Parte sin título 25

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  Para cuando llegase el día de la boda habría conseguido distanciarse de él lo suficiente como para que no la afectase el volver a verlo, se dijo, tratando de convencerse. Ni ella se lo creía, resopló mentalmente, volviendo a la revista.

En ese momento sonó el timbre de la puerta. _____ se incorporó y echó la revista sobre la mesita del salón. Debía ser el chico del supermercado. Había pedido algunas cosas que había olvidado. Tomó la muleta y fue hasta el vestíbulo.

Sin embargo, cuando abrió la puerta, el susto que se llevó fue mayúsculo: allí estaba Louis, vestido con un elegante traje gris, y esa expresión irascible de siempre en su rostro.

—Hola, _____ —la saludó en tono quedo.

A ella, el corazón se le había subido a la garganta, pero el sobresalto pasó, y los recuerdos de las cosas que le había dicho y de cómo la había tratado volvieron en tropel a su mente, llevando un viento gélido a su pecho.

—No... no estoy presentable para recibir visitas —balbució—. Gracias por venir, pero...

Louis entro, cerró la puerta y la tomó en brazos, haciendo que dejara caer la muleta y depositándola de nuevo en el sofá antes de que pudiera acabar la frase.

—¿Sólo unos cortes y unas magulladuras, eh? — le espetó, mirando el vendaje de la pierna—. ¿Cómo es de seria la herida?

— Se curará —contestó ella sin mirarlo, irritada por su tono.

—¿Cómo es de seria? —repitió Louis.

—Algunos ligamentos desgarrados, y una cicatriz bastante fea, pero se curará —farfulló _____, llevándose la mano a la pierna. Sin embargo, el ligero temblor de sus labios la delató—. La semana que viene me quitan los puntos. Aparte de eso sólo sufrí una contusión y algunos cortes.

Louis inspiró profundamente.

—¿Por qué diablos no me llamaste?

_____ enarcó las cejas.

—Porque habría sido como si la gallina llamara al lobo que la atacó para pedirle ayuda —le soltó.

—Supongo que es así como debes verme después de cómo me comporté contigo —respondió Louis en un tono suave. Sus ojos buscaron los de ella, y escudriñó su rostro como si estuviera inspeccionando una posesión muy querida que hiciera años que no veía—, pero habría venido.

—¿Desde Australia? —inquirió ella.

—Desde el infierno si hubiera sido necesario — contestó él—. Y la verdad es que tengo la impresión de haber estado allí todos estos días —le confesó—: apenas podía dormir por las noches, recordando la expresión de tu rostro cuando... _____, por amor de Dios, ¿por qué no me lo contaste hace años?

—¿Cómo esperabas que lo hiciera? —se defendió ella, jugueteando con un botón de la blusa que tenía puesta—. No era precisamente fácil acercarse a ti, y estoy segura de que tampoco me habrías creído —le dijo riéndose amargamente—. Para empezar me habrías acusado de haber incitado a ese bestia y...

—¡Para! —masculló Louis—. ¿Crees que no me siento ya lo bastante miserable con todo lo que te he hecho?

_____ alzó la vista hacia él. Su rostro era verdaderamente el de un hombre atormentado, como si los remordimientos estuvieran comiéndolo vivo, y el compasivo corazón de _____ no pudo menos que conmoverse. Sin embargo, saber que se sentía culpable no la consolaba. Lo único que ella quería era su amor, y eso nunca podría conseguirlo.

—¿Has estado aquí sola desde el accidente? —le preguntó Louis al cabo de unos minutos de tenso silencio.

_____ asintió, y vio que el rostro de él se contraía.

—Vas a venir al rancho conmigo —le dijo —, aunque tenga que llevarte a cuestas, pataleando y chillando. Me encargaré de que estés bien atendida.

—No puedes obligarme —le dijo _____ irritada.

Louis se pasó una mano por el cabello.

—Escucha, _____, es verdad que he sido cruel contigo, y que no tenía ningún motivo para serlo — admitió metiéndose las manos en los bolsillos del pantalón—. Desde el principio creé en mi mente una imagen completamente distorsionada de ti, y todos estos años he estado alimentándola... porque era mi última defensa —añadió con una sonrisa extraña—. Hacía años que no tomaba más de un par de copas, pero la noche del día que te marchaste me fui a Calgary con Zayn, nos emborrachamos y volvimos al rancho a las tres de la mañana, cantando a todo pulmón. A mi madre por poco le da algo. El día siguiente tenía una resaca espantosa, pero me sentía tan mal por lo que te había hecho que no podía soportarlo, y me fui a Australia. Necesitaba alejarme y pensar —concluyó—. _____, sé que no había nada entre Billingsly y tú —le dijo de repente.


Mi Enemigo-Louis & TU- TeRmInAdADonde viven las historias. Descúbrelo ahora