Capítulo 8: ¿Que ha cambiado?

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Mis parpados se despegaron perezosos, respiré profundamente, aquella era la primera de muchas noches que dormía profundamente. Intenté despertarme, pero algo me retenía. Parpadeé varias veces al comprobar que se trataba del brazo de Harry, atrapando mi cintura con descaro. Mi espalda apoyada en su torso.

Sonreí levemente al observar su rostro. Tranquilo, impasible, como un pequeño angelito. Completamente dormido, sus parpados escondiendo las preciosas esmeraldas que tenía por ojos. Delicadamente me deslicé fuera de la cama, durante unos segundos, me quedé en el umbral de la puerta contemplándolo.

Desaparecí perdiéndome en el pasillo hasta llegar a la cocina. Bufé al recordar la clase de comida que allí había. Las ganas de ir a comprar no abundaban, pero si él lo había hecho por mí, yo también lo haría por él. Corrí a mi cuarto y me vestí, el cielo aún lucía despejado, con la tenue luz del sol alumbrando las calles de Holmes Chapel.

Me acerqué a la tienda más cercana. No compre demasiadas cosas, tan solo lo (en mi opinión) esencial. Huevos, beicon, salchichas, pan, mermelada, leche y poco más. Una sonrisa iluminando mi rostro cuando regresé a casa. Comprobé que Harry aún dormía. Me coloqué en la cocina y comencé con mi tarea. El aceite saltaba con violencia, mi cuerpo se escondía tratando de esquivarlo, una gota de aceite rozó mi piel, gemí cohibida por el dolor, pero no me detuve.

Los huevos ya estaban colocados delicadamente en los platos, ahora tocaba el beicon, no era gran fan de semejante cantidad de grasa, pero un día era un día. Mis manos lo colocaron temerosas en la sartén, se frieron rápidamente, dándome tiempo a freír también las salchichas antes de escuchar pasos en el pasillo. Me asomé para toparme con la cara de Harry, confusa ante el evidente olor. Sus manos despeinaban sus rizos de manera despreocupada. Aquel parecía ser su secreto para peinarse. Mis ojos repararon en la herida que surcaba su ceja, aún ligeramente ensangrentada.

Mis labios le ofrecieron una tierna sonrisa. El frunció el ceño perdido.

Le invité a entrar en la cocina, sus ojos se abrieron como platos a ver semejante cantidad de comida.

"Esto es para compensarte lo de ayer" admití sonrojada.

"Pero yo...no puedo comer este tipo de comida" negué con la cabeza sonriendo

"Una vez al año no hace daño" guiñe mi ojo divertida, una leve sonrisa se formó en sus labios antes de sentarse frente a mí. Agarró el tenedor temeroso. Sus ojos devoraban la comida con la mirada. Tragó saliva incapaz de contenerse a tal manjar.

Comimos en completo silencio, no incomodo sin duda, Harry nunca había sido muy hablador, había una parte de él que aún desconocía.

"Volveré a buscar trabajo hoy" sus músculos se tensaron, aún no habíamos superado lo ocurrido la noche anterior "Tendré cuidado esta vez"

"Con una condición" exigió. Le miré confusa "Nada de bares" asentí. Una leve sonrisa se formó en mi rostro. Su preocupación era evidente.

Al fin terminó su desayuno, parecía complacido ante el sabor de la comida que tanto tiempo llevaba sin probar. Mis manos enjuagaron rápidamente los platos para correr a mi cuarto. Me vestí apresuradamente.

"Me marcho" aclaré justo antes de abrir la puerta, una gran mano me retuvo agarrándome de mi brazo derecho, que permanecía desnudo. Giré mi cuello leves centímetros para topar con la dura mirada de Harry.

Mi mirada suplicante de una explicación, mientras que el tan solo tensaba los músculos de su mandíbula con violencia, intentando contener el impulso de estallar en chillidos.

"¿Qué es esto?" Le observé breves segundos, confundida, hasta que sus ojos me guiaron a una zona de mi brazo enrojecida. Suspiré aliviada.

"No es nada Harry, tan solo una tonta quemadura" aseguré. Su mirada fija en mí, el reproche reflejado en sus preciosas esmeraldas. Me removí en un intento por liberar mi brazo de su agarre. Nada. Mi ceño ahora fruncido escondiendo ligeramente mis ojos encendidos en fuego.

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