Después de que mi hermana se fuera, Ross y yo nos sentamos bajo la sombra de un árbol.
No habíamos hablado en un buen rato, hasta que el dolor de mi hombro se hizo presente.
Me quejé mientras sobaba mi hombro, realmente no me dolía tanto como los días pasados.
-Hay Ana, ven.- Ross me atrajo hacia él.
Me comenzó a dar un masaje como la última vez.
¿Cómo es que lo hacia tan bien? Digo, hay personas que se dicen buenas dando masajes pero sólo terminan dejándote más a dolorido.
-Creo que tienes que ir al doctor.- decía mientras me masajeaba.
-No, ya se me pasará. ¡Hay!
-Perdón. Bueno, si no quieres ir al doctor, pues ponte esto.- dejó mi hombro y me paso una bolsita.
-¿Qué es esto?- tomé la bolsa.
-Una pomada. La compré ayer.- volvió al masaje.
-Ross no puedo...- traté de regresársela.
-Ana, acéptala. Yo te golpee y pues por eso te la compré.
-sonreí- Gracias Ross- voltee mi mirada a él.
Él me miro. Nos miramos. Un par de segundos.
Su mano abandonó mi hombro y viajo a mi mejilla. La acarició. Su dedo bajo a mi boca y recorrió la línea de mis labios.
Vi como sus ojos se entrecerraban y su rostro se iba acercando a mi.
¿Ese sería mi primer beso? Si.
Mis ojos se cerraron y sus labios rozaron los míos.
Se separó de mi y pensé que eso sería todo, pero no.
Sus labios se tocaron con los míos. Y entonces me comenzó a besar.
Primero fueron pequeños besos, lindos, tiernos y delicados.
Sólo se escuchaban las hojas de los árboles y pequeños chasquidos de los besos que nos dábamos.
Lo sentí sonreír en mis labios.
Después su frente se apoyó en la mía.
Otro beso.
Abrí mis ojos y el también.
Vi, que estaban llenos de emoción y me miraban con ternura, dulzura o... ¿Era amor?
Me puse colorada y se me salió una risita nerviosa. Desvíe mi mirada al frente.
Nos quedamos en silencio. Me toqué los labios y aún sentía esa presión que hacían sus labios.
Había dado mi primer beso.
Mi hermana había dicho que Ross quería algo más que amistad. ¿Sería verdad? Boba, me pateé mentalmente y me dije: Ana, te acaba de besar.
Me levanté del pasto, ya se hacía tarde y mi mamá me estaba esperando en la tienda de cosméticos.
Ross se levantó y caminó detrás de mi.
Deje de caminar y me giré para verlo.
Sus ojos se veían más verdes de lo normal.
-Ross, ya me tengo que ir. A sido todo muy lindo.
-¿Quieres que te lleve a tu casa?- se rascó la cabeza.
Recordé la primera vez que lo vi haciendo eso, fue el día de mi cumpleaños, el día en que nos conocimos.
-No, muchas gracias- pude ver un brillo de decepción en sus ojos- mi madre me esta esperando en la tienda de cosméticos.
-Bueno.- se cruzó de brazos
Nos quedamos en silencio de nuevo, pero no por mucho tiempo.
-Ana... Gracias por haber aceptado mi invitación.- metió sus manos en los bolsillos y se paró en sus talones.
-Gracias a ti por invitarme- le sonreír. Me acerque a él y le di un beso en la mejilla- adiós Ross.
Di media vuelta y me fui.
•
Llegue a mi casa y subí a mi habitación.
Al poco rato, Karen, mi madre, tocó la puerta.
La dejé entrar y se sentó en la cama.
-Ana, cuéntame. ¿Cómo te fue?- se escuchaba tan emocionada.
-Bien, supongo.
No debía contarle que me crucé con Alice. No, no debía.
-¿Cómo? ¿Tan mala fue la cita?- me acarició mi cabello.
-No. Fue muy lindo.- sonreí
-Anda cuéntame.- puso su mano en el pecho- Juro no decir nada a tu padre.- me miró.
-Bueno, primero me llevó a comer comida mexicana- me miró levantando una ceja- lo se, pero era un lugar muy lindo y tenía muy rica comida.
-Que bueno... Sigue, sigue.
-Después fuimos al parque y...-pensé en una mentira creíble para estos casos- compró unos helados. Caminamos y luego, nos sentamos debajo de un árbol. Platicamos, después me dio esto- saqué la pomada
-¿Una pomada?
-Si veras, últimamente me ha dolido el hombro derecho, entonces él me dio esto.
-Oww que considerado de su parte.
-Si- sonreí
-¿Y ya? ¿Eso fue todo?
-S-si.
-¿No te besó? O algo así.
Mis mejillas se encendieron. Y comencé a balbucear.
Karen entrecerró los ojos y me miró con un " Ya te pillé" en los ojos.
-Yo... Madre- comencé a balbucear.
-Ana tranquila no soy como tu padre. Me alegro por ti.- me sonrió.
Realmente amaba a Karen, ella nunca quiso ocupar el lugar de mi madre. Ella era mi amiga, la mejor y una madre para mi.
-Bueno, no te hagas y cuéntame como fue.- me picó el hombro izquierdo con su dedo.
-comencé a recordar lo sucedido- ¡Hay madre!- me tiré en la cama- fue... Hermoso. Divino.- suspiré- Realmente grandioso.
-¡Hay Ana me alegro mucho!
-Fue el mejor beso... Bueno es el primer beso que me han dado.- me reí.
-Bueno, lo importante es que te gusto. Mi primer beso fue con un niño que se le caía la baba de vez en cuando- se estremeció al recordarlo.
-Que asco...
Reímos juntas.
-Ana, te quiero dar algo.- sacó una bolsa pequeña y me la dio.
-¿Qué es esto?
-Ábrelo y verás.
Abrí la bolsa y traía una caja envuelta en papel rosa pastel con un moño morado.
La abrí y era un teléfono celular.
Mis ojos se hicieron como dos platos.
-Madre no debiste...
-Claro que si. Creo que ya tienes edad para usar uno.
-¿Mi padre lo sabe?- dije sacando el teléfono.
-Si, se lo comente por teléfono y bueno al principio, te voy a ser honesta, no quería pero lo convencí.
-¡Gracias!- la abracé muy fuerte.
-No te preocupes si crees que tu papá estará tratando de husmear en tu celular. Haz lo que quieras.
-Gracias.
•
El domingo me levanté algo temprano. Bueno tengo que decir que no pude dormir. Cada que cerraba mis ojos la escena de Ross donde se acercaba a mi, se repetía una y otra y otra vez.
Después de desayunar , hice toda la tarea que tenía pendiente. Terminé no muy tarde y Karen quiso que saliéramos de compras.
Me sentía fresca y bien así que dije "¿Por que no?".
Llegamos al centro comercial. Vagábamos de tienda en tienda. Eso fue algo que nunca pude hacer con mi madre biológica.
Karen me daba prendas y me ordenaba que fuera a probarme las. Eran faldas, suéteres, shorts o vestidos.
Compramos algunas de la aprendas y nos fuimos a la zapatería.
Karen buscaba unas sandalias para el verano, que ya estaba cerca.
Estaba viendo las zapatillas de tacón cuando alguien gritó mi nombre.
-¡Ana!
-Ray, ¿qué haces por acá? Es muy lindo verte - le sonreí.
-Mi padre, Ross y yo venimos a ver una película. Pero ya sabes como somos las mujeres, vemos algo lindo detrás de un vidrio y nos dice "Cómprame, cómprame" con ojos suplicantes.
-Si- reí.
-¿Y tú vienes sola o con algún galán?- me codeo e hizo caras.
-No- reí- vengo con mi madre.- le indique donde estaba.
-¡Ray!- la voz de alguien mayor se escuchó en la tienda.- Cariño, tu hermano y yo te estamos esperando.
-Pa' estoy acá- lo saludó.
-Oh Ana, que gusto verte- me dijo Albert dándome la mano.
-El gusto es mío señor- le sonreí.
-¿Estas sola?
-No. Mi madre esta por allá, viendo.
-Oh que bien. ¿Y tu padre? No lo he visto.
-Salió de viaje, de negocios...
-Vaya ¿que es lo que los distrae...?
La voz de Ross sonó en el local.
-Ana- atino a decirme.
-Hola Ross.- lo sudé con la mano.
Ross se rascó la nuca y después el cuello.
-Así esta desde ayer-me susurró Ray que esta a mi lado.
-¿Enserió?- susurre también.
-Si, ayer que llegó a la casa traía una sonrisa enorme y no le hacía caso a nadie.- se pego más a mi- ¿tú sabes por que?
Negué con la cabeza.
-Que lastima. Ese tonto no me quiere decir.- sus ojos se desviaron a unos zapatos-¡Mira papá!
Salió disparada con su padre.
Me mordí el labio.
Regrese con los zapatos.
-¿Cómo estas?
Ross estaba a mi lado.
-Bien y ¿tú?
-También, bien.- y otra vez se hizo el silencio.
Caminaba viendo los zapatos. Y él detrás mío.
-Ana, me preguntaba si podrías pasarme tu número telefónico- no me miro.
-Claro- sonreí
Le di mi número. Nos dimos unas miradas y después se marcho.
•
Ya en la noche, traía mi pijama puesta y estaba lista para dormir. Cuando un ruido sonó por toda la habitación.
Abrí los ojos. Me levanté y comencé a buscar la fuente del ruido.
"Ana,tu celular" mi conciencia me abofeteo.
Lo vi en el buró de a lado.
Vi la pantalla. Era un mensaje.
Era un número no registrado.
Abrí el mensaje.
"Hola, perdón si te despierto. Solo quería saber si te estas poniendo la pomada.
Soy Ross"
Hay pero que forma tan rara de comunicarse conmigo.
Le respondí el mensaje:
"Hola Ross, claro que si me la estoy poniendo. Ya me siento mejor. Gracias.
Tranquilo, no me despertaste."
Enviar.
Me recosté en mi cama con el celular en la mano.
Comenzó a vibrar y a sonar de nuevo.
"De nada. Recuerda que mañana iremos a ver las clases de teatro. Así qué prepárate.
Descansa."
Respondí:
"Gracias por recordármelo. Me prepararé (-:
Descansa igual. Nos vemos mañana"
Puse el celular en su lugar y me quedé dormida.
•
Me levanté a las siete. Me duche. Me vestí con un pantalón de mezclilla oscura y, como estaba nublado, unas botines negros.
Me coloque un suéter color gris.
Bajé y desayuné.
Karen ya estaba lista para irse al trabajo.
Subimos al auto y así me llevaron a la escuela.
Cuando llegué comenzó a llover.
Era el colmo, cerca del verano y hacia un frío de los diablos y para terminar llovía.
En el trayecto de la casa a la escuela, Karen me dio un gorro de lana y una chaqueta.
Entré al salón y varios compañeros ya habían llegado.
Me senté en mi banca.
El grupito de las "populares" se acercó a conversar por mi lugar.
-¿Hay Ross no es un bombón?- Taylor, la rubia falsa, era la cabeza del trío.
-¡Si!- contestaron las demás con voz chillona.
-Las exposiciones serán pronto y después el baile. Chicas, ¿con quien creen que Ross debería ir al baile?- pregunto tontamente.
-Contigo, sin duda.
"Que patéticas se ven" mi subconsciente se froto el tabique de la nariz, en señal de aburrimiento por todas las idioteces que decían esas ridículas rubias.
-Oh Ross.- los tacones de Taylor hicieron eco en el piso del salón.
-Oh hola...- se quedó callado, tal vez no sabía su nombre.
-Taylor. Taylor Steel.
-Ah si.- percibí su tono de "aja, si lo que digas"- Ana.
Se acerco a mi. Lo miré y por detrás de el pude ver a una Taylor indignada y furiosa.
-Hola Ross.- sonreí.
-¿Cómo sigues de tu hombro?
-Bien, ya mejor. Gracias.
-Me alegro. Cambiando de tema, mira lo que me encontré- de su mochila sacó mi suéter.
-¿Cómo? ¿Dónde?- tomé mi suéter.
-Estaba debajo del asiento del coche.
-¿Cómo no me di cuenta?- susurre- Gracias.
Ese día en el almuerzo, compramos unos emparedados y fuimos al teatro de la escuela.
Cuando llegamos, habían varias personas. El maestro estaba sentado en una de las butacas con una tabla llena de hojas en su regazo.
Nos acercamos a él.
-Señorita Rose- acomodo sus gafas antes de mirarme- nunca creí que usted pisaría esta sala.
-Pues ya ve que si.- sonreí
-¿Qué puedo hacer por ustedes?- acomodó sus hojas.
-Queremos entrar a las clases de teatro- dijo Ross.
-¿Usted quiere entrar a las clases, señorita Rose?- el profesor se quitó las gafas.
-Claro.- claro que no.
-Bueno, les comentaré, una vez que entras ya no puedes salir. Montamos una obra a mitad del semestre. Y a veces los maestros de otras materias suben puntos por tomar estas clases. ¿Entendido?- nos miró.
-Entendido- dijimos al mismo tiempo Ross y yo.
-De acuerdo. Las clases comienzan el jueves. Sólo daremos una pequeña introducción. Después eligiere la obra para montar y por último escogeremos a los protagonistas y todo eso.
-Okey profesor.
El profesor García, nos dio unas hojas, las contestamos y las entregamos.
Salimos del teatro y nos encontramos a Taylor y sus gemelas.
-Hola Ross. ¿Te meterás a clases de teatro?- enroscó patéticamente un mechón de cabello en su dedo.
-Si, Ana y yo.- me tomó del brazo y le sonrió, como diciéndoles "así que no me jodas más".
-Hay, no sabía que el teatro se había vuelto patético.- me barrió con la mirada.
-No sabía que supieras usar palabras como "patético" y "sabía" juntas en una oración.
-Mira, estú...- Taylor se iba a poner de agresiva.
-Hey Taylor, si haces esas caras te van a salir arrugas antes de los veinticinco.- se tocó su cara, me acerqué a ella- Iuh, ¿eso es un barro?
Taylor gritó y una de las gemelelas le pasó un espejo rápido y rápidamente se revisó su plástica cara.
Salí de ahí con Ross del brazo.
-Wow, nunca creí que dijeras ese tipo de cosas...- me dijo Ross
-La verdad es que si tenía un barro y va a ser muy grande.- me reí y Ross se río conmigo.
-Que asco.
-Ross, cambiando de tema. ¿Te puedo pedir un favor?
-Si claro, Ana.
-Por favor, no le digas a nadie que tengo una hermana.- me quería preguntar algo, pero antes de que eso sucediera...- Luego con un poco más de calma te cuento todo. Pero por favor no se lo digas a nadie.
-Esta bien.- asintió sin preguntarme más.
-Y tampoco le digas a nadie que...
-me interrumpió- Tranquila no le diré a nadie.
-Yo hablaré con mi padre y le contaré...
-puso su dedo en mi boca- Ana, esta bien. No quiero meterte en problemas.
Mi sonrisa estaba debajo de su dedo índice.
•
Estando en mi casa, decidí escribirle a mi madre.
En la carta le conté todo lo que paso en las vacaciones, el día de mi cumpleaños, hasta ayer.
Me emocioné tanto que incluso dejé unas palabras a la mitad.
Le conté que ya tenía celular e incluso le di mi número para que me llamara.
Me despedí diciéndole que la quería, la amaba y la adoraba mucho.
La metí en el sobre, escribo el remitente y todo lo que un carta necesita y la llevé al buzón de los vecinos.
Si mi padre veía el buzón lleno y se encontraba con esa carta, era mi perdición.
Cuando estaba terminando la tarea, mi celular sonó.
-¿Hola?- contesté.
-Hola, ¿ahí lavan ropa?- me dice un señor de voz muy chistosa.
-¿Lavar ropa? Pues si...
-JA JA JA JA PUES QUE... ¡ESPERA! Ana, arruinaste mi chiste.
-¿Ross?- me reí.
-No te rías.- fingió un tono enojado.
-Okey. ¿Qué paso?
-Ah es verdad, estaba viendo algunas obras de teatro en las que podías participar.
-¿Ah si? ¿Cómo cuales?- aguanté la risa.
-Tenemos, La Cenicienta, La Bella Durmiente, La Bella y la Bestia, Caperucita Roja...
-Aguarda, casi todas son de princesas.
-Si. ¿Es malo?
-No pero...- me quedé callada.
-¿Ana? Aaaaaanaaa.
-Ross me acabas de dar una idea.
-¿Enserio? ¿De qué se trata?
-Ya lo veras.
•
-¿Hiciste una obra de teatro?- me pregunta ojeando el montón de hojas.
-No está completa, pero si.
-¿Y de que trata o qué?
-No te diré.- le quité las hojas y las guarde en mi carpeta.
-¿Por qué?
-Porque aún no esta terminada- me levanté de la banca y salí del salón.
En el camino a la cafetería me encuentre a Ray. Esperamos a que Ross o algunas de las amigas de Ray apareciera, pero no había nadie.
Nos metimos a la fila y nos sentamos en una mesa.
-Ana, tengo que contarte algo.
-¿Qué es?- comí un trozo de pastel de carne.
-Averigüe algo de Andrew- se acercó más a mi y comiendo a susurrar- al parecer los chicos del equipo han estado haciendo apuestas típicas de "Si conquistas a tal, te damos tanto".
-Oh, entonces tú estas en esas.
-No sólo yo...- me miró- hasta tú.
Me atragante con el pastel y casi me ahogo.
-¿Yo?- tosí hasta que se me pasó.
-Bueno no estoy segura pero- se acercó más a mi- dicen que desde que Ross se junta contigo, te han visto cosas que antes no te veían.
Me quede pensando, ¿cosas que no me veían antes? Caí en la cuenta de que eran esas "cosas" y por impulso tape mis partes íntimas.
-Por el otro lado del mundo, Ross esta enamorado. Bueno, no así enamorado. Ósea le gusta una persona que no me quiere decir su nombre.- Ray dijo frustrada.
-¿Y por que te molesta eso?- le pregunté.
-Porque no quiero que se empareje con una estúpida plástica. Quiero que salga con alguien divertida, relajada... Como tú.- me dio una de sus grandes sonrisas.
-¿Cómo yo?
-Si. ¡Hay ojalá y no se empareje con una tonta!- dijo mirando al cielo.
•
El resto de la semana, trabaje en la obra de teatro. Me puse a leer varios libros que trataban de princesas y algunos de aventuras.
Quería que estuviera terminada para el jueves.
Estuvo lista para el miércoles en la noche.
Le conté a Karen de que trataba y ella me dijo que era muy divertida.
Mi padre, por otro lado, ya estaba en casa. Me quise armar de valor para contarle que vi a Alice... Pero no pude hacerlo.
•
El jueves en la escuela, le enseñe terminada la obra a Ross.
-Wow Ana, esta increíble.- me miró con un brillo de asombro en sus ojos, en esos hermosos ojos verdes.
-Gracia, se que no es una súper obra de teatro...
-No. Es mejor. Jamás pensé que alguien haría una mezcla de varias obras y cuentos.- sonrió- Yo, sin duda la iría a ver.
-Yo también- reímos juntos.
Las clases de teatro serían antes de la hora de la salida.
Ross y yo nos dirigimos a la sala.
Entramos y nos sentamos en las butacas.
El profesor García, dio una plática de lo que haríamos y bla bla bla.
La verdad no recuerdo nada de lo que dijo el profesor, estaba tan cansada, no había dormido bien por haber terminado la obra.
-Bueno, espero y tenga la cooperación de todos, para que la obra salga estupenda. Ahora pueden salir.
-Ana, vámonos.- Ross se levantó y me tendió la mano.
-¿Qué?- lo mire
-Ya se acabo la clase.
-¿Enserio?- tomé su mano y me levanté.- espera.
Fui a un lado del profesor que estaba acomodando sus cosas.
-¿Señor García?
-Ana, ¿qué puedo hacer por ti?
-Yo... quiero que lea esto- busqué en mi bolsa el montón de hojas y se lo di.
-¿Qué es esto?- dijo tomando el montón.
-Algo que escribí. Por favor léalo. Con permiso.
Salí de sala con Ross a un lado mío.
Recordé el auto de papá que espera por mi.
Me giré para ver a Ross.
-Ross ya me voy.
Me fui de ahí.
No se lo que me pasaba. Ross era muy lindo conmigo, incluso me había dado un beso. Pero ¿por qué? Ray me había dicho que el estaba enamorado, según ella.
•
Recibí una carta de mi madre. Decía que estaba muy contenta por mi. Y que sentía mucho no haberme dado un regalo por mi cumpleaños.
También dijo que la visitara una vez que haya salido de las garras de mi padre.
Cuando termine de leer la carta, la guarde en un cajón que tenía mi cama. Ahí estaban todas las cartas que mamá me había enviado.
Me recosté y pensé.
Recordé la vez que papá nos llevo a mi madre biológica, Alice y a mi de vacaciones.
Todos felices, llenos de amor, alegrías.
Pero unos meses después hubo un divorcio y una gran pelea por la custodia de nosotras.
Las lágrimas picaron en mis ojos. Quise pararlas pero no pude. Comenzaron a salir sin pedir permiso.
Mi celular comenzó a sonar. Contesté sin ver quien era.
-Bueno- dije
-Bueno, Ana, soy Ross.
-me limpié la nariz- Hola Ross, ¿qué sucede?- mi voz me temblaba.
-Ana, ¿esta todo bien?- Ross sonaba lleno de preocupación.
-Si, esta todo bien.- mi voz me delato.
-Ana... ¿Estas llorando?
Me quede callada. Más lágrimas salían de mis ojos.
-¿Ana? ¿Estas bien? Ana...
Cuelgue y me eche a llorar en la cama.
¿Por qué lloraba?
Por qué mi madre no estaba conmigo, mi hermana estaba pasando por momentos difíciles. Porque sabía que mi padre me estaba controlando la vida. Y finalmente porque me di cuenta que me había enamorado.
•
La mañana del viernes en la escuela estaba perdida y cansada.
No me pude sacar de la mente lo que había admitido.
Estaba enamorada.
-Ana, el director quiere verte- el profesor se sentó en su escritorio.
Me levanté de mi asiento y salí del salón.
-¿Quiere qué que?- dije sin entender
-No es nada, sólo quiero que me ayudes a organizar el baile.
-Pero...
-Ana tienes grandes ideas y siempre me ayudas con este tipo de cosas.
-Pero no se cómo organizar un baile.
-No pienso dejar que hagas todo tu sola, seguro encuentras a alguien que te ayude.
-suspiré- Muy bien, yo me encargo.
-Sabía que podía contar contigo.
•
-Quieres que te ayude a organizar el baile, ¿si entendí bien?- Ray estaba muy sorprendida por lo que le había pedido.
-Ray, por favor, no se cómo organizar un baile.- junté mis manos en forma de suplica.
-Ana, no se...
-Pero miren que bellezas tenemos aquí.- Andrew y su equipo de tontos se pararon justo enfrente de nosotras.
-¿Qué quieren?- pregunté fastidiada. Ese día no estaba saliendo muy lindo y eso me ponía de malas.
-¡Uyuyui! Salió agresiva- sonrió al igual que sus amigos.- Me gusta.
-Andrew, ¿qué se te ofrece?- Ray decidió hablar.
-Sólo quería saber si ¿quieren ir a una fiesta hoy en la noche?.
-No gracias.- dije.
-Oh nena, te vas a divertir.- se sentó a mi lado y sus amigos tomaron asiento.
-Si, no lo dudo- le sonreí con un toque de sarcasmo.
-Además nada malo les pasará, irán conmigo- se señalo. Pasó un brazo alrededor de mis hombros.
-Si, oye, ¿no deberían entrenar para poder ganar, ahora si, un campeonato?- sonreí al ver sus caras serias- Eso pensé. Ray, llámame luego y piensa lo que te dije.- quité su brazo y me levanté de mi silla.
-Un momento.- Andrew me jaló del brazo.- Anita, no te hagas la valiente porque no te queda.
-Andrew, no te hagas el deportista- jalé mi brazo- porque no te queda.
Me largue de la cafetería.
Sabía que Andrew estaría rojo de la ira y estaría planeando algo encontra mía.
Pero no me importo. Estaba frustrada.
¿Por qué a mi?
•
Estaba sentada en el jardín de la escuela terminando unos trabajos.
Ray me había dicho que si, que ella me daría algunas ideas para el baile y todo eso.
-¿Naranja?- Ross me dio un trozo de fruta.
-Gracias- lo tomé y me lo metí a la boca.
-Ana, ¿tu qué piensas de una persona que se va, te abandona, pero cuando estas en tu mejor momento, cuando las heridas que te ha dejado ya están casi cerradas; regresa?
-¿Que?- lo miré impresionada.
-Contéstame.- me miró.
-Pues... Yo creo que esa persona tiene envidia porque cree que al haber abandonado a una persona, su vida iba a ser grandiosa y la de la otra persona miserable. Pero le paso al revés... ¿Por qué?
-Suspiró- Mi madre regresó. Y ahora quiere "recuperar el tiempo perdido con nosotros"- simulo las comillas con sus dedos.
-Oh...- miré mis manos.
Silencio. Incómodo silencio.
-Ana, ¿por qué llorabas ayer?
-Yo no...
-No mientas, por favor.
-¿Por qué me preguntas eso?- abracé mis rodillas.
-Porque quiero saber...
-¿Y por que quieres saber?- mi tomo fue un tanto grosero. Lo miré.
-me miró- Porque... Porque me importas.- susurró.
-Ross...-yo no sabía que decir.
-Olvídalo Ana.
Se levantó y se fue.
¿Ese sería el final de nuestra amistad?
•••
¡QUEHONGO! PUES COMO PUEDEN VER LOS CAPÍTULOS SON ALGO LARGOS. POR F A V O R ! COMÉNTENME, VOTENLA O CALIFÍQUENLA YO QUE SE. SUS QUEJAS, SUGERENCIAS!
TAL VEZ ACTUALICE LOS CAPÍTULOS POR FALTAS ORTOGRÁFICAS O ALGO ASÍ.
G R A C I A S (:
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Una corta historia de amor (Sin Editar)
Historia CortaAna, relata la historia de dos jóvenes que luchan por estar juntos y ser felices. Es la típica historia de amor... ¿Pero que tan típica pudo ser?
