Capítulo 2

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"Distancia"

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"Distancia"

Habían pasado semanas que no tenía ningún contacto con fantasmas. No hablaba con ninguno ni menos los veía. Tenía que seguir mi vida sin ellos, no me daban miedo ni nada, pero últimamente sí. Era como si todo estaba en sentido contrario, no quería saber nada de ellos y este era un punto a favor. A pesar de que viviera con algunos, me mantenía ocupada todo el día hasta que estaba cansada y sólo me iba a dormir. No comía y mi estómago no rugía. Todo estaba extraño, mis padres no me obligaban a comer, estaba tan ocupados como yo que los platos que antes habíamos ocupado seguían en el lavaplatos.

Me encontraba bajo un árbol muy grande, el verano aún estaba presente, pero no se sentía, tenía frío y por fin el hambre me invadió. No sólo me mantenía ocupada, más bien alejada de aquella casa. De aquel fantasma extraño llamado Matthew. A decir verdad, cuando estaba cerca o dentro de esa casa no los sentía. Y una pregunta siempre me invadía.

¿Se habrán ido?

Me paré del frío suelo, me sacudí y fijé rumbo hasta mi nueva casa. Con cada paso que daba más hambre tenía. Los días sin comer al parecer se habían acumulado. Nunca en mi vida había tenido tanta hambre como en este preciso momento. Estaba realmente entretenida bajo ese árbol imaginando miles de cosas. E incluso pasó por mi cabeza cómo sería si mi vida fuera normal. Completamente normal. Sin ver fantasmas, sin hablar con ellos, ni menos que me buscaran. Yo estaba entre los dos mundos, podía pasar el velo cuando quería. Pero a pesar de todo eso, nunca me imaginé tocando a un fantasma como lo había hecho con Matthew. Pero a decir verdad fue él quien me tocó. Ya me lo había explicado, pero al parecer aún estaba procesándolo.

Abrí la puerta de casa, todo estaba callado, me sentí extraña al no oír nada. No sentía a nadie cerca, mi vista estaba fija en la nevera, al estar frente a ella la abrí, pero no había comida. Enrabiada, la cerré bruscamente y salí de casa nuevamente. Tenía hambre y no me quedaría sin comer.

Había decidido ir al pueblo a comprar cosas para comer. No había duda alguna que a mis padres se le olvidara comprar las cosas. Estaba encerrados en su mundo y a mi parecer ni se acordaban que tenían una hija. Pero no me quejaba, tampoco me hacia notar. Y nunca le dí tanta importancia a aquello hasta ahora. Que necesitaba su atención. No quería morir, ni menos de hambre.

En esta semana sólo estaban metidos en muchos papeles y aparatos extraños. No comprendía en qué trabajaban pero Damián me mantenía al tanto.

Al llegar a un supermercado, me percaté de que no había traído dinero alguno. Pero me quedaban 5 dólares de la semana pasada. Seguí caminando y una tienda llamó mi atención. Tenía vitrinas en las cuales habían cabezas de muñecas, eran de porcelana. parecían tan delicadas que con tan sólo tocarlas se romperían. Cuando entré hice sonar una campanilla. Típicas de una película de terror en donde la niña era curiosa y al final, moría sin piedad alguna. Ni al pensar en eso me detuve, seguí observando todos los objetos que habían dentro.

Amor Tardío © Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora