levantarse de golpe, pero un dolor agudo atravesó todo su abdomen.

Jadeó.

Llevó automáticamente una mano a su vientre, respirando rápido.

—¿Qué me hicieron?

Nadie respondió inmediatamente.

Y eso fue peor.

Porque entonces volvió a sentirlo. Otra vez. Esa presión baja, intensa, profunda. Como si algo dentro de ella estuviera empujando.

Una de las brujas se acercó lentamente.

—Despertó más rápido de lo esperado.

Caroline levantó la mirada llena de furia y miedo.

—Si Klaus descubre que me tocaron, las va a matar.

La mujer sonrió apenas.

—Precisamente por eso estás aquí.

El nombre de Klaus provocó algo dentro de ella. Algo cálido. Familiar. Dolorosamente intenso.

Klaus Mikaelson.

El monstruo de Mystic Falls.

El híbrido original.

El hombre que, sin darse cuenta, se había convertido en lo único en lo que Caroline pensaba incluso cuando intentaba odiarlo.

Otro dolor la atravesó tan fuerte que terminó doblándose hacia adelante con un gemido ahogado.

—¿Qué me pasa? —preguntó respirando agitadamente.

Las brujas intercambiaron miradas.

Y entonces una de ellas habló con absoluta calma.

—Estás de parto.

El mundo se detuvo.

Caroline soltó una pequeña risa nerviosa, incrédula.

—¿Qué?

Nadie respondió.

—No... no, eso no tiene sentido —comenzó a decir rápidamente—. Soy un vampiro. Los vampiros no pueden quedar embarazados.

La bruja inclinó ligeramente la cabeza.

—Normalmente no.

Caroline sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

—¿Qué significa eso...?

La mujer levantó lentamente una mano y murmuró algo en latín. Las velas temblaron violentamente. El aire cambió.

Y entonces Caroline lo escuchó.

Tum.

Tum.

Tum.

One-Shot KlarolineHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora