El amor siempre está en el lugar menos pensado; nunca sabrás lo que la vida te tiene destinado.
Doce largos años desde que esa extraña mujer le arrebató la vida a mi abuelo. En ese entonces yo era apenas una niña, pero aún puedo cerrar los ojos y escuchar el eco del disparo, sentir el olor a pólvora mezclado con el tabaco rancio de ese motel. Es una herida que ha marcado toda mi vida. Por más que intento enterrar los recuerdos y bloquear mi mente, no lo logro; la culpa de haber caminado de su mano esa noche me persigue. El rencor que siento hacia ella es lo único que me mantiene en pie. Sin saber su nombre ni sus motivos -detalles que me niego a averiguar por miedo a humanizarla-, me alivia saber que recibió su castigo: fue condenada a quince años de prisión. Saber que ya ha cumplido doce de esos quince años me revuelve el estómago; el tiempo se está agotando, pero intento convencerme de que sigo a salvo. Ninguna cantidad de tiempo tras las rejas me devolverá los abrazos de mi abuelo.
Nos mudamos a Palencia hace poco más de tres años debido a las exigencias laborales de mis padres. Fue un proceso dolorosamente difícil dejar atrás nuestra antigua vida y a mi abuela, quien se negó rotundamente a acompañarnos, aferrándose a sus raíces.
Hoy prometía ser un día escolar completamente normal. Mis padres estaban sumergidos en los preparativos de un viaje de negocios; sus ausencias por trabajo se han vuelto una rutina común en nuestras vidas. A pesar de la distancia física que imponen sus empleos, somos una familia muy unida, especialmente mi madre y yo.
-¡Isabel, ya es hora! -resonó el grito de mi madre desde el umbral de la puerta principal.
-Mónica, por Dios, no hay necesidad de gritar tanto -intervino mi padre, Gustavo, con su habitual tono de reproche ante los ruidos estridentes.
-¡Ya voy! -respondí desde la planta alta mientras terminaba de colgarme la mochila al hombro
.-¡Tenemos que irnos ya o perderemos el vuelo al aeropuerto! -apremió mi madre. Comencé a bajar los escalones a toda prisa, pero la prisa es una mala consejera. En un descuido, mi pie izquierdo resbaló en el borde alfombrado y perdí el equilibrio, cayendo rodando por las escaleras en una dolorosa y caótica secuencia de golpes.
-¡Isabel! -el grito de mi madre estuvo cargado de un pánico genuino. El impacto me dejó tendida en el suelo, completamente inmóvil y sin aliento. Ante la imposibilidad de levantarme por mi cuenta, mis padres cancelaron sus planes inmediatos y me trasladaron de urgencia al hospital. Tras varias horas de radiografías y revisiones médicas, el diagnóstico fue un alivio: nada de gravedad. Solo un esguince cervical leve que me obligaba a usar un molesto collarín por unos días y a mantener reposo absoluto.
-Perdón por arruinarles el viaje -balbucí en la camilla de la clínica, sintiéndome una carga.
-No te preocupes por eso, mi amor. No fue tu culpa, fue un accidente -me consoló mi madre, acariciándome el cabello.
-Lo verdaderamente importante es que estás bien -añadió papá, aunque su semblante cambió a uno más serio al mirar su reloj.
- Sin embargo, tengo una mala noticia: no podemos cancelar del todo el viaje. Debemos volar a Londres esta misma noche de forma obligatoria. Por eso, me adelanté y llamé a alguien que se encargará de cuidarte y acompañarte por los próximos días... o meses. La puerta de la habitación del hospital se abrió lentamente y el rostro de mi salvación apareció tras ella.
-¡Abuela! -exclamé, sintiendo que la emoción borraba parte del dolor físico.
-Tu abuela Teresa y tú estarán juntas una buena temporada -anunció mi madre con una sonrisa de alivio.
-Yo me encargaré de que te recuperes pronto, mi niña. No es por presumir, pero en mis tiempos era una excelente enfermera -declaró la abuela con un tono jocoso que nos hizo reír a todos.
-Claro que sí, eres la mejor enfermera y la mejor abuela del mundo -respondí con una enorme sonrisa.
(...)
Pocas horas después, ya me encontraba instalada en la comodidad de mi propia cama. Había pasado tanto tiempo entre salas de espera y consultorios que apenas me percaté de que me había saltado un día entero de clases.
-Hija, abajo están dos jóvenes que vienen a visitarte; dicen que se llaman Fabián y Maddy -anunció la abuela, asomando la cabeza por la puerta de mi habitación.
-¡Diles que pasen, por favor! -contesté entusiasmada. Ellos eran mis pilares, mis mejores amigos.
-Hola, lesionada -saludó Maddy al entrar, escaneando mi collarín con una mezcla de lástima y diversión.
-Hola, hola, niña. ¿Qué te pasó? -saludó Fabián, abriendo los ojos como platos.
-Hola a los dos -los saludé con una mueca.
-Nos estábamos preguntando en clase por qué habías faltado, pero ahora veo que decidiste estrenar un nuevo accesorio de moda -bromeó Fabián, ganándose un leve empujón de mi parte.-Sí, bueno... parece que las escaleras y yo seguimos teniendo una relación bastante conflictiva. Los tres estallamos en risas. Su presencia siempre lograba aligerar cualquier ambiente denso.
-Pues es una verdadera lástima que no hayas ido hoy -comentó Maddy, cruzándose de brazos con una chispa de malicia en los ojos.-Te perdiste de lo bueno.
-Por favor, Maddy, no empieces -interrumpió Fabián con fastidio, rodando los ojos exageradamente.
-¿De qué me perdí? -pregunté, picada por la curiosidad.-Acaba de incorporarse el nuevo profesor de literatura y, no es por nada, Isabel, pero está verdaderamente guapísimo. Es un monumento de hombre-.
No pude evitar soltar una carcajada ante la expresión tan vívida y exagerada que puso mi amiga.
-Yo no sé qué le ven, de verdad. A mí me pareció un completo engreído y un prepotente -bufó Fabián con evidente desdén.
-Por fortuna, querido Fabián, tú no eres la persona que está buscando saborearlo, así que tu opinión no cuenta -replicó Maddy con sarcasmo.
La habitación se llenó de mis carcajadas. Sus discusiones infantiles eran el mejor remedio para mis dolores. No sabía qué sería de mi vida sin ese par de locos.
-¿Y a David ya lo olvidaste, o este profesor es solo un clavo para sacar otro clavo? -soltó Fabián sin pensar. El ambiente se congeló al instante y mi risa se apagó. David era el exnovio de Maddy; una herida que seguía abierta y sangrando, sobre todo porque se veía obligada a compartir el mismo salón de clases con él todos los días de la semana.-Con eso no se juega, Fabián -sentenció Maddy con la voz quebrada. Se puso de pie bruscamente y caminó hacia la terraza de mi habitación, dándonos la espalda.
-Creo que metí la pata hasta el fondo -susurró Fabián, con el rostro desencajado por la culpa.
-¿Crees? -respondí con seriedad-. No te preocupes, yo hablo con ella. Es mejor que te vayas ahora antes de que decida darse la vuelta y lanzarte por el balcón.-Me voy, me voy. Mañana te veo, Isa. -Sin decir más, salió casi huyendo del cuarto. Me deslicé con cuidado de la cama, acomodándome el collarín, y salí al balcón. Maddy estaba apoyada en el barandal, contemplando el horizonte. Me coloqué a su lado en silencio, ofreciéndole mi apoyo silencioso.
-¿Cómo lo haces, Isa? -me preguntó de repente, sin mirarme.
-¿Hacer qué? -inquirí, sin comprender del todo el rumbo de sus pensamientos.
-Mostrarte tan fuerte ante el mundo... -Hizo una pausa y supe exactamente a qué se refería, - Cuando descubriste toda la verdad sobre Rogelio, cuando supiste que estaba comprometido con otra... tú seguiste adelante, sonriendo como si nada te afectara-. Una lágrima solitaria y traicionera comenzó a resbalar por mi mejilla, recordándome que las heridas del corazón tardan en cerrar.
-Eso que veías era solo una máscara, Maddy. Cada vez que me quedaba sola, cuando nadie podía juzgarme, lloraba hasta que los ojos me ardían y me quedaba sin lágrimas. Dolía muchísimo. Y para serte honesta, aún duele. A las dos nos rompieron el corazón; es un sufrimiento parecido, pero cada quien carga con su propio peso.
(...)
A la mañana siguiente, me dispuse a prepararme para asistir a la preparatoria; cursaba mi último semestre y la presión académica era sofocante. El médico del hospital me había ordenado guardar reposo estricto, pero la realidad de mis notas me impedía darme ese lujo. Mis calificaciones habían sufrido un declive alarmante el semestre pasado y necesitaba recuperarme con urgencia si quería graduarme con buen promedio.
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No Fue Un Error
Misteri / ThrillerIsabel conoce a Christian en el aula de clases, se enamorar completamente pero el destino les tiene varios obstáculos, uno de ellos es que el es SU PROFESOR. Tendrán que aprender a defender su amor sobre todas las cosas, aún que no será tan fácil ya...
