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"No"
—No fue tu culpa —Seguía insistiendo Matthew —. Desde el primer momento en el cual tú cruzaste esa puerta —Señaló la puerta del patio delantero —, ella sintió tu presencia.
Estaba tan entusiasmada por abrir esa puerta, y al momento de conseguirlo, me arrepentí. Todo parecía haber sido sacando de una película de terror de los 80's. Estaba en una guerra con la lógica y la fantasía, pero la fantasía estaba ganando. Tampoco había una explicación lógica del por qué aquella mujer estaba encerrada en esa habitación. Se suponía que no debería estar aquí. La liberé, y Matthew trataba de no culparme, pero algo me decía que en el fondo admitía que fue mi culpa, todo fue culpa mía. No debí llegar a esta casa, ni debí intentar abrir esa puta puerta. Es más, no debí intentar nada. Debía fingir ser una estatua, y así nada de lo que estaba pasando, pasaría.
Miré mis pies descalzos, estaban helados y ya casi ni los sentía. Mis padres habían salida temprano, no tenían ni la menor idea de lo que había pasado. U así lo quería. No quería que se enteraran de que su quería hija había liberado a un demonio —Porque lo era —, Un demonio completamente fuerte. Y nada más y nada menos que la madre de Matthew. A eso también se debían porque Matthew y su familia seguían rondando. Eran una especie de guardianes. Pero Matthew era algo diferente, el cual no estaba dispuesto a decirme. Aún.
—De todos modos, no debí abrirla —Lo miré a lo ojos y un cosquilleo en mi estómago me incomodó —. Si tan sólo me hubieras dicho, no lo hubiera hecho.
Y en estaba en lo cierto, si tan sólo me hubiera advertido, hubiera matado la curiosidad. Que con tanto secreto sólo logró alimentarla. Y así me mandé una mala decisión. Y ahora, un demonio está suelto, planeando tal vez su venganza. Eso me ponía los pelos de punta.
—Tienes razón —Suspiró —. Nada de esto hubiera pasado si desde un principio te lo hubiéramos dicho y no ocultado. En parte; nosotros también tenemos la culpa.
— ¿No hay ninguna manera de volverla a encerrar? —Pregunté.
—No.
Con esa respuesta no quedé del todo conforme, tenía que haber una manera de volverla a encerrar, no podía estar por ahí asiendo quien sabe qué. Y más si mis padres estaban viviendo aquí. Era una asesina y debía estar encerrada. Haría lo posible por ayudar y mantener las manos bien alejadas de todo peligro, o sin siquiera provocarlo. Era el desastre en persona, y todo eso me carcomía.
— Podríamos planear algo... —Me interrumpió.
—No —Se paró del sofá —. Tú estarás lo más alejada posible de ella. No dejaré que te ponga una mano encima por mi culpa —Dijo molesto con ambas manos en la cara. Exasperado.
—No es tu culpa —Susurré —. Es mía —Insistí —. No debí... ¡No debí meter mis manos ahí por más que quisiera! —Enfurecí conmigo misma —. ¡Me lo advirtieron y no hice caso alguno!