D O C E

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Me desperté en el banco de la montaña, dolorida. "¿Porqué he dormido aquí sabiendo que me iba a partir el cuello?".

- ¿Jodie? - dijo mi madre cuando contesté su llamada.

- Hola, mamá. - saludé.

- ¿¡Se puede saber dónde has ido!? - "ah, la carta".

- No, tranquila. No hagas caso a mi carta. Yo... estoy en casa, bueno en la montaña. Pero he dormido aquí. - dije moviendo los brazos como si pudiera verme. "Idiota" me pegué un manotazo en la cabeza. Definitivamente, no vuelvo a dormir aquí. Me vuelvo estúpida.

- ¿¡Entonces qué diablos significa lo que me has escrito!? - grita eufórica. Seguramente estaba tirándose de los pelos, literalmente.

- Es largo de contar. Bueno, en realidad no. Pero... es que me acabo de levantar y, ¿sabes? He llegado a la conclusión de que el bosque es como, para otros, el alcohol. - me reí.

- ¡Jodie!¡Ven ahora mismo para casa! - me ordenó. Me levanté del banco del susto y volví a reírme.

- ¡Sí, señora! - dije con voz de militar.

Fui corriendo para casa. Sí, corriendo. ¿Se puede saber qué me pasa?

- ¡Ya he llegado! - grité.

Mamá, Aiden, Olive y Dave estaban sentados en el sofá. "Ups". Sonreí tímida y saludé con la mano. Intentando ser todo lo buena y adorable que mi ser me permitía.

Todos tenían mi carta en la mano, pero el único que sonreía era Dave. Suspiré y caminé arrastrando los pies hasta el sillón. Me senté y dí las gracias por poder estar en un sitio blandito. 

- ¿Vais a hablar ya? - rodé los ojos.

- Oh, no. De eso nada, amiga. TÚ tienes que hablar. - me acusó Olive.

- Y explicarnos esto. - Aiden señaló las cartas una a una.

- Es fácil. - me encogí de hombros. 

- Pues cuenta. - dijo mi madre. Alcé las cejas, pues todas las miradas se centraban en mí.

 Vale, es algo obvio siendo yo la que tengo que explicar algo... tan importante como ha resultado ser mi supuesta desaparición. No quería causar algo como esto. Aunque solo sean cuatro personas las que están preocupadas por mí. En realidad, tres. Porque la noche de mi "desaparición" estuve con Dave, así que él ya lo sabe. Y, entonces, ¿qué hace él aquí? Abrí la boca para sacar a la luz aquella pregunta.

- ¡Va! - Olive chasqueó los dedos en mi cara, haciendo que despertara de mis pensamientos.

- Me ponéis nerviosa, mirar para otro lado. - entre suspiros, todos giraron sus cabezas, excepto Aiden. Eché la cabeza hacia atrás.

- Empieza ya, por favor. - me suplicó él.

- No quería... causaros daño. Se supone que me tengo que morir, así que... pensé que fugarme haría que vosotros no sufrierais al verme morir. Porque se supone que lo tendríais que pasar mal, ¿no? - me perdí de tal manera en la mirada de mi mejor amigo, que no me di cuenta de que todos me habían desobedecido y cuatro pares de ojos volvían a centrarse en mí. 

Aiden apartó la mirada y apretó la mandíbula. Sé que no es el mejor momento pero... está tan guapo cuando hace eso... 

- Jodie, cariño, siento mucho haberte dicho lo de tu padre. Yo sé que a ti no te pasará lo mismo... yo lo sé. - dijo mi madre, llorando a moco tendido. Olive la abrazó y se unió a sus sollozos. "Perfecto".

- Os quiero. - subí las escaleras corriendo y me encerré en la habitación.

Segundos más tarde, alguien entró. Me sequé las lágrimas para ver de quién se trataba.

- Tenemos que hablar. - dijo.

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Después de ver un episodio de "Secretos y mentiras" me he puesto a escribir y os dejo con la intriga para que penséis quién ha entrado en la habitación :).

La vida de JodieDonde viven las historias. Descúbrelo ahora