O C H O

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¿¡Porqué había dicho eso!? Estuve a punto de golpearme la cabeza contra una de las grandes piedras que envolvían el lago.

- Hola. - me asustó una voz.

Me giré, era Dave. Madre mía, ha tardado medio minuto.

- Hola. Esto... olvida lo de antes. - dije avergonzada. ¿Porqué me avergüenzo? Yo nunca me avergüenzo. Espera, ¿porqué me hago todas estas preguntas? ¿¡Porqué estoy nerviosa!?

- No puedo olvidarlo. - se pasó la mano por la nuca.

- Pues hazlo. - dije sécamente. Él suspiró.

- ¿Me necesitabas, verdad?

- Sí. Bueno, ya no. Me voy. - cuando pasé por su lado con la intención de volver a casa, él me cogió el brazo.

- Espera. No te vayas. - suplicó. Me volví hacia él.

- Suéltame. - le ordené. Intenté librarme de él pero era imposible.

- ¿Puedes escucharme, por favor? - al final, cedí. Después de varios suspiros.

- ¿Qué? ¿Hablas? - pregunté.

- Yo... quiero estar contigo. - puse los ojos en blanco.

- No opino lo mismo.

- ¿Puedes, por un momento, deshacerte de la estúpida máscara de chica mala con la ocultas tu verdadera identidad? - se puso nervioso.

- No es ninguna máscara.

- Sé como eres en realidad. ¡No eres tan mala persona! - gritó.

- No me grites. - dije lentamente.

- Dáme la razón. Sabes que la tengo. - me reí.

- No - se acercó mucho (demasiado) a mí -. ¿Qué haces?

No podía moverme. ¿Qué me está haciendo?

- Quiero que te dés cuenta de como es la verdadera Jodie. - pegó su frente a la mía y le miré a los ojos. Algo raro para mí.

- ¿Crees que no sé como soy realmente? - se acercó más e instintivamente, cerré los ojos.

Él se apartó y sonrió. Idiota.

- ¿Lo ves? Me das la razón.

- ¡Estás loco! - grité.

- Sh... No te alteres. - me cogió por los hombros.

Entonces, una Jodie vengativa, le cogió por el cuelló y acercó sus labios. La Jodie normal, le besó.

- ¿Porqué has hecho esto? - preguntó. Su aliento a cebolla me estaba matando así que me aparté, bueno le empujé -. ¿Y porqué sonries?

- Lo tenía que hacer. - seguí con una sonrisa malévola en los labios.

- Me voy. - anunció.

- Adiós, amor. - le lancé un beso y le guiñé un ojo. Lo decía de mentira, obvio, ¿no?

Haber, es obvio. Él no me gusta. ¿Porqué no me gusta, verdad? ¿Verdad, Jodie? Y tampoco he sentido nada cuando le he besado, ¿no lo he hecho, no? ¿Jodie?

- ¡Soy tonta! - grité y golpeé el banco con el pie.

- No lo eres. - me asusté. Reconozco esa voz incluso mejor que a mi madre. Aiden. Me giré lentamente, demasiado lenta.

- ¿Qu... qué haces a... aquí? - balbuceé. "Tonta, lo que yo decía".

- Hablar contigo. - sonrió. ¿No podía dejar de sonreir? Porque si no dejaba de hacerlo, le pegaría por volverme loca.

- Ah. ¿Y sobre qué? - "¿Enserio? Soy patética".

- Sobre... tú... yo... nosotros. - balbuceó.

"¿Porqué balbuceamos? ¿Porqué no paro de decir porqué? Aw, otra vez". Me pegué.

- ¿Qué haces? - se rió Aiden.

- ¿Qué me quieres decir? - puse los ojos en blanco.

- No me caso. - sonreí involuntáriamente. Al percatarme, me obligué a mí misma no sonreír.

- Vaya... qué pena. - se rió. Le pego, le pego como vuelva a hacerlo.

- No mientas, se te da mal.

- Que va. Y para de reírte o te pegaré.

- Vale, fiera. - sonrió.

- No, no. Tampoco sonrías. Me volverás loca. - sacudí ligeramente la cabeza.

- Ya estás loca. - echó la cabeza hacia atrás y miró las nubes. Le imité.

- ¿Te acuerdas cuándo nos pasábamos horas mirando las nubes y decíamos a qué nos recordaban? - dije con añoranza.

- Sí. Me encantaba hacerlo. - sonrió.

- ¡Te he dicho que no sonrías! - grité.

- Esa nube se parece a ti. - señaló una nube.

- Se parece a un gato.

- No. Mira: es una nube débil con aspecto valiente. - le miré.

- Y esa a ti. - señalé al cielo sin dejar de mirarle.

- ¿Porqué? - me miró.

- Es una nube confusa con aspecto seguro.

- Más bien creo que es una nube enamorada de alguien con aspecto a fingir estar enamorado de otra persona. - miró al cielo.

- Lo haces difícil tú solo. Lo sabes, ¿verdad? - miré a las nubes yo también.

- Lo sé. Pero no es tan fácil.

- Sí, lo es. - se acercó a mí.

- Te juro que después de esta tormenta, vendrá el arcoiris. - me aparté.

- Nunca he visto un arcoiris. - seguí mirando el cielo.

- Eso no es verdad. Me ves a mí todos los días. - sonreí.

- Idiota. - nos reímos.

- Prométeme algo.

- ¿El qué? - dije aún riendo.

- Que jamás te separarás de mí. - dejé de reirme.

- Te lo prometo. Aiden...

- Jodie... - me imitó.

- ¿Cómo estás de tu...? - su enfermedad, de su enfermedad.

- Bien. Supongo. Confío en los médicos - rodé los ojos -. Puede que tal vez tengan razón. Llevo ya 16 años en tratamiento.

- Me alegraría... - tosí -. Me alegraría mucho que te recuperaras. - seguí tosiendo.

- ¿Estás bien? - se incorporó del suelo.

- Me duele el pecho. - me cogió de las piernas y de la cabeza.

- Mierda. Voy a llamar a una ambuláncia. Te llevaré a casa.

Corrió hacia mi casa. De lo que ocurrió después... no me acuerdo.

La vida de JodieDonde viven las historias. Descúbrelo ahora