CUARANDERAS, CHAMANES Y SANADORAS

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Del divino al humano: una fantástica realidad.

La última vez hablamos de Aine y de cómo su arquetipo se distingue entre las figuras literarias. Hoy traeremos el mundo de la fantasía a nuestra realidad a través de un personaje muy presente tanto en nuestra sociedad desde la antigüedad, como entre las páginas de la mejor literatura fantástica: las curanderas, las chamanes, las sanadoras, las parteras, las sacerdotisas.

Ellas no son diosas, son personajes que pueblan los libros y la realidad y a menudo han sido relacionadas con las sombras, el ocultismo, las malas artes, la mayor parte por miedo al poder que retenían, por ignorancia y por desconocimiento. Y lo haremos entrelazando muchas culturas, como si quisiéramos unir las partes del mundo a través de una única experiencia vivida con distintos nombres, demostrando que, bajo todas ellas, en el fondo, esta mitología señala un origen común.

Porque, debajo de los mitos y de las criaturas de fantasía, se encuentra siempre algo de verdad que en la época no conseguían explicarse de otra forma. O parte de una enseñanza o de un miedo. Una forma de controlar... el poder.

Origen del arquetipo.

Retrocedemos un poco en la historia para explicar el origen de la magia.

La magia se relacionaba con la figura del mago, aquella persona dedicada a, y capaz de, realizar rituales, custodiar el fuego (su importancia para la supervivencia conlleva que el fuego tenga categoría de elemento sagrado), interpretar sueños, observar el firmamento (capacidad de orientarse...), trasmisor de la sabiduría y conocimiento. Estas figuras eran como antiguos sacerdotes.

De igual forma podemos reconocer este tipo de poder, de magia y de magos, en las culturas americanas a través de figuras muy similares: los chamanes, la machi, curanderos, sacerdotes y sabios.

En el continente eurasiático, el origen de este concepto lo descubrimos inicialmente en Persia, llegando a Grecia con una connotación de sabiduría y a la vez visto con desconfianza, debido a sus enfrentamientos bélicos. Los conocimientos  se respetan, pero en este caso se relacionaban con prácticas ocultas y misteriosas, no comprendidas porque eran extranjeras.

Cuando el saber se convierte en amenaza para el poder.

Aquí es donde el significado de magia, y por tanto el/la que la ejerce, comienza a albergar una ambigüedad y desconfianza, debido a la ignorancia.

En resumen, la magia original era aquella que custodiaba la sabiduría del funcionamiento del mundo, de los astros, de la botánica, etc. Y al mismo tiempo, esto era considerado poder. Los magos/sabios eran figuras poderosas.

El poder que daba el conocimiento, procedente de una cultura extranjera con la cual habían tenido enfrentamientos, termina siendo asociado a la posibilidad de daño a la propia comunidad y quienes lo aceptan o practican son entonces considerados parte de esa amenaza. Construyendo así la percepción social de peligro, que crecerá hasta desembocar en su persecución.

¿Amenaza contra quién? El poder en manos de una sociedad patriarcal.

Y ahora conviene realizar otro paso, que inicialmente podría parecer poco comprensible.

La mayoría de las persecuciones que se realizaron fueron una caza de brujas.

De brujas, no de magos. Aunque sí hubo casos, aquí fue donde el concepto cambió de nuevo para adecuarse a la necesidad.

Si anteriormente se busca la exclusión o expulsión de las prácticas de sabiduría consideradas extranjeras como amenaza del control de la soberanía, llegados a este punto el objetivo se fija sobre otro sector que, casi de forma absoluta, se había hecho con ese "poder"; que se consagra como custodio de saber, tradición. Quien cura, protege y trasciende su propia identidad (hoy sabemos que incluso el ADN): la mujer.

El sistema patriarcal comenzó a identificar ese concepto de saber "extraño", ajeno y por lo tanto impropio, ilícito. Ese poder que se escapa a su jurisdicción, y ligado casi exclusivamente a la mujer.

En esta época es donde la "magia" se separa conceptualmente de "conocimiento" para unirse a "oscuro y prohibido".

Y por eso, las connotaciones negativas asociadas y la posterior identificación de esta figura con la de la bruja (como ser de poderes sobrenaturales ligada al poder demoníaco) surgen alrededor del s. XV, cuando comenzó a percibirse con temor y a ser perseguida como practicantes de las artes oscuras.

Hasta aquel entonces, las mujeres con dichas características: la conexión con la naturaleza, el conocimiento del uso de esta en beneficio de la cura, los rituales y la sabiduría eran una figura positiva y habitual en todas las culturas y en todos los lugares del mundo. Fueron y son custodias del conocimiento de botánica medicinal, asistían a los nacimientos y a las muertes, interpretaban sucesos o sueños, trasmitían tradiciones...

Entre ellas están la Bean Feasa celta, la volva nórdica, la hexe germánica, la machi mapuche, la sorgina vasca, La Ticitl nahua, él/la pajé amazona, la vedma eslava, las mudang coreanas, las meigas gallegas y muchas más. Todas ellas a lo largo de nuestro mundo, mujeres elegidas a las cuales viene transmitido un saber que utilizan para salvaguardar a la comunidad, para curar, proteger, ayudar y apoyar a quienes lo necesitaban. Y de ellas, en toda obra fantástica que se aprecie, descubrimos al menos un personaje que se ensimisme en los atributos de esta figura.

¿Te viene alguno más en mente? ¡Cuéntanos!

Escrito por YsrydDOr.

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⏰ Última actualización: Jun 23 ⏰

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