—¿Qué haces aquí, Rogelio? —dije con miedo.
—Vine a hablar contigo —contestó él.
—¿Hablar sobre qué? ¿Sobre la manera en la que me engañaste? O, ya sé, vienes a contarme sobre los preparativos de tu boda. Pero lamento decirte que no me interesa nada de lo que tengas que decirme —dije con una voz más firme.
—Por favor, escúchame —suplicó.
—No quiero escuchar ni una más de tus mentiras. —Comencé a caminar hacia la puerta de mi casa.
—Me vas a escuchar quieras o no —dijo poniendo su mano en mi cuello.
—Suéltala —escuché a Christian decir. Lo alejó de mí y comenzó a golpearlo—. No quiero que te acerques a ella.
En un movimiento rápido, Rogelio comenzó a golpearlo. No podía detenerlos, parecían animales, aunque Rogelio llevaba la delantera; consiguió tirar a Christian y comenzó a golpearlo con más fuerza. Salieron los vecinos y dos de ellos lograron separarlos.
—¿No te bastó con el daño que me hiciste? Hazme un favor y no vuelvas nunca —le dije a Rogelio con lágrimas en los ojos. Pero esas lágrimas no eran por él, sino por Christian. Estaba demasiado golpeado. Logramos meterlo a la casa con ayuda de los vecinos; se quejaba del dolor y temíamos que tuviera algo grave.
—Tenemos que llevarlo a un hospital —dijo la abuela algo preocupada.
Llamamos a una ambulancia. Yo no dejaba de llorar, lo veía golpeado; esto había sido mi culpa, él solo me observaba. Una vez en el hospital, tardaron una hora en darnos noticias sobre él.
—Doctor, ¿cómo está Christian? —pregunté angustiada.
—Está bien, no tiene ninguna lesión interna, solo moretones y tuvimos que coser algunas de sus heridas, pero estará bien. En un rato se podrá retirar.
Sentí mucho alivio al escuchar eso.
—¿Podemos entrar a verlo? —preguntó la abuela.
—Solo ella —apuntó hacia mí—, tu novio no deja de nombrarte.
¿Mi novio? ¿De qué estaba hablando este señor? Pensé en corregirlo, pero si lo hacía era probable que no me dejaran pasar.
—Hola —saludé a Christian, quien estaba sentado en una camilla.
—Hola —respondió con una sonrisa.
—El doctor nos dijo que te podrás ir en un rato. Dime, ¿tienes el número de algún familiar?
—No quiero que nadie se entere, yo me iré a mi casa —dijo un poco serio.
—Está bien, como quieras... —Me acerqué a él—. Gracias por defenderme —agradecí.
—Te dije que todo lo que te pasara me importaba —respondió con un tono más suave—. ¿Quién era él? —preguntó.
—Alguien de mi pasado —respondí algo seria—. Tengo que ir con la abuela. —Salí de la habitación.
—¿Y cómo está tu novio? —dijo mi abuela burlándose una vez que me vio.
—No es gracioso, abuela. Bien, solo tiene algunos moretones.
—¿Te dio el número de alguno de sus familiares?
—No, él no quiere que nadie de su familia se entere, y quiere irse a su casa. ¿Qué hacemos? —pregunté preocupada.
—No debemos dejarlo solo, está herido, hay que llevarlo a la casa.
—Estoy de acuerdo contigo, ahí podemos cuidarlo —respondí. Regresé de nuevo con Christian—. Lo hablé con la abuela y decidimos que lo mejor es que te llevemos con nosotras.
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No Fue Un Error
Teen FictionIsabel conoce a Christian en el aula de clases, se enamorar completamente pero el destino les tiene varios obstáculos, uno de ellos es que el es SU PROFESOR. Tendrán que aprender a defender su amor sobre todas las cosas, aún que no será tan fácil ya...
