ESPECIAL I: MIEDO

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Un grito se escuchaba por toda (o casi toda) la mansión Malfoy.

-¡¡¡MAMA!!!

Ni un elfo domestico se acerco a la alcoba del primogénito de la familia, tal vez por miedo a tan asustado grito.

Narcissa Malfoy se acercaba a paso apresurado a la alcoba de su hijo, envuelta en su pijama de seda plateada, claro que no iba a correr, una dama no corría no importaba la ocasión.

-¡¡¡¡MAMAAAA!!!!

Otro grito mas potente que el anterior alarmó a la madre aristócrata. Que los demonios sangrientos se quedaran con sus modales de dama, su hijo la necesitaba. Corrió el ultimo trecho de pasillos que separaban a su hijo de ella, lo mas rápido que pudo, era difícil correr con pantuflas a media noche.

Abrió la puerta de la alcoba, y se encontró con su hijo envuelto en sus sabanas solo mostrando la carita digna de un niño de 8 años bañada en lágrimas.

-¿Que pasa Dragón?

Entro por completo preocupada por lo que asustaba a su hijo, preparada para atacar a quien fuese para proteger a su hijo.

-¡Mama, el abuelo Abrax esta en el closet!- su voz temblaba y no salia de su refugio entre las sabanas.

Eso descolocó por completo a la mujer, el abuelo de Draco nunca, pero nunca se ocultaría en el closet de su hijo para asustarlo, aunque su presencia en si ya lo aterraba.

-...un bogard- la razón alumbró su mente. ¡Un maldito bogard se había atrevido a asustar a su preciado hijo!

El pequeño miraba como su madre caminaba hacia el closet tranquilamente.

-Draco, lo que esta dentro de tu closet no es tu abuelo; sino un bogard. Ya te había hablado de ellos, ¿recuerdas?

-¿...un bogart?- la carita de confusión llena de lágrimas del infante la enternecio.

-Bogard- le corrigió suavemente.- te demostraré como deshacerte de ellos, así que pon atención.

El pequeño solo asintió ante lo dicho por su madre, y vio expectante a que abriera la puerta.

Al momento de que la mujer abrió la puerta con la barita lista en mano, una gran palidez se presento en su rostro y su mano titubeó, casi se le fue el aliento y retrocedió.

Del closet salio un pequeño cuerpo desnudó por completo, rubio de ojos grises, y con un tatuaje en uno de sus brzitos, viéndola con gran tristeza.

El pequeño que se encontraba en la cama aun en su refugio anti-abuelitos, se quedo pasmado y confundido, su abuelo que se encontraba en el closet se había transformado en él mismo.
Aun para su corta edad se dio cuenta del dibujo en su brazo, era el mismo que tenia su padre; una serpiente y un cráneo. Miro a su madre, quien se veía aterrada ante su otro yo.

-¿Mama?

La voz de su hijo, el real, la saco de su shock, levanto la barita y la barbilla hacia el bogard frente a ella.

RIDICULUSS!- sin querer había gritado el hechizo, en seguida el pequeño ante ella se había transformado en un pequeño payasito de colores muy alegres. Y con otro hechizo que no pronunció lo desapareció por completo en una cortina de humo rojo.

- ¿Como hiciste eso? - el pequeño salió de las sabanas asombrado con los hechizos usados por su madre, a quien miraba con admiración.

-Ya lo aprenderás, a su debido tiempo.- Lo veía con una sonrisa, pero se notaba que quería llorar- Ahora a dormir, que mañana tienes clases de piano a las 8.

- Mama, un bigard toma el aspecto de lo que mas asusta a una persona - el pequeño dio a relucir su intelecto ante su madre- ¿tu tienes miedo a que ande desnudo o a que me pinte la mano como papa?

-¿eh?-Narcissa no supo que contestar ante su inocente hijo, así que era mejor no agobiarle con problemas como esos.- algo así, no tienes de que preocuparte por ello, solo descansa mi Dragón.

- Te prometo que nunca nunca me are un dibujo en mi manita si eso te molesta. Además a mi no me gustaría andar desnudo por ahí. Así que no lo are.- termino con una sonrisa para tranquilizar a su madre, tal vez si le prometía eso, ella ya no tendría miedo de verlo desnudo y pintado del cuerpo.

-Te lo agradezco, eso me hará muy feliz.- con un beso en la frente del pequeño y un descansa se retiro de la alcoba, dejando a un ya casi dormido Draco en su cama, tan inocente como él solo.

Una vez cerrada la puerta se recargo en ella dejando salir las lágrimas que ya no podía controlar.

Lucius y ella sabían que su señor no había muerto, cuantas señales de él no habían ignorado, no quería llevar la cuenta.
Pero tenían muy presente que un día volvería, tal vez mas fuerte y con mas odio para reinar los dos mundos.
Ahora su querido hijo vivía ignorante a lo que podría depararle el futuro, sin saber las atrocidades que una sola persona tenia planeadas para todos aquellos que se le resistieran. Ella se aseguraría de darle un futuro, aun a costo de su propia vida de ser necesario, ella no era leal a nadie mas que su familia.
Secándose las lágrimas se dirigió a la alcoba propia, donde su esposo la esperaba. Tenia una obligación, un deber, una meta en mente; proteger a su amado hijo ante todo.

Todo esto pasaba por su mente, esto y mas recuerdos del pasado. Ahora estaba en su celda en Azkaban, condenada a 50 años; no creía durar tanto, menos lejos de los suyos.
Al menos estaba en paz con sigo misma, su hijo estaba libre y bien asegurado con barias fortunas en sus manos. Lucius y ella habían hecho un trato con el mismo ministro; darían todos los nombres de mortifagos que supieran, del mundo entero, a cambio de la libertad de uno; Draco Malfoy.

SombraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora