Perdón

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Creo que tenéis razón.
No valgo nada, no soy nadie.
Soy estúpido e idiota.
Inútil e inservible.
No merezco nada,
ni siquiera los gritos.
No merezco nada de nadie,
porque nadie soy,
y nada doy;
solo problemas que son mi culpa,
molestias que no deberían darse,
estúpidas acciones alocadas por mi parte,
y sigo sin valer nada.
A veces me gustaría ser feliz,
pero luego recuerdo
que la felicidad no es para dementes como yo.
Otras veces me pregunto
si realmente alguien llorará mi muerte.
Luego me doy cuenta
que para celebrarlo hay mucha más gente.
Después de todo,
nadie disfruta de la compañía
de un tarado como yo.
Los locos deberíamos ser exterminados, dicen.
Pues ahí voy yo con la causa.
Espero que lo paséis bien,
mientras mi corazón ya no suene.

Cuando las luces se apaganHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora