Capitulo cinco.

1.8K 153 6
                                        

Magnus.

Magnus POV (primer día).

Me desperté buscando el calor de mi Garbancito, que para mi sorpresa no se encontraba en la cama, me levanté con la esperanza de que estuviese en el baño y lo pudiese arrastrar de nuevo a nuestro nidito de amor, pero no. Salí del cuarto a la cocina pasando por la sala, y nada. Lo busqué por todo el departamento gritando su nombre como tonto y llamando a su móvil, que por cierto, daba apagado, volví al cuarto, me bañé y me dispuse a vestirme pero algo andaba mal, no fue hasta que abrí el armario que me di cuenta, la ropa y armas de Alec no estaban.

¿Me había dejado? Tomé un pantalón y una camiseta sin fijarme siquiera de qué color eran, me los puse y abrí un portal al instituto. Caminé hacia él y al intentar atravesarlo me golpeé la frente lo cual hizo que cayera de traste al suelo. ¿Pero qué demonios?  Volví a intentarlo varias veces pero me fue imposible, solo conseguí un chichón horrible. Intenté salir por la puerta principal y tampoco pude, incluso intenté saltar desde la ventana pero también fracase. ¿Cómo es posible? No había ni rastros de él y yo estaba atrapado en mi propia casa sin siquiera saber el por qué. No tenía sentido... Ragnor Fell, pensé con molestia. A él siempre le gustaron las bromas pesadas pero esto definitivamente era pasarse de la raya... Sin más que hacer me quedé curioseando por los pasillos ahora vacíos de mi hogar y gracias a ello descubrí varias cosas.

No quedaba absolutamente nada de mí ángel y él no había sido el único que se esfumó en el aire, Presidente Miau tampoco estaba en el edificio. Y lo más importante; un sutil y peculiar aroma a azufre con vainilla que solo podía significar una cosa, Asmodeus...

-¡Maldito!- Vociferé a la nada. -¿Qué mierda nos hiciste ahora?- Seguí gritando sin pararme a pensar.

-Buen día hijo, veo que amaneciste de buen humor- Asmodeus apareció a mis espaldas, a tan solo unos metros, haciendo que pegarse un pequeño saltito por la sorpresa.

-¡Contesta! ¿Qué le has hecho?- No quería sonar alterado pero me era completamente imposible.

-Bueno... Por mucho que me pese... Él está bien. - Eso de alguna manera me tranquilizó por unos segundos pero seguía sin entender.

-¡Quiero que me digas ahora mismo que nos has hecho ahora!- Le exigí, podía ver su sonrisa escalofriante cada vez más grande. Se regodeaba en mi desesperación.

-Tu niño bonito no te recuerda, ni sus amigos y tú no puedes salir de aquí. Gane.- Dijo desde el centro de la habitación a la vez que se preparaba un trago de mi preciado bargueño tallado en ébano del siglo XVI.

-Solo puedes robar recuerdos, no sentimientos. - Susurre, más para recordármelo a mi mismo, y estaba funcionando hasta que ese idiota volvió a hablar.

-Lo se. - Tan solo dos palabras y ya me había alterado más que antes- Pero, ya me he encargado de eso.- Siguió con simpleza.

-Como te atrevas a dañar uno solo de sus preciosos cabellos, juro por Lilith que te mataré con mis propias manos, así sea lo último que haga.- Amenace.

-Como dije.... Por mucho que me pese, no le puedo hacer daño.- Dicho esto Asmodeus se desvaneció en el aire.

Volví desganado a mi cuarto. Ahora solo quería olvidarme de todo, necesitaba a Alexander, o por lo menos averiguar si estaba bien... Sin darme cuenta me quede dormido.

Estaba en un pasillo oscuro, repleto de puertas que se batían con el viento inexistente, intenté pero no logré moverme de mi lugar.

Unos hermosos orbes azules se clavaron en mí, "No vale estar quieto" fue lo primero que se me ocurrió, quizás fue para darle ese toque de chiste malo en una pésima situación que había aprendido a lo largo de los años con Alexander. "Ven, camina" al parecer mis palabras ni siquiera pasaban por mi mente, solo iban directo a mi boca, "No te detengas" podía ver que Alexander se acercaba con timidez. "Amor, ven conmigo" por un segundo creí haberlo asustado pero por el contrario él solo se apuro más, "Corre no nos queda mucho tiempo" ,"Ven, ayúdame" ,"No te detengas Garbancito". Alexander se apuraba cada vez más pero sólo consiguió rozar mis manos y caer al suelo antes de desaparecer por completo. Una chispa de esperanza se encendió en mi corazón al escuchar que me llamó, me llamó por mi nombre. Quizás no había olvidado, o al menos no del todo.

Desperté agitado, esperé que mi corazón y pulmones volvieran a su ritmo natural y me levante, mi estómago crujía.

Quería volver a verlo pero por ahora solo podía hacerlo en sueños y para ello necesitaba gastar energía.

Horas después ya había comido, había limpiado cada centímetro del departamento, había incluso mirado televisión y dado vueltas por todo el loft y aún no sentía cansancio alguno. Decidí que la mejor forma de cansarme era usando magia así que practique por algunas horas y cuando por fin volví a sentir que el cuerpo me pesaba, me bañé y volví a acostarme.

Pestañee y aparecí en el loft. ¿Había caminado dormido? No. Alexander estaba ahí.

-¿Cómo has estado Alexander?- Otra vez, sin pensar asusté al Nefilim.

-¿Cómo sabes mi nombre? ¿Quién eres?- Cada pregunta me dolía en el corazón pero no lo podía culpar, otra vez mi padre se las había arreglado para cagarme la vida. Y él las estaba pagando sin saber.

-Conoces mi nombre Alexander y mucho más que eso...- Mierda Magnus ¿Acaso es mucho pedir que seas un poquitito discreto?

Buscando Un Amor Olvidado. CorregidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora