Capítulo ocho: Duelo

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— Quiero que les quede bien claro esto

Samael se cruzó de brazos mirando a sus hermanos de manera severa

— Aunque el Vaticano no es una amenaza mortal para mí, resulta ser un incordio. Para un hijo pródigo como yo, no hay mejor caja de juguetes que Asshia. Aun así, podría decirse que he aprendido a amar a la humanidad, es por eso que ustedes dos cabezas de chorlito deben controlarse y evitar causarme problemas. ¿Les ha quedado claro?

Tanto Amaimon como Lucifer estaban en el piso sentados al estilo seiza, mientras mantenían la cabeza baja y poseían un chichón en la cabeza. Mephisto después de haberlos sacudido sin piedad alguna por algunos minutos, finalmente los soltó.

Sin embargo, debido a la facilidad del rey demonio de la luz para marearse, este terminó vomitando sobre la alfombra de la oficina al no poder llegar al baño. Claramente que por eso los dos fueron sancionados con un golpe en la cabeza con la sombrilla de Samael.

— Sí, Sammy. — respondió Lucifer — Oye, Amaimon ¿Vamos a jugar?

— ¿Jugar qué? — cuestionó el nombrado.

— ¡Podemos ir a la ciudad y atormentar a los seres humanos un poco! — propuso sonriendo ante su idea — Dicen que los humanos ante un terremoto son como las hormigas, se ponen a correr de un lado a otro y gritan igual a que... ¡Eso duele, Sammy!

— ¿¡Qué no habías dicho que te quedó claro!?

El peli-morado le fulminó con la mirada tras haberle propinado al rubio un golpe con su sombrilla

— ¡Escuchen con atención! Ya no están Gehena, están en Asshia. Asshia es el mundo de los humanos, y si quieren permanecer aquí deben aplicar siempre lo siguiente: "Si estás en el mundo humano, compórtate como humano"

— ¿Qué se supone que significa eso? — preguntó Lucifer.

— Averígualo tú mismo — respondió Samael — Les adelanto de una vez que si llegan a matar a alguno de mis estudiantes por alguna estupidez suya...yo mismo los mataré, ¿Queda claro?

Esa pequeña charla resonaba una y otra vez en la mente de Amaimon, tal cual disco rayado. "Si estás en el mundo humano, compórtate como humano". Aquella frase igualmente no le dejaba la consciencia en paz.

Las reacciones y costumbres de los demonios diferían demasiado a las de un ser humano. Por ejemplo, a un demonio le era normal presenciar un asesinato y permanecer tranquilo, en cambio, un humano se ponía esquizofrénico y terminaba hasta traumado.

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«Debe ser broma»

Rin se cruzó los brazos, mientras tenía la mirada sobre las páginas del libro abierto como si estuviera concentrado en el contenido de este. Sin embargo, su mente estaba ocupada en otra cosa.

El hecho que Amaimon lo besara cada que podía se le venía a la mente una y otra vez, haciéndole repetir mentalmente esas escenas. Aquello le causó un sentimiento de profunda vergüenza. Ahora que reparaba en ello, debía de admitir que los labios de Amaimon eran bastante dulces y...

«¡No puedo estar pensando en esas cosas!»

¡No podía estarse enamorando de Amaimon! ¡Era un demonio! Y él pronto se convertiría en exorcista, y no pararía hasta llegar a Paladín y patearle el trasero a Satanás. Además, ¡Era su hermano! Amaimon, aunque Rin odiase admitirlo por diversos motivos, ¡Era su maldito hermano! Bueno, medio hermano.

Llamas azules [AmaimonxRin]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora