Capítulo 12: Marcas de violencia

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Sus zafiros mirando alrededor de la estancia, confundidos.

“No te muevas, te dolerá” aclaré pese a todo, calmadamente.

“¿Dónde estamos?” su voz temblorosa, aún áspera por el reciente sueño

“En casa de Harry” los recuerdos de lo sucedido parecieron invadir su rostro, bañándolo ahora en una triste expresión de horror.

“Alexia yo…” sus labios temblando inseguros ante mi dura mirada

“Dan, no por favor” supliqué dolida “No me lo hagas más difícil” las lágrimas amenazando de nuevo con brotar de mis ojos. Mis dientes atrapando mi labio inferior con desesperación, incapaz de pronunciar las palabras que me veía obligada a decir “Dan…sé que no lo has hecho a propósito…” comencé viéndome incapaz de resistir el llanto.

“Alexia, te juro que lo siento, no sé en que estaba pensando…yo…” comenzaron sus disculpas, cada cual más dolorosa para mi, atravesando mi pecho con frialdad, abriendo una herida que luchaba en vano por cerrarse.

Mi dedo corrió a sellar sus labios, que callaron al contacto de mi piel con la suya. Sus ojos enrojecidos, mostrándome su arrepentimiento. Sería mentira decir que aquello me dolía más incluso que haberme marchado de casa, que haber descubierto que era adoptada, pero tampoco sería verdad decir que no era lo más difícil que jamás había hecho.

“Dan…te quiero, pero esto…ha sido demasiado, se acabo Dan…” concluí dejando caer mis lágrimas sobre su pecho, aún temerosa de abrazarle. Su cabeza negó desesperada de una solución, sus labios entreabiertos en busca de palabras a sabiendas de que nada de lo que dijera cambiaría mi opinión

“…al menos, ¿podremos ser amigos?” sus ojos arrepentidos como los de un niño pequeño, a punto de estallar en llanto, clavados en mi. El temor huyó de mis venas sin dejar rastro, permitiendo a mi cuerpo lanzarse sobre el suyo. Mis sollozos convirtiéndose en llanto sobre su pecho, hasta que mis ojos cayeron rendidos ante el cansancio.

Unos fuertes golpes en la puerta sacaron a mi mente del profundo sueño en el que me había sumergido. Observé mi posición avergonzada, el brazo de Dan atrapando mi cintura mientras que los míos se apegaban a su torso.

Las ganas de responder al constante golpe sobre mi puerta no eran muy efusivas, de modo que opté por cerrar mis ojos de nuevo, ignorando el insoportable sonido.

Muy lejos de la reacción que yo esperaba, ante mi falta de respuesta Harry se aventuró a abrir la puerta entrando así en mi sagrado territorio. Alcé la vista molesta. Su ceño claramente fruncido

“Ahora entiendo porque no podías responder” espetó duramente. Sus brazos cruzados, dando a entender si enfado.

“No tenía porque hacerlo” mis labios respondieron en un susurro cortante

“Veo que ya habéis hecho las paces” me sentí tentada a desmentir su frase con la verdad, pero su constante reproche ante mis actos era algo que crispaba mis nervios, de modo que me limité a bufar.

“Mi vida personal no es cosa tuya, vete o despertaras a Dan” su mandíbula se mostró tensa ante mi fría respuesta

“Saldré un rato, cuando vuelva no quiero verlo” aclararon sus crueles palabras, su cuerpo giró para luego desaparecer por el marco de la puerta. Suspiré clavando mis ojos en Dan que ahora se removía a punto de despertar.

Me alcé sobre mis pies fríos y caminé descalza hasta la cocina. Agarré un par de piezas de frutas, rellené dos vasos con leche y rebusqué un calmante hasta toparme con una caja de Ibuprofeno. Monté todo sobre una bandeja de tamaño reducido y me encaminé de vuelta a mi cuarto, donde Dan se alzaba con expresión dolorida. Una dulce sonrisa se formó en mis labios

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