Capítulo 12- Primer "Polo".

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El muchacho iba caminado por un sendero oscuro. Quiso ver la hora pero se dio cuenta que no llevaba puesto el reloj. Se sentía extraño, como fuera de sí. Siguió vagando para ver si encontraba la salida a aquel lúgubre lugar.

No sentía el tiempo transcurrir, solo experimentó un viento que le heló la sangre. Mientras anduvo, se encontró frente a un parque que lucía animado por las personas en constante movimiento. Algunos niños corriendo, otros jugando con un balón de futbol. Se veían felices con sus padres. Jaden no entendió pero no sabía que hacía en aquel lugar, su memoria no era tan buena pero no recordaba haber estado allí anteriormente. Solo advirtió una sensación de soledad que le calaba hasta el alma. Nunca tuvo una infancia tan feliz como aquella que parecía tener las personas que observó.

Inmediatamente se recriminó por ponerse sensible.

«Vamos, Jaden. Madura un poco».

Al verse perdido en aquel lugar decidió disfrutar del panorama, necesitaba respirar el aire puro para pensar con claridad. Se ubicó en un banco para dos con vista al parque, un instante después y sin percatarse cómo o de dónde, alguien apareció de la nada y se sentó a su lado.

-Tu...

-Jay, nos volvemos a encontrar.

-Hola, padre.

- ¿Vienes a visitarme?... es un momento bastante complicado.

-Lamento haberte metido en esto. Pero no te preocupes, no estás solo... pronto...

Todo se difuminó y pronto se volvió en una mancha espesa.

Un gran sonido lo despertó. Estaba sudando y se había caído de la cama.

«Faltaba más. Estoy quedando loco».

Las agujas fosforescentes de su reloj marcaban las 3:20. Ese sueño se había sentido tan real. Aunque lo más real era el dolor que sentía. Pero recordó algo sobre los sueños que había leído en un libro hacía no menos de seis meses, decía algo como: «un sueño lúcido es un sueño que se caracteriza porque el soñante es consciente de estar soñando, pudiendo alterar la lógica del mismo. Se puede dar espontáneamente o ser inducido mediante prácticas o ejercicios». Así lo identificó.

Se levantó riendo por lo bajo. Si le contaba eso a la familia seguro que morirían de la risa. Aunque dudaba mucho que no hubiesen escuchado el sonido de su cuerpo estrellándose contra el piso.

Nunca antes había soñado con su padre. Todo ese estrés le estaba causando esos sueños raros. Pero se sentía alegre, nunca estuvo tan cerca de él antes. Sabía que no era real, sabía que había estado en su cabeza pero aún sentía el frío que enchinaba su piel. No podría, durante mucho, explicar aquello.

«Mejor sigo durmiendo -se dijo-. Mañana... hoy debo ir al primer punto.»

Cuando Jaden despertó eran las 6:55 de la mañana. Debía apurarse si quería volver temprano. La mejor era salir de mañana porque a altas horas el sol es bastante fuerte y con sus problemas respiratorios... no quería tener otro problema más. Iría temprano y volvería con la caída de la tarde.

Se puso la ropa que le había conseguido don Carlos. Unos jeans y unas camisas mangas larga. Así pasaría inadvertido. Tomó la mochila y todo lo que necesitaría para el rápido viaje.

Justo cuando iba bajando las gradas, doña Rafaela salió al encuentro.

-Buenos días, hijo. Ya es hora del desayuno -dijo-. ¿Vendrías a la mesa?

Lo pensó. No le gustaban las mesas familiares. No pudo decir nada porque ella ya había dado la vuelta y se había ido.

-Claro -dijo más para sí mismo-.

El Viajero©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora