Capítulo 7

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Empezaron a probar el poder del niño con objetos pequeños. Primero un bolígrafo, lo cogió entre sus manos y usó su poder para que la gravedad del objeto cambiase y este levitase. Cuando Dazai lo tocó con un solo dedo el bolígrafo se precipitó contra el suelo. Sus poderes funcionaban, ahora comprobaría a que escala. Hizo levitar una silla y el pequeño, al entrar en contacto con ella la hizo caer.

-Parece que tu poder funciona bien, sigamos.

Entró en contacto con Atsushi y cambió su gravedad para que este volase.

-Sí que tiene el sueño profundo -Comentó viendo como este ni se había inmutado cuando Chuya le golpeó en la cabeza para que levitase- Vamos, intenta eliminar mi habilidad.

Dazai se cruzó de brazos, infló sus mejillas y miró hacia el lado, no iba a tocar al tigre, estaba enfadado.

-Es fácil, puedes hacerlo -Le animó para que, al menos, lo intentase.

El pequeño cerró los ojos y negó con la cabeza efusivamente.

-¡No quiero, no voy a tocar al gato tonto! -Dazai llevó una mano sobre su cabeza, agarró la gorra que llevaba puesta, la tiró al suelo y se marchó corriendo a su cuarto.

Chuya recogió la prenda, estupefacto, ni si quiera había notado que la llevaba, estaba tan concentrado en intentar sacar información a la bella durmiente y en que el pequeño usara su poder que no prestó atención a su atuendo y ni se molestó en preguntarle si quería probar su poder.

Entró en la habitación del pequeño, sin llamar. Paseó sus ojos por la estancia buscando al pequeño que, claramente -Y por el gran bulto que había bajo las sabanas-, se encontraba escondido en su cama. Chuya se sentó en la esquina de la cama, sin saber que palabras usar con el pequeño. No entendía el porqué de su enfado y por ello no sabía que debía decirle.

-Dazai...-Improvisar no era su fuerte pero quizá, si le preguntaba directamente porque estaba enfadado el pequeño se enfadaría por no saberlo. Que complicado era ser niñero- cuando era un niño, tenía un amigo que siempre me molestaba, la mayoría de veces no me importaba y le ignoraba, pero otras, me ofendía y me enfadaba -Notó como el niño se movía bajo las sabanas, estaba saliendo de ellas, disimuladamente, para escucharle mejor-, él sabía que yo estaba enfadado porque me sentaba en el techo y le ignoraba. Siempre conseguía subirse a algo para tocarme y hacerme caer al suelo -Chuya sonreía con cierta añoranza-. No me pidió perdón ni una sola vez, pero siempre hacia algo para hacerme sentir mejor y que dejase de estar enfadado -A su derecha, el pequeño ya había salido de bajo las sabanas- ¿Qué puedo hacer por ti?

-Echa al gato de casa -Ni si quiera dudó al pedírselo.

-¿Por qué? -Su petición le extrañó, el Dazai adulto lo apreciaba mucho, el pequeño no tanto.

-Porque no tienes que potegelo a él, solo a mí.

-Eres un egoísta -Las palabras salieron de su boca sin pensarlo, segundos después se arrepintió de haberlo dicho, seguro que el enano se enfadaría, más para su sorpresa lo miraba decidido y sin cambiar su seria expresión.

-Sí ¿Y qué?

Se estaba comportando como un niño pequeño, claro que, realmente, eso era. Chuya soltó un suspiro exasperado, nunca había lidiado con un niño celoso y, además, posesivo. Fue hacia la puerta para marcharse y dejarle allí hasta que se le pasase el enfado, la abrió y se giró para ver al pequeño que luchaba por retener las lágrimas, una parte de él pensó que Chuya haría cualquier cosa por él.

-El tigre fue quien salió a buscarme, si él no se hubiese jugado la vida yo no estaría aquí.

Cerró la puerta.

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