La ironía me condena
a vivir entre mis penas.
Porque te observo, y río,
sabiendo que no eres mío.
Y al sentir tus ojos
brillando en constelación,
volteo y me sonrojo,
creyéndome en perdición.
Porque me asusta, y es obvio,
que al verme puedas leer
cada palabra y sentimiento
que en mis ojos ha de haber.
Quiero verte, no me mires,
de otra forma descubrirás
los secretos aquí dentro
y cuánto te puedo anhelar.
