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"Nada"
Él
Ni rastro de Sam.
Ni una llamada.
Nada.
Me estaba empezando a preocupar, dijo que estaría en mi casa en cuestión de minutos, pero habían pasado horas, la llamaba y no contestaba. ¿Le habría pasado algo o cambió de opinión?
¿La esperaba o la buscaba?
Opté por lo segundo.
Abrí la puerta y me encontré con el rostro agitado de Sheldon.
-Se la ha llevado -Susurró, tratando de calmar su respiración.
Me tensé y todos mis sentidos se pusieron en alerta. Estaba en peligro, debí haberla buscado cuando mi madre apareció, ya era tarde, ella ya la tenía.
- ¿Y me dices ahora? ¡Han pasado horas! -Le grité enojado, pero el miedo de que le pasase algo era más fuerte -. ¿Sabes a dónde se la llevó? ¿O en dónde?
-Corrí toda la ciudad, vives muy lejos -Respiró profundamente -. No sabía que era ella hasta que partió rápido, ahí sentí su energía tan... Dios, me dio miedo. Está llena de odio.
- ¿Un demonio diciendo dios? -Pregunté con ironía, Distrayéndome -. ¿En dónde se la llevó?
-En un taxi, nos había visto besándonos, enojada se iba a ir y llegó el novio de Brogan, me sentí feliz y...
-Al grano -Pedí.
-Claro, claro -Continuó -. Mintió por Brogan y esta la interrumpió, le dijo a su novio que le estaba siendo infiel conmigo. Ahí me agarró del brazo y los dejamos solos, bajó decidida a irse, le dije algo y ella me ignoró y paró el taxi, este arrancó apenas Sam cerró la puerta y ahí entendí. Nadie parte así de rápido, de seguro sabía que estaba ahí.
- ¿Qué le dijiste?
-Que era buena amiga, mentir por quien te miente.
De verdad era buena amiga.
- ¿Cómo la vamos a encontrar? -Pregunté tirándome el pelo preocupado. Mi madre sabía esconderse muy bien y quizá qué cosas le haría a mi pobre Sam. Ella no tenía nada que ver. Por lo que sabía, perdió la memoria y de ahí no podía ver mi hablar con muertos, no entendía nada, no entendía qué quería mi madre de ella.
-Primero que nada -Se enderezó -. Tienes que contarme todo lo que sabes, debe haber una razón por lo cual la quiere.
Le hice un ademán con la cabeza para que pasase, entró y cerró la puerta detrás de él. Caminamos en silencio hasta la sala de estar, se sentó en el sofá y yo frente a él.
-Sam llegó a mi antigua casa cuando tenía 17 años más o menos.
- ¿Ahí te enamoraste de ella? -Preguntó interrumpiéndome.
-No sabía que estaba enamorado de ella hasta el día en que me atravesó, como si no me viese.
Al recordar ese día me invadía la nostalgia, el no aprovecharla y me arrepentía, todo pasó en tan poco tiempo y ya habían pasado años de mi enamoramiento. No renunciaría a ella. Nunca.
-Si mal no recuerdo, tú estabas muerto, ella no podía verte.
Lo que dijo me sorprendió que no supiera el por qué Sam podía verme, creía que él estaba informado.
-Ella tenía un Don -Hice una pausa, recordando aquel día en el cual me vio por primera vez, sorprendiéndome -. Podía ver y hablar con los muertos.
Abrió los ojos sorprendido por mis palabras. Al notar su expresión, aseguró que no sabía nada al respecto de Sam.
-Ella era el ancla hasta que mi madre provocó un accidente, y le borró la memoria, de ahí en adelante no pide ver ni hablar más con los muertos. Lo que averigüé se eso fue que mientras ella no vulva a recordar, las almas vagarán por el mundo, es un caos, no saben qué hacer, a dónde ir. Si ella recupera la memoria, las almas la sentirán e irán por ella. Lo que quiere mi madre es desconocido para mí.
-Creo que tengo mi teoría -Entrecerró los ojos, pensativo -. Si ella no recuerda no puede ver ni oír a los muertos, las almas no pasan al otro lado y se acumulan aquí -Hizo una pausa, en la cual sólo me dedique a asentir -... Tu madre la quiere para hacerla recordar, así las almas la sentirán y e irán por ella, pasando al otro lado, tu madre quiere estar ahí, para impedir eso y hacer algo más...
-Quiere un ejército -Solté, mirando a la nada perdido entre mis pensamientos.
- ¿Un ejército de almas? -Preguntó divertido.
-No... Quiere apoderarse de las almas, sólo así se volverá más fuerte y podrá entrar al infierno a hacer de las suyas quién sabe qué.
-Quiere abrir el infierno con la fuerza acumulada...
Recordé cada palabra de mi padre, me contó un poco de los planes de mi madre, sin ser exacto, pero fue más que suficiente para entender el por qué quería a Sam.
-Quiere abrir el infierno, sólo así caerá el velo.
-Ahora entiendo el por qué asesinó a su familia...
-Una alma llena de violencia va al infierno, pero ella tenía algo pendiente que se lo impidió, devolverle la memoria a Sam, y así llevaría a cabo su plan -Suspiré -. Había pensado en todo, primero nos mató para llenarse de violencia y odio, y así atrayendo a los padres de la única chica capas de ser el Ancla, le borró la memoria para acumular almas... Ahora la tiene para devolverle la memoria y abrir el infierno.
-Y Sam es la llave.
-Hay que encontrarla -Susurré.
Él sólo asintió.
Se levantó del sofá e hice lo mismo, caminamos hacia la puerta y salimos, nos subimos a mi camioneta, claro él conducía. No importaba que yo era un demonio, temblaba por lo más importante para mí; La vida de Sam.
Condujo por callejones oscuros, llevándome a un edificio abandonado, o por fuera parecía así. Paró el auto y bajamos, entramos y mis ojos sólo se dedicaron a admirar tal belleza. Todo estaba en orden, cuadros del infierno adornaban las paredes rojizas, por dentro parecía un hotel, y por el aspecto sólo era para demonios. Los demonios de Sheldon.
Subimos la por la amplia escalera, sus escalones estaba cubiertos por una alfombra roja. Al llegar al segundo piso era un largo pasillo, lleno de puertas, suponiendo que era habitaciones. A la tercera puerta del lado derecho, tocó.
La puerta se abrió dejando ver a Baldomiere, Un Íncubo, el más fuerte de los que habían.
-Necesito que hallen a la chica de Matthew -Le Dijo Sheldon a este, él sólo asintió y volvió a cerrar la puerta.
- ¿Y ahora qué? -Pregunté mirándolo.
-Él sabe como encontrar a la chica de un demonio, y dando que tú no eres uno cualquiera es más fácil, ellos la encontrarán y la llevarán contigo, ahora debemos irnos a tu casa.
Se dio media vuelta dirigiéndose hacia las escaleras, seguido de mi, confundido y temerario.
Volvió a subir al auto, al volante, Fruncí mi ceño por su indebida confianza, pero le reste importancia.