Gini estaba sentada en la escalera que daba a la biblioteca, confusa por lo que acababa de ver y más aún, por la nota que había recibido antes. Si el chico de las notas resultaba ser Anthony ¿Qué haría ella? Claro que le gustaba recibir las notas, y claro que le agradaba Anthony, pero... ¿Qué esperaría él de ella? Y ¿Qué estaría dispuesta a darle ella?
Si Anthony era el chico dulce y paciente que ella conocía a través de las notas no le molestaría esperar un poco más ¿no? El Anthony que conocía en persona era un chico agradable, amable, gracioso y atento. El chico de las notas era dulce, amable también y atento... ¿Qué diferencia había? Simple, que ella se había hecho la ilusión de que ese chico que se fijaba en ella, el chico que la observaba, fuese Germán.
Ella había soñado cada día con que Germán le confesara que era él, que no podía dejar de mirarla y que al contrario de lo que ella creía, él la veía más allá de su timidez, de sus pecas y de sus escasos 1,55 metros. Lógicamente, sabía que eso era casi imposible, pero una chica tiene derecho a soñar ¿no?
Se armó de valor entonces y entró de vuelta a la biblioteca, pasó de largo a la señora Gómez y se sentó junto a Anthony.
-Hola –dijo él tímidamente guardando su cuaderno en la mochila.
-Hola –respondió ella debatiéndose entre preguntarle directamente o con alguna indirecta si él era el chico que la observaba. Si le preguntaba directamente y él no lo fuera no entendería de lo que le hablaba y ella se pondría en ridículo frente al único chico que le había hablado por voluntad propia en toda su vida y que además era su amigo.
-Eeem –dijo ella mirando en dirección al cuaderno dentro de la mochila- Levanté la mirada y te vi observándome... ¿Qué estabas escribiendo? –soltó atropelladamente reprimiendo las ganas de meter su cara en un agujero en la tierra como un avestruz.
-Oh, ya sabes, tarea, cosas de la universidad, anotaciones –dijo el con una risa nerviosa.
-¿De verdad? –preguntó ella con una chispa de esperanza encendiéndose en su interior.
-Soy un mentiroso terrible ¿verdad? –Preguntó él rindiéndose al final –estaba escribiendo algo para ti –le dijo con una sonrisa de disculpa en el rostro.
-¿Para mí? –preguntó Gini, su corazón latiendo a mil por hora.
-Sí, pero si no te ofende, ahora que estás aquí quiero decírtelo de frente.
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Querido Germán
Historia CortaQuerido German: No es la primera vez que te escribo una nota sin entregártela, pero es la primera vez que decido que no la tiraré a la basura. Probablemente la guarde en un lugar donde mi hermano no pueda encontrarla ya que al parecer, el cesto de l...
