Zack un mal limpiacristales

154 17 10
                                        

-Puedo pedirte un favor -preguntó Jake, era mi mejor amigo, podría pedirme cualquier cosa, le ayudaría.

Asentí con la cabeza, no sabía que podría preocuparle tanto como para pedirme un favor, parecía distante. Sentía lástima por él, no me gustaba verle en ese estado,. Finalmente, me dijo con preocupación, mirándome a los ojos.

-Sepárate de Zachary, hazlo por mí.

Me quedé totalmente de piedra. ¿Quién coño se cree qué es para decirme lo que debo hacer? Ah sí, tu mejor amigo, idiota. Amo a mi subconsciente, siempre me intenta fastidiar con sus confusas preguntas y sus sabias respuestas. Estaba sentado encima de mi cama, con el pelo despeinado y los ojos suplicantes y yo no sabía que decirle, Zack no era mi mejor amigo, pero me caía bien, me lo paso bien con él y aunque no piensen que estoy loca, me sigue pareciendo un chulo arrogante que no sabe de la existencia de los demás.

¿Qué haría? No quiero alejarme de Zack, a una parte de mí le hace bien, pero no soporto ver a Jake así, agobiado y asustado, como nunca antes le vi. Me preocupa verle así, ¿Qué podrá haber pasado entre ambos como para que se repelen? No lo sé, pero Jake ... No puedo decirle que no, siento sentimientos extraños hacia él, cosas que no había experimentado con ningún otro, tal vez fuera el echo de que era mi ángel o tal vez el  echo de que podría enamorarme de él.

-Esta semana. Estos seis días y me alejaré de él, te lo prometo -dije finalmente. Miraba a sus ojos como la furia y depresión iba cambiando por su habitual tranquilidad- Tan solo quiero un motivo por lo que deba alejarme.

Sus ojos entristecieron como si de repente hubiese ganado y perdido al mismo tiempo. No sabía lo que tan malo había hecho él por lo que me tenga que alejar. Pero una promesa no se la puedes dar a cualquiera y mucho menos sin ninguna explicación. Si prometes algo a alguien estás jugando con tu palabra y las palabras definen a cada persona. Al menos, así lo pienso yo.

-Te hará daño, él no es como yo -dijo esto esperando mi respuesta, debió darse cuenta de que no sabía de que hablaba porque prosiguió hablando- No estás  lista para comprenderlo todo, las piezas no te cuadrarían, no sabes quién eres y no sabes mi misión, aléjate de él pasada esta semana, te vigilaré, debo hacerlo, siento no poder darte explicaciones.

Parecía triste, asustado y furioso. Creo que sabe todo lo que he estado pensando acerca de él, lo he sentido, ha intentado buscar y cotillear mi memoria, mis recuerdos y mis pensamientos. Eso es algo íntimo, algo mío y que no se puede saber. Sé cuando lo hace; mi cabeza se tranquiliza y por mi mente van pasando distintos recuerdos. Los que él intenta ver. Hace tiempo me contó que ese era uno de sus poderes como ángel, desde entonces, he encontrado una manera que evita que los pueda ver, no es gran cosa, tan solo cierro los ojos y me concentro, después, los recuerdos van volviendo a mi mente y cerrándole el paso a ella.

Salí de mis pensamientos y volví a la realidad. Él seguía ahí, en su misma postura algo encorvada, con los brazos sobre la cama sujetándole, me miraba con un profundo brillo en sus preciosos ojos verdes, no sabía distinguir si era de esperanza por que confiara en él. Cuando vio en mi mirada que le haría caso desapareció dejándome sola en mi cuarto una noche del lunes. Serían sobre la una de la madrugada cuando me quedé dormida, tumbada en la cama mientras ideas confusas sobre quién soy realmente recorrían lo más profundo de mi mente, mi memoria. Lamentablemente, no recuerdo nada sobre mi infancia. ¿Extraño? Tal vez.

Tras una rutina por la mañana como otra cualquiera, pude llegar al instituto antes de que sonara el timbre con unas tremendas ojeras. Mi noche no fue buena, no lo niego, a penas pude dormir, estuve imaginando algunos recuerdos sobre mí. Pero no hay nada. Solo veo ángeles y demonios, y de vez en cuando, a la chica que apareció en mi sueño la noche anterior.

Un don neutralDonde viven las historias. Descúbrelo ahora