Capítulo 19: Lo que nadie jamás cambiará

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“Ya te hemos contado muchas veces como ocurrieron las cosas. Tu padre y yo comenzamos a salir a los quince años. Él fue…el amor de mi vida. Me propuso matrimonio a los dieciocho, éramos tan solo unos críos, y a esa edad nada está claro, pero si de algo estaba segura era de que quería pasar el resto de mi vida junto a tu padre. De modo que acepté. En aquel entonces aún estudiaba la carrera de enfermería, por las tardes trabajaba en un restaurante de camarera para poder pagarme la universidad, de ahí conocía a tu madre.

Ella una cría de 16 años, sin estudios, que vivía de lo que ganaba en aquel restaurante de camarera. Jamás hizo mención de sus padres, pero de lo que si estaba segura era de que eran personas a las que había dejado atrás hacía mucho tiempo. Vivía en un apartamento junto a cinco amigos suyos, todos drogadictos, alcohólicos…Ella no era tan diferente, no llegaba a drogarse, al menos no frente a mí, pero vivía de la bebida y de ese cigarrillo que parecía nunca acabarse y siempre llevaba entre sus dedos. Se lo que te estarás preguntando, ¿Cómo acabé entablando una amistad tan fuerte con una persona tan diferente a mi? Supongo que aunque tratara de hacerlo no encontraría el modo de explicártelo. Era dura de fachada, pero escondía mucho debajo de esa mirada fría y nublada. Puedo recordar a la perfección su imagen. Era…preciosa. Te pareces mucho a ella. Sus ojos eran castaños, abiertos de par en par, pero su mirada era tan dura…como si el peso que sostuvieran sus hombros le hiciera aparentar mucho más que su edad. Sus tirabuzones rubios, más pronunciados que los tuyos, cayendo sobre sus hombros, mientras se alzaba en su pequeña estatura, siempre sobre aquellos gigantescos tacones de aguja, siempre con prendas que resaltaran su magnífica figura… - una sonrisa se torció en los labios de mi madre, perdida en un recuerdo que yo ansiaba guardar con todo mi empeño - Al tiempo yo me mudé a vivir con tu padre a esta casa, el ya trabajaba en la empresa familiar de modo que no era problema ni gasto que no pudiera permitir. Quería a tu madre más incluso que una hermana, supe ver en ella más de lo que nadie vio jamás, y tan solo quería sacarla de ese pozo negro donde se había sumergido…pero ella nunca aceptaba mi ayuda, no aceptaba mi dinero, no aceptaba mi intento por salvarla admitiendo ser un caso perdido. Un día…tuve un retraso. Pensamos que yo podría estar…tu padre y yo fuimos al ginecólogo, me hicieron todo tipo de pruebas, recuerdo haber imaginado un ser como tu dentro de mí, recuerdo haberme hecho a la idea de que tal vez un niño, mi hijo, estaba tomando vida en mi interior…y la idea me atrajo demasiado. Por ello cuando me confirmaron que no estaba embarazada no lo tomé bien. No solo fue el hecho de no estar embarazada…fue más el temor a no poder estarlo. Me admitieron que era cierto que me había quedado en estado, pero mi cuerpo no lo había soportado, mis óvulos habían rechazado los espermatozoides de tu padre. Nos hablaron de inseminación artificial…solo tenía 18 años, tu padre 21, no estábamos preparados para ser padres pero…una parte de nosotros había puesto todas sus esperanzas en ese retraso… - De sus labios calló un amargo suspiro, la observé en silencio, pareciendo que cada rasgo era clave en la historia – Continuamos con nuestra vida normal, olvidando aquel suceso, pero notando como eso había marcado un antes y un después en nuestras vidas…y entonces ocurrió, un día sin más, tu madre vino a mí. Fue la primera vez que la vi llorar, que pude contemplar el miedo reflejado en sus ojos, la primera vez que suplico mi ayuda. Estaba embarazada, no sabía de quien, ni como. Pero lo que más le aterraba era lo que pasaría a partir de ahí. No mentiré, la rabia me consumió al saber que ella lo había logrado sin quererlo y que yo jamás podría hacerlo. Pero era mi mejor amiga, le ofrecí alojamiento en nuestra casa mientras pensaba que hacer…contigo. No olvidaré como sus ojos vidriosos contemplaban su vientre, acariciándolo, haciéndose a la idea de que un ser crecía en su interior, amándolo lentamente y sin darse cuenta. Los tres primeros meses pasaron, y tu madre ya había caído completamente enamorada de ti. – Sus palabras cesaron, encerrando aquel mensaje que tanto deseaba escuchar tras ellas

“Eso quiere decir que…”

“Ella decidió tenerte” Sentenció. De nuevo algo en mi interior quedó roto en mil pedazos, un peso que llevaba sosteniendo demasiado tiempo voló lejos de mis hombros, de nuevo libres. “Acepté ayudarla con el embarazo. Ese tiempo que pasamos juntas tan solo fortaleció nuestra amistad. Algo en su mirada había cambiado. Su forma de ver la vida, gracias a ti, de nuevo tenía esperanza. Un día la policía visitó la casa buscando a tu madre. Alguien les había dado el chivatazo, sabía lo de la droga. Hoy en día aún desconozco al completo que había en aquel piso, pero…, plantaciones de mariguana, traficantes de heroína… Dedicamos todo nuestro dinero y tiempo para sacar a tu madre de aquella pesadilla, pero de nuevo sus ojos veían el mundo de color negro. Se que no es escusa pero…fui yo quien la escuchó llorar cada noche, asustada, temblando ante la sola idea de que una hora más pasara. Una hora más cerca de tomar la decisión de su vida. Era una cría Alexia, y tenía miedo. Miedo por ti. Miedo por no poder darte lo que merecías, miedo por no ser lo que necesitabas. Miedo por no estar preparada para algo tan importante como tú. Y pese a todo, prefirió ponerte por delante. Ella…vio en mi todo lo que creyó, tú necesitarías. Tu madre no era tonta, sabía que deseaba poder sentir el calor de una criatura entre mis brazos más que nada. Aseguró que tenía asuntos que resolver, y que debía marcharse, marcharse para no volver, y simplemente decidió confiarme lo único que le quedaba, a ti.” Las lágrimas corrían invadiendo mis mejillas, arrasando cada ápice de rencor que quedaba en mí. Una nueva pieza encajando en el puzle de una mentira que cambiaría mi vida por completo.

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