Capítulo diez: El sinónimo de escuela puede ser infierno

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Al haber abandonado la oficina de Samael, Amaimon no había dejado de mordisquearse la uña ni por un solo segundo. Lucifer le observaba con interés oculto, pocas veces podía ver a Amaimon tan ansioso o preocupado por algo, rara vez por ambas cosas.

— ¿Pasa algo?

— No, no es nada importante — respondió el peli-verde dejando su uña en paz

— Esto va a ser divertido — rió el rubio entre dientes.

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Llegó nuevamente el lunes. Rin una vez hubo llegado a su salón de clases, sacó de su mochila su cuaderno y libro para disponerse a hacer la tarea de la cual se había olvidado por completo. Para su suerte, era un deber bastante sencillo que al poco rato fue capaz de terminar.

Sintiéndose más relajado, guardó sus cosas nuevamente en su mochila, y finalmente, reparó en algo. Era el único en la institución en esos momentos.

«¿Acaso llegué demasiado temprano?»

Algo no le pintaba bien. Y eso era el hecho de que hasta ahora, era el único en el salón de clases. Decidió esperar un poco más. El sonido que le hacía compañía era el «tic tac» del reloj, abrió los ojos y lo enfocó en este. Ya daban las 7:20 y el salón se encontraba desierto. Frunció el ceño.

«¿Dónde está todo el mundo?»

Decidió salir del salón y recorrer los pasillos de la institución, abriendo de puerta en puerta los salones más cercanos a su aula. A cada minuto se iba extrañando aún más, siendo sincero tenía un muy mal presentimiento de todo aquello.

Se quedó unos minutos en el pasillo, cruzado de brazos y suspiró. Bien, ¿Qué era lo que pasaba ahí? Era lunes, comprendía que quizá la flojera les ganara a algunos respecto a llegar puntual a clases, pero eso era ridículo, ¿Por qué razón nadie...?

«Ah, mierda. Ya sé que pasa»

El viernes había prestado atención nula. A último período siempre daban los avisos. No era la primera vez que le pasaba que, tras pasar de distraído, si aquel día era viernes de vez en cuando los lunes al llegar a la escuela tardaba un rato en percatarse en el por qué esta se encontraba vacía.

La respuesta realmente que era demasiado sencilla: Ese día no había clases. Para colmo, ¡Yukio ni siquiera se molestó en avisarle! Aunque últimamente la comunicación entre ellos era escasa. Resopló irritado, volvió a su salón para coger su mochila, y justo cuando se disponía a salir del aula, simplemente pasó.

— ¡Mira a la cámara, pequeña puta!

De un momento a otro, al poner un pie fuera de su salón, sobre él cayó una sustancia pegajosa y de color dorado, que por la consistencia identificó como miel. Seguido, sintió como dejaban caer encima suyo un montón de plumas, las cuales se adhirieron a su piel pegajosa.

Oyó el flash de una cámara, la luz le lastimó los ojos. Cuando recobró del todo la visión, fue capaz de divisar a la panda de inútiles que solía acompañar a Shiratori.

«Mierda...»

— ¿Qué? ¿Te enojaste? Que miedo — rió uno de los chicos — Dime, ¿Acaso estás triste por qué Igor Negaus ya no está para darte por el culo, pequeña puta?

La mención de ese maldito nombre fue suficiente para que el aire amenazante que quiso emanar le abandonara de golpe, se estremeció al recordar lo que un par de semanas atrás le había pasado.

Llamas azules [AmaimonxRin]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora