Hacían más de dos semanas que Gini no escribía una sola nota para Germán, no podía, eso se sentía demasiado como una traición y Anthony no se lo merecía.
Anthony era sin duda alguna el mejor novio del mundo. Gini nunca se aburría con él. Su familia lo adoraba, se pasaba los días enviándole mensajes tiernos, dándole los buenos días, le compraba el almuerzo y se comportaba como todo un caballero abriéndole la puerta para que pase, retirando la silla para que ella pudiera sentarse y ¿lo mejor de todo? Le había comprado dos libros en una feria a la que fueron juntos.
Gini no podía desear nada mejor y en serio, en serio, no había pensado tanto en Germán estos días. Anthony llenaba cada espacio en su mente y siendo tan dulce Gini no podía más que quererlo y de verdad lo quería, tal vez aun no tanto como se supone que deberías amar a un novio pero a este paso Gini no dudaba que eso sucedería, tenía que suceder ¿cierto?
Y aquí estaba de nuevo, después de dos de las mejores semanas de su vida adolescente, esperando al chico que no la había mirado nunca de la forma en la que ella deseaba, sintiendo ansias por la anticipación de verlo y hablar con él.
Definitivamente, Gini necesitaba que le den una bofetada tamaño Hagrid para reaccionar, ella no podía ser tan Marcie Millar para hacerle esto a Anthony. Pero no estaba haciendo nada malo ¿verdad? Era una simple reunión de estudio, nada más que eso.
Gini estuvo repitiéndoselo a si misma hasta que sonó el timbre y su estúpido corazón desobediente se puso a latir alocadamente en su pecho de vuelta.

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Querido Germán
Short StoryQuerido German: No es la primera vez que te escribo una nota sin entregártela, pero es la primera vez que decido que no la tiraré a la basura. Probablemente la guarde en un lugar donde mi hermano no pueda encontrarla ya que al parecer, el cesto de l...