Paso un mes y mi padre no regreso.
Faltaban sólo unos días para el baile.
Ray estaba como loca cerciorando se de que todo estuviera perfecto.
Los ensayos de la obra iban muy bien.
Taylor quería ser Caperucita, pero resulto ser Dominica, la más apasionada de la clase.
El sobrino del lobo fue Edwin, un jugador de ajedrez, que resultó ser un gran actor.
El profesor, Ross y yo, nos encargamos de la escenografía, los vestuarios, de ver los ensayos y que todo estuviera bien.
•
Un sábado 15 de julio salí con Ross al parque.
El que mi padre no regresara de sus negocios me ponía algo feliz, claro que por otro lado no me alegraba tanto.
-¿Quieres un helado?- Ross me preguntó, cuando cruzamos con un carrito.
-Si, de vainilla.
-Me da un helado de vainilla y uno de chocolate, por favor.- le dijo al señor.
Pagó y seguimos caminando.
Íbamos tomados de las manos y meciamos los brazos a delante y atrás.
Lucíamos como una pareja de adolescentes enamorados.
Se sentó en el pasto y yo a un lado de él. Me recosté en su pecho y comí de mi helado.
-¿Cómo te puede gustar la vainilla?- me dijo metiendo su helado a la boca.
-Es rica- lo miré- ¿qué no te gusta?
-No. Prefiero el chocolate.
Me levanté de su pecho y lo miré.
Me reí.
-¿Qué tengo?- se tocó la cara.
-Nada, sólo que yo no creo que no te guste la vainilla.
-No es lo más sabroso del mundo.
-Claro que lo es.
-Claro que no.
-Que si.- lo miré desafiante.
-Que no.- se incorporó.
-Que si.
-Que no.
Y entonces le embarré helado en la cara. Me apresure a levantarme y a correr por mi vida.
-¡Ana, ven acá!- me gritaba mientras me perseguía.
-¡No!- corrí.
-¡Te voy a atrapar!
Corrí lo más rápido que pude.
Me detuve en un bote de basura y tire la servilleta que traía mi helado.
Creí que Ross se había quedado atrás. Recuperé airé y me tranquilice.
-¡Te tengo!
Unos brazos me alzaron con mucha rapidez.
Estaba en la típica posición de las princesas.
-¡Bájame!- le pedía.
-Me dejaste la cara pegajosa- le toqué la mejilla y si estaba pegajosa.
-Era para que te gustara la vainilla, Ross bájame.- le hice cara de perrito.
-A-ah conozco esa cara y no.- me alzó en sus brazos para acomodarse mejor, me asusté y me aferré a su cuello.
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Una corta historia de amor (Sin Editar)
Historia CortaAna, relata la historia de dos jóvenes que luchan por estar juntos y ser felices. Es la típica historia de amor... ¿Pero que tan típica pudo ser?
