Capítulo 21 "Sarah"

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Kat y yo no deberíamos estar aquí. Sin embargo, cuando llegó la hora de reunirme con ella para tomar unos tragos, no pude resistir la tentación de matar dos pájaros de un tiro y espiar también a mi querido ingeniero en sistemas. Apenas ayer le envié su paquete de bienvenida, el cual contenía un brazalete amarillo brillante. Qué sorpresa me llevé cuando, al revisar su cuenta a la hora del almuerzo, descubrí que ya había puesto un punto de entrada en un bar deportivo hoy a las siete de la noche. Cuánta ansiedad. Ahora estamos aquí, en el bar deportivo, a pesar de que no deberíamos, a pesar de que estoy rompiendo las reglas de El Club (de nuevo). Pero quiero averiguar qué clase de mujer con brazalete amarillo ha sido elegida como pareja ideal para mi querido, solitario, esperanzado y normal ingeniero amarillo. Espero que encuentre el amor verdadero esta noche. De verdad. Miro el reloj: 6:45.

      Kat y yo llegamos bastante temprano. Durante la última hora, hemos estado bebiendo cerveza y charlando sin parar sobre mi noche (y mañana posterior) con Jonas. Claro que no le conté los detalles de nuestros encuentros sexuales, ni mencioné el hecho de que «casi tuve un orgasmo». Kat no sabe que nunca en la vida he tenido un orgasmo, pues nunca se lo había dicho a nadie que no fuera Jonas. Así que es obvio que no presumiré haber estado más cerca que nunca con él. Además, jamás le contaría a Kat ni a nadie la fijación particular de Jonas por hacer a las mujeres venirse. Por lo tanto, ese tema no formó parte de la conversación. Aun así, sin contar detalles candentes ni compartir información personal de Jonas, parece que La historia de Sarah y Jonas sigue siendo bastante buena, pues durante toda la charla Kat ha exclamado «oh» y «ah» de forma efusiva.

     —Parece un hombre increíble —dice Kat—. Más le vale que lo sea para estar a tu altura.

     Le sonrío.

     —¿Adónde crees que te lleve mañana? ¿Jamaica? ¿Tahití? ¿Borneo?

     —¿Borneo? —pregunto entre risas—. ¿Dónde diablos está Borneo?

     Miro alrededor del bar. ¿Habrá llegado ya el ingeniero en sistemas? Miro el reloj de nuevo. Todavía faltan unos cuantos minutos, pero podría llegar en cualquier momento. Miro de nuevo. Qué ganas de conocer a Doña Amarilla. Espero que esté en busca del amor tanto como él. Uno nunca sabe; quizá su cuento de hadas empiece esta noche, aquí, en este bar deportivo. ¿Por qué no? Digo, está empezando con el pie derecho, pues al menos no es un estúpido púrpura. Sonrío para mis adentros. Para ser sincera, le tengo mucho aprecio a mi estúpido y sensual púrpura.

     Me doy cuenta de que Kat está diciendo algo.

     —¿Qué? —le pregunto—. Perdón. Me distraje un momento.

     —Estoy intentando descifrar adónde te llevará.

     —No tengo idea —digo—. ¿En qué parte del trópico las chicas necesitan botas de senderismo con suela extra gruesa?

     Kat hace un gesto de angustia.

     —Quizá te aventará al cráter de un volcán.

     —Espero que no. Morir derretida en una piscina burbujeante de lava no es el tipo de final que esperaría para nuestra historia.

     Kat se ríe.

     —Eso sí que sería anticlimático.

     Sonrío. Qué peculiar elección de palabras.

     Ambas hacemos una pausa para darle un trago a nuestra cerveza.

     —¿Qué dijo él sobre lo que te contó Georgia? —pregunta.

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