Hipócrita compulsiva

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POV Mel

—Vale—no sé qué estoy pensando, sólo sé que quiero salir de aquí—. Vayamos de excursión.

Ambos me miran sorprendidos al principio. Después la expresión de Shin cambia rápidamente a una de pura alegría, la cual hace que sus ojos casi no se vean. En cambio, Andrew muestra una expresión de confusión y enfado.

Shin sigue sentado a mi lado en el asfalto sucio del parking y Andrew permanece en cuclillas frente a nosotros, mirándome fijamente. Ahora que me doy cuenta, los dos me están mirando fijamente. Aunque sus expresiones sean completamente contrarias al hacerlo.

Me levanto incómoda lo más rápido que puedo y me encamino hacia los coches casi corriendo. Ellos llegan y yo ya me he secado las últimas lágrimas que me quedaban en los ojos. Aunque no tiene mucho sentido, los dos me han visto. No, de hecho, los dos me han visto en peores condiciones.

Dios, soy una llorona.

Shin se coloca frente a la puerta del copiloto de su coche y la abre con una amplia sonrisa permanentemente en su rostro.

Trato de devolverle una sonrisa. Una que no dé pena. No necesito ayuda para dar lástima. Antes de poder subir al coche alguien, obviamente Andrew, me agarra del brazo.

En menos tiempo del que necesito para reaccionar, estoy pegada al pecho de mi hermanastro, dándole la espalda a Shin. Intento apartarme, pero me es imposible. Ejerce la fuerza suficiente para no permitir que me mueva sin hacerme daño.

—Lo siento, chaval. —Dice imitando burlón a Shin y la forma en que lo ha llamado antes—Creo que Mel tiene mucho más que explicarme a mí que a ti.

Me empuja dentro del asiento del copiloto—ha traído el coche de Michael—y se mete en él con rapidez.

Intento salir y él señala con el dedo el botón para bloquear las puertas.

Suspiro exasperada y le echo una mirada que lo mataría si eso fuera posible.

Él me mira un momento, serio, y de repente dudo si de verdad le afecta cuando le miro mal o nos enfadamos más de lo que aparenta. Pero entonces sonríe pícaro y se inclina lentamente sobre mi asiento, rozándome los labios con el lóbulo de la oreja.

Por algún motivo siento que me flaquean las piernas, aún estando sentada. Como si se me derritieran. Como si toda yo me estuviera derritiendo.

Me es un poco difícil respirar, pero creo que lo oculto bien.

¿Qué cojones?

No.

No puedo sentir eso por Andrew.

No puedo permitirme sentir nada por Andrew.

Nada que no sea frustración y, si acaso y en esos momentos en los que sale su personalidad de "poli bueno" y es adorable, un poco—mínimo—de cariño.

Nada más.

Ni se te ocurra, Mel.

Sube con la misma gracia y rapidez y mira al frente con seriedad un momento.

Puedo entender porqué, físicamente, es atrayente.

Tiene unos ojos muy bonitos, con las pestañas incluso más largas y negras que las de la mayoría de chicas. Los labios carnosos y de un bonito rosa palo contrastan casi a la perfección con la piel ligeramente morena. La forma de su mandíbula también es preciosa, muy marcada, lo cual lo hace más sexy.

Puede que si fuera más bajo o menos musculado fuera el blanco de todos los insultos en el instituto. Pero, obviamente, tampoco es el caso.

Eso lo haría todo...

HermanastrosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora