15. Resfriado

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Entro a la habitación, directo a abrazar a mi hermana. Segundos después, entra mi padre.

— ¿Qué te pasó? – le pregunto a Kenya, que está recargada sobre mi pecho.

— Una roca me golpeó en la cabeza – dice despreocupada, haciendo puños con las manos, como si eso fuera lo más normal del mundo –, sangré mucho y el doctor me cosió con una aguja.

— ¿Pero ya estás bien?

— Sí, no dolió ni un poquito – dice sonriendo.

— ¡Qué valiente eres! – le devuelvo la sonrisa – Me alegro de que estén bien, estaba muy preocupado por ustedes.

Mi padre también se acerca a Kenya, le toma la mano y se inclina para darle un beso en la mejilla.

— Estábamos muy preocupados – interrumpe papá –, se suponía que estarían con nosotros desde temprano.

— Sí, eso se suponía – responde mi madre, se pone de pie, al igual que mi padre y le da un beso suave en los labios, él la toma por la cintura. Ambos vuelven a sus lugares.

— ¿Qué pasó entonces? – pregunta mi padre, se cruza de brazos y se recarga en la puerta.

— Esos hombres nos subieron a la ambulancia, yo no sabía que estaba ocurriendo, después me explicaron que tú les diste órdenes de llevarnos y confié en ellos – el tono de voz de mi madre es algo frío –, después pasamos cerca de una manifestación en la ciudad, y en cuanto esas personas vieron la ambulancia, se nos echaron encima, golpeaban los vidrios de las ventanas, pateaban las puertas y otros nos lanzaron rocas – los ojos de mi madre se posan en mi padre y después en mi –, yo no entendí por qué hacían eso. Por suerte, logramos escapar, pero lanzaron una última roca y esa fue la que golpeó a Kenya – mamá toma la mano de mi hermana –. Los paramédicos la atendieron, pero dijeron que sería mejor traerla al refugio para que recibiera más ayuda, pues había perdido mucha sangre, y pues, estamos aquí.

— Lo importante es que están bien – dice papá –. No hay tiempo que perder, debemos irnos ya, antes de que empeore.

— ¿A dónde iremos papi? – dice mi hermana, con una cara asustada.

— Oh – se acerca a Kenya –, vamos a ir a otro lugar, con un doctor para que te revise la cabeza.

— Pero el doctor ya me revisó y dice que estoy bien.

— Sí, pero también debemos llevar a tu hermano a que le curen la herida en su ceja.

— ¿Cole también se lastimó?

— Sí Kenya – intervengo, señalando mi herida –, el doctor me tiene que quitar esto.

— ¿Tienes ahí un hilo? – pregunta asombrada, con la boca en forma de O y los ojos muy abiertos, se acerca a mí para observar mejor mi herida —. Te pareces al Señor Gomi, cuando mamá le cosió la mano porque Zizu se la había arrancado.

El "Señor Gomi" es su oso de peluche favorito, aún recuerdo ese día cuando Zizu le mordía la mano y Kenya jalaba del otro, la mascota tiró tan fuerte que se la arrancó y huyó con ella, fue realmente gracioso.

— Tu también debes tener hilos en la cabeza, ahora somos... ¡los hermanos Gomi!– le hago cosquillas en el estomago y ella patalea y suelta unas carcajadas.

Las Armas de DiosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora