El bullicio de la casa solía ser un recordatorio constante de la vida que había intentado construir, pero hoy, en el cumpleaños de los niños, cada risa y cada detalle de la fiesta contrastaban dolorosamente con el vacío que cargaba en el pecho. Estaba en medio de los preparativos cuando escuché voces en la entrada principal.
Salí al recibidor con la intención de apurar a Mary y a los niños, pero el tiempo se detuvo por completo al cruzar la puerta.
Ahí estaba él.
Levi.
Con esa mirada gélida, el cuerpo tenso y un paquete en las manos. Por un segundo, creí que estaba alucinando, que el cansancio y la culpa por fin me habían hecho perder la razón.
Y entonces lo vi mirar a Katzu. Hablar con él, escuchando que lo confundía con Yazu. Me aterro que mi hijo mencionara algo más y enseguida actúe.
Le ordenó a Nana con la voz estrangulada que se retire con el niño, sin apartar los ojos de Levi, aterrorizada de que un solo segundo más expusiera una verdad que ninguno de los dos estaba listo para soportar.
Cuando nos quedamos solos, intenté recuperar la compostura mientras él me entregaba el paquete, diciendo que era un encargo de Kagome. El simple nombre de ella fue como una daga girando en mi herida. Trate de ser fuerte, ya no lo mandaba a seguir, ya no. El dolor de los informes constantes de que estaba junto a ella eran dolorosos. Quise correr, quise ignorarlo, pero el orgullo, la desesperación acumulada durante años y las ganas de gritarle la verdad me retuvieron, porque ya no sabía su actuar si se enteraba de la verdad, el odio, el desprecio, que sentía por mí eran una llamada previa al huracán que se formaría y no se si el miedo que ahora le siento pueda soportar lo que vendría con esa revelación en este momento, pero tenía que intentarlo.
-¡Espera! -lo llamé antes de que pudiera dar la espalda-. ¿Podemos hablar?
Lo que siguió fue una avalancha de reproches que venían gestándose desde hacía un lustro.
Cada palabra suya era un cuchillo afilado que enterraba lentamente para matarme. Me reclamó los cinco años de ausencia, el infierno en el que había vivido, su dolor, y me restregó en la cara su supuesta felicidad con Kagome.
Me dolía el pecho con tanta fuerza que apenas podía respirar. Él creía que lo había abandonado por voluntad propia, que había formado una familia feliz con Sesshomaru por capricho, sin saber que cada día lejos de él había sido una lenta y dolorosa agonía destinada a mantenerlo con vida oculto en lo más profundo de mi alma.
-¿Te duele que sea feliz? -me reclamó con desprecio.
La ira y la frustración me ganaron. Para evitar que los gritos escalaran y alguien más nos escuchara, o peor aún, que Sesshomaru regresara y encontrará este polvorín, lo invito a pasar, con exigencia y preocupación de que alguien esté por vernos, lo arrastré adentro, encerrándonos en la privacidad de mi oficina.
Pero ahí dentro las cosas solo empeoraron. El aire se volvió irrespirable. Por más que trataba de decirle la verdad, nos arrojamos culpas, nos herimos con cada frase, reviviendo el pasado y el presente. Cuando le pregunté si de verdad amaba a Kagome, su actitud defensiva y arrogante encendió una mecha peligrosa. Me provocó, me acorraló, y yo le devolví el golpe recordándole lo inevitable: que por mucho que intentara usar a otra mujer como escudo, jamás podría borrar lo que éramos.
Porque sí, me restregó en el rostro noches de pasión con Sesshomaru que nunca han existido. Pero mi cordura ya no está en este momento y refute poniendo mi dignidad primero.
-¿Vas a negar que cuando le haces el amor no piensas en mí? -le reté, con el orgullo hundiéndome en el fango.
Pero también era una estocada para él que lo comparará con Sesshomaru, poniéndolo muy por encima de él cuando nada de eso era verdad.
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Canon (18+)
FanfictionPorque Shingeki no kyojin es más real de lo que parece.... Mikasa Ackerman, actriz que ha estado desde muy pequeña en la obra SNK, mantiene una relación romántica en secreto con Reiner Braun. Apesar de esta relación secreta, Levi los descubre, pero...
