Capítulo 19

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Contrarreloj

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Contrarreloj

Él

Besé a Sam por última vez en los labios, con desesperación y nostalgia de enamorado. Se separó de mi con los ojos cerrados. Para darme un beso en la mejilla duradero. Abrió los ojos mirando hacia los míos, los ella estaban húmedos mientras que los míos sólo demostraban dolor. Dolor porque la chica que amaba se iba de mis brazos, para huir y estar en los de otro.

—Te amo Matthew. Jamás lo olvides —Me dedicó una sonrisa triste.

—Sam... Esperame en el auto. Tengo que hablar con Matthew —Habló Federico con voz apagada. Sam asintió sin dejar mis ojos, que, cuando ella se alejó, los cerré. No quería ver como ella se iba alejando lentamente, aunque sí lo podía sentir. Se llevaba toda pequeña gota de felicidad con ella, cuando ella era mi océano.

—Te mentí, sí. No me acerqué a Brogan porque ella tuviera una hermana. Me acerqué a ella por Sam, fue mi único objetivo desde que llegué a la ciudad —Aclaró.

—Estás enamorado de ella, ¿Verdad?

No quería oír la respuesta porque ya la sabía. Pero mi lado masoquista quería oírlo salir de su boca.

—Sí, estoy enamorado de ella y es por eso que la cuidé siempre, y no es un amor egoísta. La traje a los brazos del hombre que ella ama, sabiendo que jamás me amará a mí.

Lo último no me lo creí, sabía perfectamente que él haría todo lo posible para enamorarla, más cuando ella necesitaba consuelo de estar lejos de quien ama, las mujeres se enamoran de otros en momentos de debilidad; porque son más vulnerables.

Solté una carcajada irónica.

—Adiós, hermano —Dijo sin una pizca de humor, sino con amargura.

Lo seguí con la mierda, subió al auto y arrancó, miré por última vez los ojos de Sam, haya que el auto se perdió a la distancia.

Perdí la noción del tiempo, todo estaba más oscuro, callado, podía imaginarme el frío que me abrazaba, ya que era lo único que lo hacía. La Valdez que tenía, se fue, es esfumó. Si mi corazón estaba ahí, en su lugar... Ya se hubiera hecho añicos. Los demonios también sufren.

Entré a casa totalmente perdido, y de verdad lo que estaba, tenía un propósito en convertirme demonio, pensado que esa sería una posibilidad de estar con quien amaba, y ahí mi ilusión, la cruel vida se llevó toda pizca de esperanza con el ángel, quien sólo guardaba mi alma.

«mi alma es tuya, Sam» repetí en mente. Decaído. Sin ánimos fue directamente a mi propio bar, al cual no había entrado más de cinco veces, todas y cada una de las razones para embriagar me se debían a Sam, la chica que me hacía mal y bien. Tomé una botella de Bourbon, nueva... Una de las que tenía. La abrí y bebí un poco, así hasta emborracharme, aunque no fue suficiente para olvidar el por qué lo hacía.

Como si fuera poco, me invadieron todos los recuerdos buenos con ella, haciendo que mis mejillas se mojaran por mis lágrimas. Tiré la botella con todas mis fuerzas hacia la pared, el gran impacto hizo que se rompiera, y el poco obtenido que tenía en ella fue a parar en el piso, con los cristales rotos. Sin antes dejar un río en la pared.

Rompí, tiré, todo lo que estaba en esa habitación, me dejé caer la barra totalmente desostrazo.

—Pareces... No tengo palabras para decirlo, nunca creí que la amaras tanto.

La odiosa voz de Jamie hizo que me recompusiera, la rabia me dominaba y de por sí, quería matarlo aunque ya estuviera muerto.

—Lamento informante que ya me enteré del estúpido plan de tu maldita madre, lástima, Federico no la quiere contigo. La prefiere muerta, y la muy estúpida de tu novia, o lo que sea va junto a él a su propia tumba.

La impotencia y la preocupación hicieron que mi boca se abriera.

— ¿De-de qué estás hablando? —tartamudeé confundido. El miedo fue suficiente para aterrizar. Sin duda alguna ya no estaba ebrio.

—Sheldon no es más que una pantalla, sabe elegir el lado correcto. Digamos que... Me ha estado informado de cada paso de tu amada, sin dejar a un lado a tu madre. Son ambas igual de estúpidas.

Ya estaba muy confundido, mi madre podía ser la peor de todas pero nunca sería estúpida, algo no calzaba bien...

—Sheldon la ama al igual que yo —dudé al decir eso, esperaba no haber metido la pata. Podía ser otro engaño de Sheldon, no estaba demás asegurarme.

—Puede que la ame puede que no —dijo, meneando la cabeza para ambos lados al compás de sus palabras, como si bailase —... Sheldon no es tonto, sabe hacer muy bien su papel. Agradece que te di el día, pudiste hacer lo que quisieras con ella, es hora de decirle adiós a esa desgraciada ancla. Mírate, un demonio poderoso pareciendo patético amándola.

Mi puño impactó en su mandíbula con fuerza, abrió la boca, río mientras sangraba. Le había roto el labio inferior. Sin duda eso quería, provocarme.

—Eres un —callé, los insultos no le afectarían en lo más mínimo —... No eres nada.

Frunció su entrecejo verdaderamente exasperado. Y entonces me di cuenta...

Estaba distrayéndome.

— ¡Maldito infeliz! —grité, pasé por su lado corriendo y lo empujé con mi hombro, pude oír su maldita risa a mis eslpadas. Sólo de inmutó.

Corrí lo más fuerte que pude hasta mi auto, para mi desgracia los neumáticos estaban pinchados, y no poseía el don de teletransportarme. Já.

Todo estaba bien planeado.

—Sam estará muerta, y tú... También.

Me volteé decidido a matarlo yo primero, pero desapareció. Dejándome con ganas de todo lo la malo que le haría. No lo iba a torturar antes, mejor pensando lo mataría sin dudarlo. Sería pérdida de tiempo.

—Mi moto... —susurré, recordando que tenía una moto guardada en el otro garaje. Con la cual empecé todo.

Corrí al otro extraño de la casa, o mansión... Abrí el garaje con fuerza y ahí estaba, cubierta de polvo. Me acerqué, las llaves estaban puestas para mi suerte, pero debía prender el motor. Revisé los neumáticos, hasta ahí todo en orden. A la primera, nada. A la segunda, nada. A la tercera, nada. Esperé un poco, pasé mis manos sucias por el polvo por mi cara, la encendí y el motor crujió.

Me subí y arranqué, lo más rápido posible.

No perdería a Sam.

Nunca más.

Amor Tardío © Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora