Especial 600 lecturas (?)

1.9K 209 46
                                        

Las siguientes sesiones fueron entretenidas. Más o menos. Bien, fueron muy locas, demasiado locas, pero fue algo como un crescendo; aumento lento, paulatino, pero definitivamente constante. Por ejemplo, cuando nos abrazamos por primera vez. Para que Montse nos dibujara. Fue extraño porque, creo, fue la primera vez que de verdad estuvimos conscientes de que nos estaban viendo, de que no estábamos solo los dos, por lo que al principio estábamos algo... tensos.

No sabíamos cómo iniciar aquello, la verdad, por lo que hice lo primero que se me vino a la mente: lo rodeé con los brazos, sin más. No esperé que me correspondiera, no esperé que me dijera que comenzara, no esperé nada; simplemente lo abracé.

Y, bueno, quizá quien me hubiera visto en ese instante habría pensado que siempre era muy confiado en mí mismo o muy seguro, pero, siendo honesto, estaba nervioso. Como el infierno. Porque, por alguna razón, ese momento, ese contacto, ese abrazo... se sentía más íntimo que todo lo que habíamos hecho antes. Todo. Era como estar expuesto ante él, vulnerable, y daba miedo porque, bueno, porque ¿a quién le gusta que lo vean en estado de vulnerabilidad? ¿A quién le gusta estar expuesto? ¿A quién le gusta sentirse débil ante alguien más?

Así que, antes de que los nervios terminaran matándome, lo rodeé con los brazos y lo acerqué a mí. Sentí su respiración algo agitada, imaginé que por la impresión de mi acto, porque quizá él tampoco se lo había esperado, y sonreí levemente de lado. Suspiré, intentando calmarme, y coloqué mi mentón sobre su cabeza, reposando allí y cerrando los ojos mientras trataba de normalizar mi respiración —y quizá también los latidos apresurados de mi corazón, pero sólo un poco.

—Te aprovechas de mí —gruñó y solté una carcajada.

—Eso te pasa por ser enano.

—¡No soy enano! Lo que pasa es que tú eres muy alto.

Reí de nuevo y sonreí con ternura.

—¿Quién es mi enano?

—¡Ya madura!

Solté otra carcajada, le di un apretón con los brazos y, para mi desconcierto, me correspondió el abrazo. Se relajó, respiró profundamente, como si inhalara mi aroma, y hundió la cara en mi camisa. Tragué saliva, sintiéndome más desnudo que antes, y moví una de mis manos a lo largo de su espalda, como si lo acariciara o como si intentara calmarlo —aunque en realidad lo hacía para intentar calmarme a mí mismo, pero eso él no lo sabía.

Duramos allí unos segundos. O unas eternidades; no lo sé. Con él eso del paso del tiempo no era muy claro. Llegó un momento en el que dejé de mover mi mano y simplemente lo sostuve contra mí y, por más cursi que suene, juro que podía escuchar nuestros corazones latiendo al mismo ritmo. Si Tchaikovsky no existiera, ese, el sonido que hacían nuestros corazones, la tierna y cursi armonía de nuestros latidos acompasados, habría sido declarado en ese mismo instante como mi nueva sinfonía favorita.

Pero Tchaikovsky sí existía, y eso sí era cursi, y él era Niall y yo era Zayn y, oh, vaya, no todo podía ser perfecto.

—Gracias por sus servicios, chicos —anunció Montse complacida. Abrí los ojos, saliendo de mi trance, y Niall se despegó de inmediato de mí, de nuestro abrazo, de ese calor que habíamos compartido hacía apenas unos segundos, haciéndome reaccionar y quizá y sólo quizá también haciéndome sentir un poco más vacío que antes, y parpadeé—. ¿Zayn? —Volteé a mirarla y noté la preocupación en su rostro—. ¿Estás bien?

Vi a mi mejor amigo. Estaba colocándose su bolso con tranquilidad, como si nada hubiera ocurrido, y sacudí la cabeza.

—Todo de maravilla.

Homely [Ziall AU] #Wattys2016Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora