El amor siempre está en el lugar menos pensado; nunca sabrás lo que la vida te tiene destinado.
Ya pasaron dos años de ese día, el día en que esa mujer mató al abuelo. Aún recuerdo perfectamente cada segundo de lo que sucedió aquella noche. Por más que trato de no pensar en eso, no lo logro. Recuerdo el rencor que le tengo a esa mujer; sin saber su nombre o sus motivos —y eso no me interesa—, me alegra que haya recibido su castigo: estará quince años en la cárcel.
Nos mudamos a Palencia hace más de tres años, ya que el trabajo de mis padres lo necesitaba. Fue muy doloroso dejar a mi abuela sola; no quiso acompañarnos.
Hoy era un día normal de escuela. Mis padres tenían un viaje de negocios; es muy común que salgan de viaje. Somos muy unidos, más mi madre y yo.
—Isabel, ya es hora —gritó mi madre desde la puerta.
—Mónica, no hay por qué gritar tanto. —Ese era mi padre, Gustavo, como siempre regañando por los gritos.
—Ya voy —dije desde la planta alta.
—Tenemos que irnos al aeropuerto —dijo mi madre.
Bajaba las escaleras corriendo, pero sin fijarme me resbalé y caí rodando por las escaleras.
—¡Isabel! —gritó mi madre.
No podía moverme, así que de inmediato me llevaron al hospital. Por suerte no tenía nada grave; solo tenía que usar un collarín por unos días y estar en reposo.
—Perdón por arruinarles el viaje —dije.
—No te preocupes por eso, no fue tu culpa, fue un accidente —dijo mi madre.
—Lo bueno es que estás bien —dijo papá—. Pero tengo que darles malas noticias: no podremos quedarnos contigo. Tenemos que viajar a Londres, así que llamé a alguien que te acompañará por unos días o meses.
Abrió la puerta y estaba mi abuela.
—Abuela —dije emocionada.
—Tu abuela Teresa y tú estarán juntas por varios días —dijo mi madre con una sonrisa.
—Yo te cuidaré para que te mejores pronto. No es por presumir, pero soy una muy buena enfermera —dijo con voz graciosa.
—Claro que sí, y la mejor abuela —dije con una gran sonrisa.
(...)
Pocas horas después yo ya me encontraba en mi casa. Pasé todo el día en el hospital, que ni cuenta me di de que no había asistido a la escuela.
—Hija, abajo están dos jóvenes que vienen a verte, son Fabián y Maddy —dijo la abuela abriendo la puerta de mi habitación.
—Diles que pasen —dije emocionada. Ellos eran mis mejores amigos.
—Hola —dijo Maddy al entrar.
—Hola, hola, niña —saludó Fabián.
—Hola —los saludé.
—Nos preguntamos el porqué no habías ido a la escuela, pero ahora vemos por qué —dijo Fabián asombrado.
—Sí, las escaleras siguen sin quererme.
Ellos comenzaron a reír.
—Pues es una lástima que no hayas ido —dijo Maddy.
—No empieces —respondió Fabián con seriedad, torciendo los ojos.
—¿Qué pasa? —pregunté con risa.
—Acaba de llegar un maestro de literatura y, no es por nada, pero está guapísimo.
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No Fue Un Error
Novela JuvenilIsabel conoce a Christian en el aula de clases, se enamorar completamente pero el destino les tiene varios obstáculos, uno de ellos es que el es SU PROFESOR. Tendrán que aprender a defender su amor sobre todas las cosas, aún que no será tan fácil ya...
