—Va a ser horrible.—si no lo he dicho ya once veces, no lo he dicho ninguna. Maddison bufa y Camila rueda los ojos y mira por la ventana del taxi.
—Te hemos oído la primera vez.—dice resoplando Madd.
—Y la segunda—añade Mila—, y la tercera, y la cuarta....
—Vale, lo admito: soy una pesada. ¡Pero, vamos! ¡Pensad un poco! ¿Conocéis la expresión "meterse en la boca del lobo"? Os explico: es una metáfora. Cuando te metes en la boca de un lobo mueres. Es pura lógica, chicas.—digo tratando de mirarles a los ojos, casi como si estuviera pidiendo que me perdonaran la vida. Aunque, en cierto modo, es lo que estoy haciendo.
—No seas exagerada. ¿Por qué le tienes tanto miedo?—pregunta exasperada Camila girándose bruscamente para mirarme a los ojos.
—No lo sé—contesto irónicamente—, tal vez por que me hace la vida imposible.—terminé apuntando a mi pelo.
—Tienes que admitir que eso sólo fue una venganza.—puntualiza ella encogiéndose de hombros. Tiene parte de razón.
—Y ha acabado genial. Mejor que antes incluso.—continúa Maddie. Debo admitirlo.
—Que haya acabado bien no ha sido gracias a él. Para nada. Se ha pasado, era un tinte permanente ¡. El mío se iba con un lavado. Está bien, lo suyo fue humillación pública, pero él intentaba que la gente me viera, iba por el mismo camino. De nuevo, no ha sido gracias a él que no pasara.—reflexiono en voz alta, más para mí que para mis amigas— Además, esta vez ha sido una venganza, pero, ¿y los cinco años anteriores? Conclusión: es idiota, se merece todo lo que le odio y más y quiero y tengo derecho a irme a casa.—termino cruzándome de brazos y sonriendo orgullosa con los ojos cerrados disfrutando de mi momento de gloria.
—Bueno—empieza Maddie agarrándome del brazo y sacándome del taxi—, eso ya no importa. Hemos llegado.
Mi sonrisa, mis brazos y mi mandíbula caen simultáneamente y me quedo atónita al ver la casa llena de adolescentes en celo, drogas, alcohol e idiotas haciendo gilipolleces varias a las que llaman 'challenges' intentando buscar una justificación para su subnormalidad.
No soy una mojigata. Tampoco es mi primera fiesta, ni mucho menos. Aunque debo admitir que es la primera fiesta tan grande y descontrolada a la que voy. Lo cierto es que tampoco entiendo muy bien lo que les gusta tanto a los adolescentes de emborracharse, drogarse y dejar que cualquiera te haga lo que quiera. Es como cuando las más facilonas se quejan de que los hombres no las respetan y no las quieren por nada más que por el sexo. Creo que si no te respetas nadie más lo hará, ni hombres ni mujeres.
No lo malinterpretéis, no soy machista. Tampoco creo que se deban intercambiar los puestos y que la mujer esté en el puesto que ocupa el hombre ahora mismo en la sociedad, creo firmemente que los excesos nunca son buenos.
Pero bueno, volvamos a la fiesta.
Antes de que pueda reaccionar y volver al taxi, Mila ya lo ha pagado y el hombre se ha ido.
Miro furiosa a mis sonrientes acompañantes y ellas estallan en carcajadas. Apenas unos quince segundos después, yo estoy riendo con ellas y tengo ánimos para esta fiesta.
Por lo menos estará Nick.
—Sois malas.—digo intentando recobrar la respiración.
—Pero nos quieres igualmente.—responden al unísono y yo les contesto con un capón suave y cariñoso (es lo equivalente a un saludo que tenemos) mientras caminamos hacia la entrada, se ve que han quedado con Nick y con Ethan en una barra que tiene que estar en el salón de la casa.
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Hermanastros
Fiksi Remaja¿Qué pasaría si la persona que más odias ahora viviera contigo? ¿Qué pasaría si tuvieras que callarte todo lo que hace para arruinarte la vida por la felicidad de los que más quieres? ¿Qué pasaría si la persona en quien te refugias y de quien estás...
