La historia se desarrolla en una zona rural de Japón, en uno de esos lugares donde las mañanas huelen a tierra húmeda y el silencio parece abrazarlo todo. Sucedió unos meses después de haber cumplido quince años. En aquel entonces, yo era una chica común, tan normal como cualquiera de las que podría encontrarse caminando por un sendero estrecho camino a sus clases. No destacaba por nada en particular y quizás por eso aquel día quedó grabado tan profundamente en mi memoria.
La diferencia entre ese día y todos los anteriores era simple pero enorme: era mi primer día de clases en el colegio St. Miator, un instituto elegante y estrictamente femenino del que solo había escuchado rumores y comentarios fascinantes. Nunca antes había asistido a un colegio para señoritas; mis otras escuelas siempre habían sido mixtas, animadas, ruidosas... y este cambio me hacía sentir como si estuviera entrando en un mundo completamente distinto.
Aquella mañana me desperté a las 6:50 am, aunque la palabra despertar quizás se quedara corta. Lo primero que recuerdo fue la sensación cálida y borrosa del sueño del que venía. Había soñado con mi primer día en aquel colegio: los pasillos impecables, el murmullo de las chicas conversando, los uniformes relucientes. Sentía emoción, sí, pero también una ansiedad que me revolvía el estómago desde la noche anterior.
Cuando abrí los ojos y miré el reloj, el corazón casi se me detuvo.
-¡No puede ser! -susurré, incorporándome de golpe.
El reloj marcaba una hora peligrosamente tarde para una estudiante nueva.
Me vestí rápidamente con las prendas que encontré en la silla junto a la cama, intentando decidir que ponerme, de modo que no me tome mucho tiempo elegir, pero tampoco que se me vea mal. Al final, opté por lo práctico: una rápida sacudida al cabello, un poco de agua en el rostro para despejarme y salí casi atropellando la puerta.
No tuve tiempo de pensar en nada más. Ni siquiera desayuné.
Es más... ni siquiera había cenado la noche anterior. Los nervios me habían apretado el pecho de tal manera que solo pude tomar un par de tazas de té caliente, intentando convencerme de que estaría bien, de que todo saldría perfecto.
Me encontraba de muy buen humor mientras caminaba hacia mi nuevo instituto, casi como si mis pasos fueran más ligeros de lo normal. Sentía una especie de cosquilleo en el estómago, pero no era desagradable; al contrario, era esa emoción tibia que te envuelve cuando estás convencida de que, por fin, las cosas pueden empezar a salir bien. O al menos, eso quería creer.
El camino hacia St. Miator era más largo de lo que pensaba, pero no me importaba. A cada paso descubría rincones que aún me resultaban desconocidos. La verdad es que no hacía mucho tiempo desde que me había mudado a esta pequeña ciudad, casi tan tranquila y compacta como un pueblo, donde las calles parecían repetirse y las casas conservaban ese encanto antiguo que solo se encuentra lejos de las grandes urbes.
Mientras avanzaba, mis ojos se iban llenando de colores nuevos.
-¡Woooow, qué flores más bonitas! -exclamé sin darme cuenta, con una alegría infantil que brotó sola al ver el paisaje.
Los arrozales se extendían a ambos lados del camino, brillando bajo la luz suave de la mañana como si cada gota de rocío fuera un pequeño espejo. El viento los hacía moverse como olas verdes, y por un instante me quedé simplemente observando, fascinada.
A lo largo de la valla, pequeños arbustos de coronas de las dos novias adornaban el sendero. Sus ramilletes de flores blancas, delicadas como papel, resaltaban entre el verde de los campos. Sin pensarlo demasiado, estiré la mano hacia uno de ellos.
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Strawberry Panic - Novela Completa
RomanceLa siguiente historia es narrada desde el punto de vista de Aoi Nagisa; una chica alegre y carismática la cual ingresa al instituto femenino St. Miator, en el cual pasará muchas aventuras junto con sus amigas. La siguiente historia es recapitulada...
