Capítulo 8

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Día 3

Lorena

Hoy te ves mucho más hermosa.

Esteban.

Observo la nota que fue dejada junto a la peonía en mi escritorio. No entiendo por qué razón Esteban tiene esta clase de detalles conmigo.

¿Acaso le gusto?

¿Intenta cortejarme?

Sonrío ante la tonta idea. ¿Quién querría cortejar a una madre soltera? Por lo general, los hombres sólo esperan poder...

Oh no, no, no, no.

Arrugo la nota y me dirijo hasta la oficina de Esteban echando fuego. Está muy equivocado si cree que yo voy a ser una de esas. Saludo a Katerine, que me sonríe apenas y cruzo la esquina, e irrumpo en la oficina de Esteban.

—¡Estás muy equivocado si crees que voy a acostarme contigo sólo porque me has enviado una caja de mis chocolates favoritos y unas cuantas de mis flores predilectas!

—Lorena —grazna apenas y levanta la vista de su portátil. Su rostro se vuelve ceniciento y sé que lo he descubierto.

—¿Eso es lo que pensabas no? al igual que la mayoría de los hombres. —Me cruzo de brazos y lo fulmino con la mirada. Katerine, que ha escuchado todo, se adentra en la oficina con una mueca de disculpa hacia Esteban—. El hecho de que tenga una niña y no un esposo a mi lado, no quiere decir que soy un trozo de carne de acceso fácil.

—Yo... —empieza a decir, pero lo corto.

—Mira, puedes tomar tus chocolates y tus flores y meterlas por donde no te da el sol. No me acostaré contigo, tengo muchos juguetes en mi mesa de noche como para abrirme de piernas al primero que se digne a gastar unos cuentos pesos en vino y detalles.

—¿Esa es Lorena?

Escucho la voz del esposo de mi prima, saliendo del portátil abierto.

—Sí, la misma —responde Esteban, fulminando mi existencia ahora.

—Hola primita —grita Damián.

—Damián —digo y veo su rostro sonriente, cuando Esteban voltea la pantalla—. ¿Cómo estás?

—Yo muy bien. Ahora, ¿Qué es eso de que Esteban te está pidiendo sexo?

Oh Dios mío.

—No... es sólo que...

—Es sólo —dice Esteban mirándome con furia—, que tu prima me gusta y me parece una hermosa e inteligente mujer y decidí demostrárselo con algunas flores y detalles; pero al parecer, ella cree que sólo intento meterme en sus pantalones, por el hecho de ella ser una madre soltera.

Bueno, viéndolo de ese modo...

—Tú no eres de esos, Esteban. Apenas y tienes tiempo para dormir, no te veo llevando mujeres a tu casa.

—Exactamente, me conoces, pero Lorena no. Así que sólo por eso, trataré de no enojarme mucho, por sus suposiciones sobre mí.

—Lo siento —digo con las mejillas rojas por la vergüenza. Yo y mis películas mentales.

—No importa, te comprendo primita, deja que Clara se enteré; ella sí te dará mucha mierda. —Se ríe y me guiña el ojo—. De todas formas, es todo tuya, Esteban, la reunión acaba.

Damián termina la vídeo llamada, Katerine murmura una excusa y se aleja, cerrando la puerta, dejándome sola frente a la mirada molesta e indignada de Esteban.

Un Deseo Para NavidadHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora