Capítulo 13

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Por mucha resistencia que opuso, no fue hasta que los fuertes rayos de sol le golpearon en la cara que accedió finalmente a abrir los ojos. Dejó que un pequeño gruñido escapase de su garganta, estaba incómodo, la posición en la que durmió era horrible y aun así no quería moverse. Por desgracia, sus necesidades biológicas lo forzaron a tener que levantarse. Sitió un fuerte tirón en su cuello y un pinchazo, al que ya estaba acostumbrado, en su cabeza. Llevó su mano a su cuello y dejó escapar un gemido de dolor.

—Su puta madre...—Al notar que comenzaba a sentir los efectos de la resaca, empezó a maldecir mientras se dirigía al cuarto de baño— Puto vino, puto sillón, puto gato, puto Da...

Al recordar al niño olvidó lo que iba a hacer y a prisa regresó al comedor.

—¿Dazai? —Preguntó en voz alta.

No obtuvo respuesta. Debería estar durmiendo, pensó. Miró su reloj para comprobar que eran las once de la mañana y chasqueó la lengua, ni siquiera recordaba la última vez que había dormido tanto. Observó el sofá donde él había dormido, había una manta a su lado.

—¡Dazai! —Gritó sin volver a obtener respuesta.

Entró en la habitación del niño. La cama estaba perfectamente hecha, nadie había dormido ahí la noche anterior, sobre ella estaba el pijama del pequeño y los cajones, donde guardaba su ropa, abiertos de par en par.

—¡Dazai!

No lo había notado pero su respiración comenzó a volverse más constante y más rápida, no notaba que el oxígeno no llegaba bien a sus pulmones y su nerviosismo estaba causándole problemas al caminar. No podía dejar de preguntarse qué ocurrió anoche ¿En qué momento se durmió? ¿Mató a Dazai? ¿O, de algún modo, el pequeño se enteró de sus intenciones y huyó de él?

Internamente rezaba porque se tratase de la última opción, le dolía que el pequeño lo odiase, pero lejos de él estaría a salvo. Entró en la cocina para encontrarla también vacía.

—¿Dónde coño estás, Dazai? —Preguntó entre dientes.

La preocupación ya se había apoderado de su ser, necesitaba saber dónde estaba el pequeño y si estaba a salvo. Metió la mano en su bolsillo sacando el teléfono que le robó al asesino de hace un par de noches. No había llamadas, ni mensajes.

Joder, no tenía ni una maldita pista.

Ignorando el cómo iba vestido, corrió hacia la puerta, lo buscaría en la calle, aunque no tuviese ni idea de por dónde empezar. Se detuvo frente a la puerta cuando vio, justo ante él, un papel pegado en ella.

Sin cuidado lo cogió y comenzó a leer.

«Nakahara-san, por favor, no se agobie cuando se despierte. Hemos ido a la casa y al verle dormido no hemos querido despertarlo. Hemos visto lo que Dazai-san ha hecho con su teléfono por lo cual hemos salido a comprarle uno nuevo y, de paso, llevar a Dazai-san a desayunar, no dejaba de pedir un vaso de detergente, por supuesto no le daremos eso.

Estaremos de vuelta en seguida.

Atte: Atsushi.»

Si Atsushi pensaba que esa carta de mierda lo iba a tranquilizar estaba muy equivocado. Eso solo lo puso mucho más nervioso. No le importaba sacar a Dazai a la calle aunque fuese peligroso porque él lo protegería, pero, que salga con los inútiles de la agencia le preocupaba ¿Y si ellos no podían protegerlo? ¿Y si le ocurría algo?

Por un momento se rió de su propio pensamiento, que hipócrita había sonado y que poco le había importado ese hecho.

—Vale, Dazai está bien, voy a calmarme.

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