Padre

1.6K 149 89
                                        

Según investigue, Funa mostró a Minami un 18 de noviembre, así que; feliz cumpleaños, Minami :)

Agradecimientos a Dadnob por la hermosa imagen :)

Advertencia: Sangre. Mutilación parcial.

*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*


Lo siguiente que pasó fue Sal levantándose de golpe y yendo directo hacia Minami. El resto de los invitados gritando alterados y sorprendidos, mientras que Wadanohara seguía petrificada, aún incapaz de creer que Samekichi estaba realmente ahí.

—¡Maldito chiquillo!—. Gritó Sal, señalando al menor. —¡Te dije que dejaras estas mierdas! ¡Te lo advertí! —.

Sal estaba iracundo, su estado de embriagues haciendo que su visión se volviera borrosa y de túnel. Su caminata firme y directa hacia Minami. Iba a acabar con el menor, frente a todos e incluso frente a Wadanohara, ya no se contendría; el mocoso ya había desbordado el vaso. Gruñó al ver el semblante altanero del menor, quien le sonrió socarronamente.

—¡Mocoso de mierda!—.

Se arrojó contra el menor, listo para hincarle sus largas filas de dientes y deshacerse de él de una vez por todas. Deseaba borrarle esa socarrona sonrisa a mordidas y arrancarle la cabeza para no volver a verlo. Pero no llegó a tocar un solo cabello de Minami, Samekichi saltó frente al menor, sus garras listas y Sal no tuvo tiempo de detenerse.

Samekichi lo tomó del cuello, su mano derecha cerrándose alrededor de su cuello, sorprendiendo a Sal por la rapidez con la que se movió. La sala entera gritó con pánico cuando Samekichi arrojó a Sal a la izquierda, los invitados que estaban cerca del lugar corrieron al ver el cuerpo del tiburón blanco precipitarse a ellos.

Sal se estrelló contra las frágiles paredes, destrozándolo y gruñendo enfurecido cuando se levantó. Corrió hacía Samekichi de nuevo, acción que imitó el otro tiburón. Encontrándose a medio trayecto Sal evitó un golpe del otro, mirando las peligrosas garras pasar a milímetros de su rostro. El tiburón albino se arrojó contra el cuello de Samekichi.

Cuando sus dientes se incrustaron con facilidad en la suave piel del hombro, esperó escuchar el desgarrador grito de Samekichi, pero no fue así. La sangre salía a borbotones, manchando sus ropas y el suelo, salpicando todo lo que se encontraba cerca suyo. Sal sintió las garras de Samekichi tomarlo de los brazos y después una poderosa mordida en su hombro izquierdo.

El dolor se disparó por su cuerpo y ahogó un grito de dolor cuando Samekichi se alejó, arrancando su piel; rasgándola como si fuera una hoja de papel. Una de las manos de Samekichi se movió hasta los cabellos de Sal y tiró de ellos, obligando al tiburón blanco a alejarse, pero no se fue sin llevar una buena porción de piel y ropa en sus dientes.

Frente suyo, la mirada desorbitada de Samekichi le observaba; su único ojo brillaba con intensidad, la sangre tiñendo de la mandíbula para abajo y sus dientes mostrándose. Samekichi abrió la boca, mostrando los dientes y Sal alejó el rostro; Samekichi iba a morder su rostro, iba a arrancárselo de una sola mordida.

Minami observó la pelea de ambos tiburones frente suyo, la adrenalina corriendo por su cuerpo a pesar de permanecer inmóvil. Era una batalla a muerte, en la cual el primero en distraerse se convertiría en la comida del otro. Había visto antes a Samekichi hincarle el diente a uno que otro pez, pero esto estaba a un nuevo nivel, sonrió para sí.

Sal temblaba, sus ojos fijos en los dientes ajenos. Ese no era el Samekichi de años atrás, aquel debilucho que lloró por días para después hundirse en desesperación y al final convertirse en un saco de boxeo. No, Samekichi ya no tenía el velo de desesperación y dolor que vistió por años. El Samekichi frente suyo no era ni la mitad de lo que una vez fue.

Brujo carmesíDonde viven las historias. Descúbrelo ahora