Capítulo 5: Nunca lo fuí

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La noche se había hecho interminable para mis cansados parpados, me levanté, tambaleándome breves segundos, mi cuerpo me guió hasta el baño, donde el agua fría refrescó mi cuerpo, sudoroso. Mis ojos permanecían enrojecidos, hinchados, Mi pelo enmarañado incluso después de que el agua domara su volumen, mi voz quebrada, mis pensamientos enredados.

Algo de ciertas tenían las palabras de Harry, el no era mi primo, jamás lo había sido, ahora que comenzaba a mentalizarme de ello, mis ojos lo veían de otra forma.

Estaba en casa de un extraño al que llevaba odiando toda la vida, del que no sabía absolutamente nada, y aún así, era mi única opción.

Salí de mi cuarto en completo silencio, mis ojos divagaron por el pasillo, comprobando que permanecía vacio. Un suspiro de alivio confirmando que así era. El frío mármol presionando contra la planta de mis pies, mi pelo mojado goteando agua. Corrí precipitadamente a la cocina, la ausencia de alimento en mi barriga era ya una rutina. Abrí el frigorífico, nada dulce, todo verde y saludable. Me decanté por una manzana con fastidio.

“Hey” una ronca voz detrás de mi me sobresalto, la manzana rodó por el suelo tras caer de mis manos. Me giré con el corazón bombeando agitadamente. Mis ojos se toparon una vez más con el cuerpo desnudo de Harry, sus partes cubiertas por una pequeña toalla que se aflojaba lentamente mientras las manos de Harry se centraban en secar sus rizos con otra toalla. Gotas de agua surcando desde su frente hasta su pecho, haciendo brillar su bronceada tez. Mis mejillas fueron bañadas en un color rojizo, mi cuerpo se deslizó al suelo a recoger la manzana. Los ojos de Harry aún fijos en mí. Incorporé mi cuerpo con temor pese a todo, su mirada era enfurecida.

“chorreas agua con tu pelo” Sus ojos me guiaron a una fregona apoyada en la esquina de la cocina, asentí corriendo hacia ella. Cuando me giré Harry estaba sumergido realizando la misma tarea que yo, observe su espalda en silencio, sus músculos articulándose al alzar el brazo para alcanzar un objeto. Su mirada clavada en mí al captar mi atención sobre su persona. Desvié mis ojos incomoda saliendo de allí corriendo fregona en mano. Tras limpiar las gotas de agua volví a colocarla en su sitio y desaparecí de aquel lugar sumergiéndome en la soledad de mi cuarto. Deslicé mis finas piernas a través de la tela de unos pantalones blancos. Una camiseta de rayas cubriendo mi pecho. Alcancé uno de mis bolsos y salí de la tranquilidad de mi habitación corriendo hacia la puerta.

“Voy a salir” exclamé con fuerza, no obtuve respuesta, pero sabía que él me había escuchado. Abrí la puerta con la intención de marcharme finalmente pero una mano me agarró el brazo. Giré mi cuello para darme de bruces con unas llaves, no necesité palabras para comprender que eran las del piso, el no pensaba esperarme para comenzar a hacer su vida. Los ojos de Harry mirándome con el ceño fruncido no muy seguro de hacer lo correcto al hacerme entrega de algo así, le sonreí en señal de agradecimiento. Me alcé de puntillas depositando un beso en su mejilla antes de que él pudiera replicar para después desaparecer cerrando la puerta tras de mí.

Caminé durante unos largos cuarenta minutos hasta encontrarme frente la puerta de la casa de mi mejor amiga. No sabía que iba a contarle, pero necesitaba hablar con ella. A pesar de estar en pleno invierno el día había amanecido despejado. Rayos de sol acariciaban mi rubia melena. Golpeé mis nudillos contra la puerta, conociendo el estado del timbre roto. La puerta se entreabrió dejándome ver el rostro de mi amiga. Sus ojos permanecían hinchados y rojos, y las ojeras marcadas con exageración en su pálida piel. Le sonreí con tristeza, odiaba verla así.

Me invitó a pasar con un pequeño gesto. Sus pasos nos guiaron a ambas hasta el salón, el silencio reinando en toda la casa.

“¿Tus padres siguen de viaje?”  Pregunté intentando destensar el ambiente. Un leve asentimiento como respuesta

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