Todo comenzó el día del baile que organizaronlos de último año para recolectar fondos para su fiesta de graduación. Había invitado a una chica, Johanna, y estábamos bailando. Era divertido; todo iba viento en popa. Había chicos por aquí y allá comiendo, riendo, jugando, fumando; una típica fiesta llena de adolescentes hormonales. Me felicité mentalmente por haber ido; estaba pasándola genial. Después de un rato, cuando Johanna y yo fuimos a tomar ponche, para descansar del baile agitado que acabábamos de tener, me di cuenta de que Niall estaba peor de lo que esperaba.
No se veía terrible.
Se veía de la mierda.
—¿Te sientes muy mal? —pregunté.
Él asintió con la cabeza, con la vista gacha, y se quedó en la silla en la que estaba sentado. Ni siquiera me miró a los ojos, ni me insultó, ni me dijo cuán idiota era, como siempre hacíamos cuando bromeábamos.
Nada.
Si hay algo peor que las palabras, es el silencio.
Las palabras al menos significaban algo pero, el silencio... el silencio podía significar cualquier cosa.
Me acerqué a donde se encontraba mi cita y le dije que estaría ocupado con mi mejor amigo durante un rato. Ella pareció no tener problemas con ello; sonrió y me dijo que lo entendía, a la vez que se iba a charlar un rato con sus amigas.
Caminé hasta donde estaba Niall y le tendí la mano. Levantó la cara para poder verme y me di cuenta de cuán tristes se veían sus ojos y las bolsas oscuras debajo de ellos. Sentí que se me partió el corazón. Él era una de las personas más alegres y divertidas del mundo entero; su humor era extraño, le encontraba gracia a las cosas más absurdas o crueles, pero sus comentarios sarcásticos y sus chistes tontos siempre terminaban sacándome una sonrisa. Verlo de ese modo, tan acongojado y perdido, no hizo más que inquietarme y quererme hacerle sentirse mejor.
Bufé, a la vez que sus ojos volvían a clavarse en el suelo, por lo que me agaché, quedando frente a él, y coloqué mi mano bajo su mentón, obligándolo a verme a los ojos.
Lo que vi reflejado en ellos fue tan triste que me hizo pensar en un alma desesperada cuando pierde su hogar.
Maldije internamente.
¡Eso no era lo que debía pasar!
¡Era el baile de bienvenida; se suponía que debíamos pasarlo genial, bailar un rato, reír, bromear! ¡Se suponía que íbamos a divertirnos, no a sufrir por una persona ridícula y mirar al suelo, con los ojos llorosos, durante toda la noche!
—¿Quieres bailar? —pregunté con una voz que intenté que fuera firme pero que, por el mismo miedo de que mi amigo se rompiera, por lo frágil que se veía, sonó insegura.
—¿Qué?
—Bailar —tragué saliva, determinado a que mi voz sonara más firme—. Bailar conmigo. Tú y yo. Juntos.
Vi cómo tragó saliva a la vez que sus ojos se abrían por la impresión, al igual que su boca; no obstante, de ésta no salió palabra alguna.
—Recordé que dijiste que querías bailar una canción con ella —me expliqué—. Pero... está bien si no quieres.
Me levanté, evitando su mirada, avergonzado y, cuando estuve a punto de comenzar a caminar, ya de espaldas a él, sentí su mano alrededor de mi muñeca.
—Sí quiero —le escuché decir, por lo que volteé de nuevo para verlo, dedicarle una sonrisa llena de alivio y tomarle la mano, a la vez que lo llevaba a la pista de baile.
En todo el trayecto y ya estando en dicho sitio, su vista se mantuvo gacha. Yo me sentía un poco nervioso con respecto a eso, debido a que era la primera vez que hacía algo así en toda mi vida, pero procuré que el miedo no me ganara y arruinara todo.
Comenzó a sonar una canción lenta y me sentí desfallecer.
¡¿Cómo demonios iba a bailar aquello con él?!
¡Era un hombre y, más que eso, mi amigo y solo mi amigo! No lo veía como nada más, y tampoco creía poder llegar a hacerlo alguna vez.
—Está bien si no, eh, si no quieres... —dijo interrumpiendo mis pensamientos, por lo que reaccioné de inmediato, negando con la cabeza y colocando mis manos en su cintura.
Tragué saliva ante el tacto, porque no se sentía tan mal, y carraspeé.
—Lo siento. Estoy un poco distraído. Eso es todo.
La música siguió sonando y comencé a moverme al ritmo de ella, arrastrándolo conmigo. Él me siguió el paso, al principio con pena y luego con un poquitín más de confianza –solo un poquitín– pero, para mi sorpresa, cuando me di cuenta, estábamos bailando.
Sí, muy torpemente y con una distancia considerable entre ambos pero, al fin y al cabo, estábamos bailando.
Mientras, no decíamos nada.
No hacía falta.
Seguí moviéndome con él, a su ritmo, intentando que no se sintiera presionado en lo más mínimo, y le presté atención a la letra de la canción que sonaba. Paré en que era triste y suspiré con pesar; sabía que eso no ayudaría al pobre Niall a sentirse mejor o a olvidar a Valery. Me enojé un poco por esto, en realidad; nadie tenía derecho a apagarle la felicidad a mi amigo y ella no era la excepción.
Escuché unos pocos sollozos por parte de él, por lo que, involuntariamente, lo acerqué aún más con mis brazos, haciendo que nuestros torsos quedaran pegados. Le pasé la mano por la espalda, dándole a entender que estaba ahí para él, y me lanzó los brazos al cuello.
Sentí un escalofrío recorrer mi espalda y también su cara enterrase en mi pecho. Le acaricié el cabello y me dispuse a susurrarle que todo estaría bien. Noté sus sollozos contra mi camisa y pequeños espasmos emanar de su cuerpo, por lo que procedí a abrazarlo con más fuerza.
Continuamos así por lo que pareció una eternidad, bailando una canción lenta, abrazados, mientras me aseguraba de hacerle entender que no estaba solo en el mundo.
Por más extraño o ridículo que parezca, ese fue uno de los momentos más íntimos de mi vida.
Y me alegraba que hubiera sido con él.
[N/A: Los loveo, y gracias eternas por leer :')
All the love, Ker]
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Homely [Ziall AU] #Wattys2016
أدب الهواةZayn y Niall posan romántica y enamoradizamente para que los dibujen. Todo comienza como un favor para una amiga. Y termina causándoles dudas sobre sus sentimientos por el otro. SERIE THEY SHIP US: PRIMER LIBRO
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