La ciudad de Cristal

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Lumia se echó hacia atrás, resguardándose del duelo que venia. No sabia que tenia en mente Cenicienta, pero desde luego, no iba a cuestionar, confiaba en su reina.
Cenicienta, en cambio, sabia que tenia que hacer para vencerla. Sin duda, no cuestionaba que ella fuera buena con el fuego, pero ella contaba con una ventaja, y era que su contrincante no sabia verdaderamente con quien luchaba.
-Bueno, esto va a ser facil- dijo la mujer confiada de si misma- espero que no tengas mal perder- dijo con una malvada sonrisa- ¡ayyy pero de que hablo! Cuando terminemos tu ya estarás muerta- finalizo soltando una carcajada. Cenicienta, obviamente no se rio- vaya, parece que no compartimos el mismo amor a la comedia- luego se encogió de hombros- bueno- dijo para soltar una llamarada que por casi da a Cenicienta.
Cenicienta, quien estaba mirando para abajo, levanto los ojos y sonrió. La mujer trago saliva al ver esos ojos, llenos de algo que no podía explicar, tal vez, ¿amor? ¿cariño a unos inviduos?
-Mira, te voy a explicar una regla de combate que te haría falta saber- dijo Cenicienta con una sonrisa- la regla mas importante de todas es conocer a tu enemigo- dijo haciendo crecer una llamarada azul de sus dedos.
La pelirroja se echo hacia atrás y dijo- no, no puede ser- y la miro con horror en sus ojos.
Cenicienta le lanzo una riada de agua que le dio de lleno.
Su piel y su cabello comenzaron a burbujear. La mujer de las llamas dio una ultima mirada a Cenicienta para luego soltar un grito desgarrador y hacerse aire por completo.
Cenicienta miro la escena un poco mas de tiempo, por si todavía había peligro y cuando confirmo que todo estaba en orden, se giro hacia donde estaba Lumia.
Su sorpresa fue tremenda al ver a pequeños elfos corretear en el lomo de la yegua animadamente, mientras que esta los miraba curiosa. Tenian un tamaño de una palma de una mano y su piel era de un color cristalino. Vestían prendas de colores alegres, mas se veían un poco calcinadas y deterioradas.
-¿Hola?- dijo Cenicienta acercándose a las diminutas criaturas.
Todas se quedaron inmóviles y en silencio, mirándose unas a otras y segundos después hicieron una divertida reverencia desde el lomo de Lumia.
-Mis mas mayores agradecimientos de parte del pueblo de Cristal- dijo uno de ellos, quien parecía ataviarse como un rey y tenia un aspecto rechoncho.
-No es nada, ¿vosotros vivís aquí?- dijo Cenicienta mirando al paisaje desolador.
El hombre soltó un suspiro triste y dijo- hace unos años, este bosque resplandecía con los brillos de cristales de colores. Los pájaros cristalinos cantaban cada mañana, eran realmente preciosos- dijo mirando con melancolía una de las ramas negras- nuestras casas eran la envidia de Tafansy, desprendían elegancia y armonía en cada cristal allí puesto.
-¿Y que paso?- cuestiono Lumia
-Una noche, mientras todo el pueblo dormía plácidamente, ellos vinieron- dijo desprendiendo miedo- rompieron nuestras casas y capturaron el color de todo lo que aquí vivía. Excepto de nuestras ropas, pues querían que se nos viera, habían decretado un final peor para nosotros- dijo triste. Una niña que había detrás de el empezó a llorar y una mujer la calmo. El hombrecillo prosiguio- vino la mujer de las llamas, quemó todo aquello que quedaba en pie y quemo a parte de nuestros habitantes. Solo algunos sobrevivimos gracias a nuestro poder de manipular los cristales- dijo enseñándole una lanza afilada que salio de su mano- y hoy, viniste tu- dijo mirandola- y la derrotaste- la miro y dijo- ¿quien eres?
Entonces Cenicienta supo por fin, cual era su cometido. Había sido premiada con todos los poderes existentes para salvar a su reino. Tafansy aclamaba su ayuda, y ella lo había escuchado, y no tenia ninguna intención de no hacer caso a sus ruegos.
-Soy Dama Blanca- dijo decidida con una sonrisa en su rostro
-Yo soy Amab, rey de la ciudad de Cristal- dijo solemnemente- no se como agredecerte esto que- fue interrumpido por Cenicienta.
-No he terminado Amab- dijo para luego tocar un árbol. Este volvió a rejuvenecer y de sus ramas salieron cristales de muchos colores. Todos la miraron asombrados- los seres pequeños pueden hacer grandes cosas, sin duda vosotros y vuestro valor lo ha demostrado- dijo Cenicienta alegre- dejadme a mi haceros un regalo- luego se aclaro la voz y entono una canción que había leído en un libro del castillo, puesto que no iba a estar tocando todos los arboles de este bosque- pájaro de fuego, resurge de tus cenizas, da vida, a lo que sin valor se quita.
De repente, todo empezó a cambiar. Todo se volvió lleno de color y de alegría. Los trajes volvieron a ser de su color anterior y los habitantes calcinados volvieron a revivir, volviendo con sus seres queridos así.
Los habitantes de ese bosque celebraron que habían recuperado su amado lugar.
-No os cuestionare como habéis hecho esto, pero gracias de todo corazon- dijo Amab con lágrimas de felicidad en los ojos. Luego hizo una señal y cinco hombrecillos trajeron un collar y lo dejaron a los pies de Cenicienta- acepta este regalo Dama Blanca, y si en algún lugar necesitas de nuestra presencia, no dudéis en llamarnos. Solo necesitáis decir ciudad de Cristal y allí estaremos para servirte.

Cenicienta se agacho y recogió el preciado collar

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Cenicienta se agacho y recogió el preciado collar. Luego subió en Lumia con una gran sonrisa y se despidió de sus nuevos amigos, después de haberse puesto el collar al cuello, espoleo al caballo y salio cabalgando de ese bosque, que nuevamente refugiaba vida.

Mientras tanto, alejados de esta escena alegre y de reencuentros, en una sala oscura, se hallaban unas figuras escalofriantes sentadas en su silla de piedra.
Uno de ellos, el que mas alto estaba sentado, dio un golpe en ella
-¿Como que derrotada?- exclamo- yo mismo puse a la mujer de las llamas en ese bosque- dijo enfadado.
-Nos hizo llegar su ultimo aliento diciendo que había sido derrotada señor- dijo una mujer mirándole con una pizca de miedo- la describió como una adolescente muy bella, morena y ojos celestes. Dijo que tenia el poder del agua- dijo ella alejándose para sentarse en el trono que había libre.
El hombre giro su cabeza y miro a la propietaria de una cabellera rubia, quien estaba a su lado- ¿que poderes tenia cada rey, Red White?
Ella le miro- no lo se, no prestaba atención cuando lo dijeron- dijo haciendo una mueca.
El dio otro golpe a su silla y maldijo- ¡estoy rodeado de inútiles!
-Tranquilo querido- dijo la gran serpiente- de ssseguro no podrá con nuesssstro ssssiguiente amigo
-Tienes razón- dijo mirándola- alguien que vale la pena- dicho esto sonrió malevolamente y la serpiente se relamio los labios, riendo de forma escalofriante.

El Poder de AMAR (#2CYTZ)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora