Capítulo 14

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— Australia... — murmuró. Eso significaba un viaje

largo. La última vez que envió a Louis fuera, estuvo ausente

casi dos meses. Apretó los labios y jugó con la pajita para ocultar sus

emociones. Esta cosa entre ellos era tan nueva. No quería que se fuera

volando al otro lado del mundo.

Louis le cogió la barbilla y la giró para que lo mirase. – No va a cambiar

lo que siento por ti.

— A mí tampoco – Simplemente sería difícil.

— Ven aquí – dijo sentándose en la silla junto a ella y arrastrándola a

su regazo. Se acurrucó en su pecho y apretó el rostro a su cuello. Él frotó su

espalda. De alguna forma, entre anoche y hoy, había llegado a pertenecerle, y

antes de eso, toda la tensión y la camaradería en el trabajo habían sido los

juegos previos para este clímax.

— No quiero que te vayas – le dijo.

— No quiero ir... No te preocupes, cariño. Todo irá bien. Y, ¿quién sabe?

—Tal vez quieras hablar de otra cosa. – Pero Louis no lo creía. Lo

podía oír en su voz, y ese sonido le producía terror donde su excitación había

sido turbulenta todo el día.

Horas más tarde, _______ estaba en su apartamento, necesitando a

Louis, necesitaba saber dónde estaba. A las siete, no se preocupó. La reunión

con Kingman podría haber durado mucho. A las ocho, comenzó a mirar el

reloj. Él debería aparecer en cualquier momento. A las nueve, estaba muy

preocupada, y a las diez, estaba desesperada.

¿Le habría ocurrido algo? Si no lo conociese bien, pensaría que ya

estaba harto de ella. Hecho. Pero ese no era el Modus Operandi de Louis y ese

no era el hombre que la había abrazado con tanta fuerza durante casi veinte

minutos en el almuerzo de hoy.

A las once, se resignó al hecho de que no iba a ir.

Malhumorada y confundida acerca de qué le había sucedido,

paseó por el apartamento y apagó las luces.

Durmió de forma intermitente, y cuando llegó a trabajar al día

siguiente, sabía que parecería el infierno. Con los ojos entrecerrados, miró en

la oficina de Louis y vio que aun no había llegado. ¿Qué tipo de jueguecito

estaba jugando con ella? Apostaba a que él había dormido muy bien.

Un pitido lamentable la atrajo de su ira. Genial. Y su móvil se estaba

muriendo también. No lo había cargado anoche con toda la preocupación.

Gracias a Dios que tenía un cable de repuesto allí.

Estaba buscando en su bolso, tratando de encontrarlo, cuando otro

pitido sonó, y se dio cuenta de que el teléfono no estaba en absoluto en su

bolso. El sonido venía de debajo de su escritorio. Sobre manos y rodillas

tanteó a su alrededor. Después de varios intentos, finalmente lo encontró. La

maldita cosa debía haberse escapado de su bolso y caído en la parte de atrás

del cajón de su escritorio cuando Louis la había asustado ayer. Y...

¡Oh, no! Tenía diez llamadas perdidas, todas de Louis.

Después de conectar el teléfono, marcó el número de su buzón de voz.

— Hola _______, Kingman es un idiota. Me marcho esta noche. El idiota

tuvo al departamento de viajes haciendo todos los arreglos y nunca se molestó

en decirme nada hasta esta noche. Te juro que está tratando de molestarme lo

suficiente como para que me largue. Tengo que estar en el aeropuerto en una

hora y apenas tengo tiempo para meter algunas cosas en una bolsa e irme.

Mira, eh, te llamo desde el aeropuerto después de facturar.

Cerró los ojos, devastada por haber perdido todas sus llamadas.

— Hola soy yo. Estoy sentado en el aeropuerto. Siento mucho no hacer

ido a lo de esta noche. Dios, ya te echo de menos. Lo intentaré otra vez dentro

de poco, antes de embarcar. Me gustaría poder abrazarte. Bueno, adiós.

CastigadaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora