La lluvia se había detenido al caer el sol. Ahora solo quedaba el aliento helado del viento soplando sobre las calles húmedas. Más allá de una que otra sirena escuchándose a lo lejos, la noche estaba tranquila. Sumida en tranquilidad. Al igual que Sasha, que dormía apaciblemente a su lado. Sus lágrimas, como la lluvia, habían cesado hace mucho.
Abrazó a la chica semidesnuda que se acurrucaba como un gato a su lado. Inspiró profundo y rememoró los sucesos de la tarde anterior.
Tras haberse lanzado a un rio que estaba cerca de desbocarse y salvar la vida de un sujeto que tal vez sabía nadar muy bien, se encontró a Sasha llorando sobre la húmeda acera mientras sus lágrimas se mezclaban con la lluvia.
Él había recogido el paraguas del suelo y se las arregló para sostenerlo sobre ambos mientras la sostenía entre sus brazos. Roku se había mantenido en silencio y al margen de su situación, dejando que él tomara las riendas del asunto.
Mentirle a Sasha fue la mejor decisión que pudo tomar.
Al decirle que Roku intencionalmente se había lanzado hacia atrás y había caído por su propia estupidez —o por su propio peso, es igual—, Sasha reemplazó la desesperación que la dominaba por un enojo nervioso que le hizo volver a abofetear a Roku. Aunque después continuó llorando.
El chico, que además de haber visto la luz al final del túnel, recibió el golpe estoico y apenas pudo fingir una ligera sonrisa. El ojeroso sujeto no se quejaba demasiado por casi haber muerto debido a que básicamente había logrado su cometido de llevar a Sasha a su límite.
«Ryu no mentía». Le sorprendía saber que no lo había hecho. Cuando su gordo amigo le dijo que Sasha podía ser una chica dulce y tierna, esperaba que fuera un comentario cuyo único propósito era decir algo positivo sobre ella en medio de lo mal que la estaba dejando.
Por desgracia para Sasha, la caída de Roku fue el suceso que provocó la pérdida de su máscara. Después de que ambos la hubieran visto en su estado más vulnerable se sintió con la obligación de dejar de fingir. Simplemente, el aspecto fuerte y seguro, aunque real, no era una faceta que pudiera seguir manteniendo.
Tal vez, no quería seguir haciéndolo. Aunque era sorprendente que tuviera que atentar a la vida de otra persona para que mostrara ese lado suyo.
Sin embargo, en las pocas horas que pasó con ella antes y después de reunir a Roku con su antigua novia, se dio cuenta de que realmente lo había valido.
Algo había cambiado, no sabía muy bien qué, pero por alguna razón sintió que la chica que le tomaba la mano mientras caminaban empapados no era la misma persona que había conocido en los callejones tras el restaurante.
Su sonrisa parecía más sincera, sus ojos parecían más trasparentes, incluso el beso que le robó en cuanto llegaron al penthouse pareció trasmitirle ese sentimiento que ella le tenía.
A él lo que más le sorprendió no fue el repentino beso, sino lo que reaccionó a hacer cuando se lo dio.
A pesar de que había entrado en sus jardines prohibidos más de una vez y lo había disfrutado carnalmente hablando, la hipocresía masculina y los sentimientos que tenía reservados para Marina le dictaban que no podía sentir nada por la chica que, al fin y al cabo, consideraba un problema a eliminar.
Se estaba dejando llevar.
Respiró profundamente en su cama y decidió que no era momento de confundirse.
Sí... la noche estaba tranquila e iba a seguir de esa manera hasta que amaneciese. Sonrió amargamente para sí mismo y cerró los ojos, esperando que terminase pronto.
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Yandere Imouto
JugendliteraturCierto viernes trece, el terror y la miseria se apoderaron de su ser. Pero no como en la saga de películas. Su novia sólo había terminado con él, el asunto fue mucho más mundano y menos interesante que un psicópata con máscara de hockey y un machete...
