Disculpas

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Ya era fin de semana y la mañana era fresca, desde el cuarto adjunto de la enfermería se podían escuchar sólo las aves pasar por la ventana, quienes incluían a Azuré quien daba vueltas afuera. Un día hermoso para salir a pasear en los terrenos del colegio, o incluso un divertido paseo en Hogsmeade.

Pero Draco, Draco estaba en ese pequeño y tranquilo cuatro, apurado en una poción.
Sus manos se movían rápido, casi de memoria recitaba las instrucciones; Verter el hielo seco en agua pura de manantial y verter 5 gotas de sangre de dragón cuando saliese humo. Mezclar las cenizas de druida y los huesos de sapo quemados vertiendo sangre de dragón una y otra vez hasta que obtenga un color grisáceo...

La poción para heridas era de lo mas básico que pudiese hacer, pero ahora tenia que preparar bastante.
Hace una hora, un grupo de idiotas de primero se habían acercado al sauce boxeador sin saber del peligro que este era, y terminaron con bastantes rasguños, golpes y más.

— Necesito más. — hablo Madam Pomfrey al pasar por la puerta.

— Ya termine otro frasco, con ese van tres.

— Creo que sera suficiente con eso, solo faltan tres chicos en tratar.

— Entonces es todo por hoy.— respondió Draco empezando a ordenar el escritorio.

Tomo los instrumentos que necesitaba lavar y los llevo al pequeño lavabo del cuarto, era normal para él limpiar sin magia después de hacer una poción, Severus lo había acostumbrado.

— ¿Te a pasado algo Draco? — la medimaga se acercó a lado del chico — te vez más distraído de lo usual...

— No me pasa nada— contesto tangente.

— Si es algo malo, tendrás que hablar en algún momento— puede que Madam Pomfrey fuera una mujer amable, muy en el fondo, y se preocupara por los alumnos, pero no iba a andar con rodeos— se supone que estamos aquí para ayudar muchacho.

Draco no contesto. Tenia problemas, todos los tenían, eso era algo que sabia bien, pero él estaba siendo chantajeado por un cabrón malnacido. Había enviado una carta a Gringotts para la transferencia de oro, no supuso problema alguno, ya que era normal debido a los negocios que tenía que manejar, así que los duendes hicieron su trabajo sin errores. Durante varios días había esperado a que ese sujeto le pidiera más o le dijera algo de sus padres, pero este ni siquiera le volteaba a ver.
Pero las túnicas nuevas y zapatos de marca que el sujeto llevaba de pronto claro que llamaron la atención, Elferd se paseaba de lo lindo presumiendo sus nuevas posesiones.
Y él, sin poder hacer nada para hacerle frente.

Si tuviera la libertad suficiente ya sabría todo de Sebastian Elferd, desde la historia de su familia hasta lo que desayuno ese día en la mañana, pero no, era vigilado hasta su graduación y no podía comunicarse con nadie fuera del colegio. Hasta que saliera de ese lugar, estaba atado de manos. Y eso era lo que mas le jodia, porque la preocupación por sus padres iba en aumento, y el ministerio no podía saber de Elferd, sólo le quedaba pedir mas protección para sus padres aunque en eso se gastara parte de la fortuna familiar.

— Draco, puedes confiar en mi...

La mano de Madam Pomfrey estaba en su hombro, y le veía con preocupación. Él había estado tallando el mismo recipiente durante casi cinco minutos sin darse cuenta. Tal vez podía darse la oportunidad de confiar en ella, necesitaba hablar con alguien de todo lo que le estaba pasando, solo un poco.

— Yo...— tratando saliva que se había juntado en su boca, la miro directo a los ojos e intento no arrepentirse de hablar— el profes-

— Draco, pensé que no te alcanzaría...— la voz de Hermaione entrando al cuarto le detuvo de seguir hablando— Buenos días Madam Pomfrey.

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