Los últimos días junto con Tamao fueron increíblemente divertidos e interesantes; no tuvimos que preocuparnos por responsabilidades y pudimos jugar, explorar los alrededores y hacer todo lo que nos apetecía sin restricciones. Cada momento que pasábamos juntas me permitía conocerla mejor y descubrir más sobre su vida: su madre trabajaba en una floristería muy importante de la ciudad y, curiosamente, también había estudiado en Miator, al igual que mi tía. Fue fascinante escuchar sus historias sobre la escuela y cómo eran los días de su infancia, y me di cuenta de cuánto admiraba a su madre. A su vez, Tamao mostró un interés genuino por mí, preguntando sobre mi familia, mi antiguo hogar, mis gustos y pequeñas anécdotas de mi vida anterior. Poco a poco fui compartiéndole cosas que jamás había contado a nadie, y su manera de escuchar, siempre atenta y cálida, me hacía sentir una conexión especial. Puedo decir con certeza que nuestra amistad iba creciendo de manera natural, con cada día que pasaba ella se ganaba más y más mi confianza y cariño, hasta el punto de que ya no podía imaginar mis días en Miator sin su compañía y su sonrisa constante.
Pero después de los días libres regresamos al lunes, y una vez más tocaba ir a clases. Yo me encontraba profundamente dormida, sintiendo que cada fibra de mi cuerpo deseaba permanecer en la cama, abrazando la comodidad de las sábanas. No quería abrir los ojos, no quería enfrentar la rutina ni las obligaciones; simplemente quería quedarme allí, dejando que el tiempo pasara sin pensar en nada.
—Nagisa, despierta —susurraba Tamao desde mis sueños.
—Nagisa, despierta —repitió, y esta vez comprendí que no era un sueño.
Sentí unas cosquillas suaves en mis mejillas que me hicieron encogerme un poco.
—Despierta —insistió Tamao. Abrí los ojos y la vi realmente frente a mí, inclinada sobre la cama, sonriéndome mientras movía sus dedos en un intento de sacarme del sueño. Su entusiasmo era contagioso, y a pesar de mi mal humor matutino no pude evitar sonreír con algo de culpa.
—Tamao, ya te he dicho que no me hagas cosquillas —me quejé, fingiendo estar enojada. Ella solo rió con suavidad, y su risa tenía ese efecto que lograba que cualquier molestia desapareciera en segundos.
—Hasta cuando estás enojada, mi Nagisa se ve tan linda —dijo con una sonrisa pícara, inclinándose un poco más cerca para mirarme con sus ojos brillantes.
—No me digas eso, me da igual —repliqué, dándome la vuelta y cubriéndome con las sábanas otra vez, intentando aparentar indiferencia aunque sentía un leve calor en las mejillas.
—Vamos, levántate, Nagisa. Mira que el uniforme que estuviste esperando por fin llegó hoy —dijo Tamao con emoción, y algo en su voz me hizo incorporarme de inmediato, dejando atrás toda la pereza de la mañana.
Mi corazón comenzó a latir más rápido. —¿En serio? No puedo creerlo… ¡por fin podré usar uniforme como todas! —exclamé, contagiándome del entusiasmo de Tamao. Me parecía a ella emocionándome por detalles que parecían simples, pero que para mí eran grandes logros.
Tamao sacó con cuidado una caja grande y, al abrirla, mis ojos se iluminaron: allí estaban, cuidadosamente doblados, mis dos uniformes, uno negro y otro verde, tal como me había explicado. El negro, para usarlo de inmediato, y el verde, que debía guardarlo hasta la época correspondiente.
—Bien, el uniforme verde debes guardarlo muy bien, todavía falta tiempo para poder usarlo —me indicó Tamao, con una sonrisa, mientras yo asentía y lo guardaba cuidadosamente en mi armario. Solo quedé con el negro entre mis manos, admirando la tela y los detalles del uniforme. Sentí una mezcla de emoción y nerviosismo, imaginando cómo me vería por primera vez frente a todas las estudiantes con él puesto.
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Strawberry Panic - Novela Completa
RomanceLa siguiente historia es narrada desde el punto de vista de Aoi Nagisa; una chica alegre y carismática la cual ingresa al instituto femenino St. Miator, en el cual pasará muchas aventuras junto con sus amigas. La siguiente historia es recapitulada...
