CINCUENTA Y OCHO

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Querido Germán:

Hoy en el recreo te acercaste a hablarme para preguntarme si ya me había terminado el libro, te dije la verdad, que es un libro tan genial que no lo quiero terminar todavía y tú solo sonreíste, luego tu cara cambió de una sonrisa a una mueca y tus orejas se pusieron rojas cuando Anthony se inclinó a darme un beso en la mejilla y me dijo "Muero de ganas de que sea viernes" para luego ir junto a sus amigos.

Mi cara se sentía tan caliente que creí que me saldrían humos de las orejas y no supe que decirte para excusarme.

No sé si estoy en lo correcto, pero creo que eso te molestó.

Atte.

Gini

Querido GermánDonde viven las historias. Descúbrelo ahora