Especial 2k lecturas

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Ya iban aproximadamente dos meses o más desde que habíamos comenzado con las sesiones y, bueno, si era honesto, estaba empezando a asustarme. A veces, cuando Niall y yo dormíamos en mi habitación —en la misma cama, sí, pero no pasaba nada más que eso—, al despertar en las mañanas, podía jurar que sentía su mano en la mía.

No, en realidad no estaba allí, y ese era el problema; no había nada. Sentía que nos tomábamos la mano y no era así —y, bueno, yo nunca recordaba nada de mis sueños. Nunca. Yo era algo así como que caía en negro y no recordaba NADA en las mañanas.

Pero a veces me parecía despertar y sólo recordarlo a él.

No como en esas películas donde el protagonista tenía amnesia y sólo recordaba el nombre de la persona de quien estaba enamorado —no. No era eso. La verdad, tampoco sabía con exactitud qué era, pero empezaba a pensar que lo que fuera que fuera se debía a que (1) soñaba con él, (2) de alguna manera incluso en mis sueños terminaba recordándolo o (3) de todo lo que soñaba, él era lo único que me importaba.

Y bueno, sí, eso era muy cursi. Demasiado —para el gusto de Niall.

Para mi gusto... para mí no era cursi. Sólo preocupante. Y extraño.

Y, obviamente, aterrador.

Annel había dicho que tenía problemas aceptando lo que fuera que sentía por Niall, pero eso no era cierto. De lo que tenía miedo era de descubrir qué sentía por él, porque mi confusión aún no terminaba de aclararse —al contrario, cada vez empeoraba más— y no sabía si siquiera quería descubrir qué sucedería cuando llegara su final.


La siguiente sesión que nos tocó fue... a otro nivel. Montserrat cada vez iba incrementando más y más los niveles de intensidad —o, al menos, así me parecía—, y lo que tuve que hacer esa vez fue estar de pie en medio del salón, colocarme frente a Niall y poner mis manos en su cintura, básicamente con los torsos pegados, y debíamos tener los rostros tan cerca que pareciera que nos estábamos besando.

El problema era que mi mejor amigo... no estaba colaborando mucho que dijéramos. Ni siquiera estábamos tan cerca como era necesario; había bastante espacio entre nosotros. Lo que pensé era que estaba teniendo otro de sus momentos de estamos demasiado cerca y, en sí, el problema no era ese —el problema era que ya llevábamos en el salón unos cuantos minutos y la pose no estaba viéndose bien para Montserrat, por lo que en teoría estábamos perdiendo nuestra hora de comer, tiempo de la dibujante para dibujar y tiempo nuestro para seguir con nuestras vidas.

—¿Niall? —pregunté suspirando, intentando calmarme. Él tenía la vista clavada en el suelo, supuse que por la vergüenza de no poder cumplir con los requisitos de la sesión, y se mordió el labio, algo nervioso.

—¿Sí?

—¿Puedo probar algo?

—¿Me va a doler?

Sonreí de lado.

—Juro que no.

Asintió con la cabeza, inquieto, y llevé sus brazos hasta mi cintura. Lo vi abrir los ojos con impresión y lo acerqué hacia mí, disminuyendo la distancia entre nosotros. Noté que su respiración comenzó a fallar y, después de dedicarle una mirada a través de la cual le pedía que confiara en mí, coloqué mis brazos en el espacio que había entre sus hombros y cuello, recostándolos allí y acercándome a su rostro hasta quedar a centímetros de distancia.

Homely [Ziall AU] #Wattys2016Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora