Carol
Estoy ansiosa ¿y por qué negarlo?felíz. Estamos a un paso de subirnos al avión, claro si no fuera por la mujer de unos veintiseís años que no deja de mirar a Ian de manera persistente y como si fuera poco, coqueta. ¿Es que no ve que mi falso novio es menor que ella? Enferma. La odio desde ya.
Al parecer tendremos a una compañera de vuelo algo peculiar...
Tan pronto podemos, buscamos nuestros asientos luego de que revisaran nuestro boleto de avión y nuestro pasaporte. Me adelanto tomando el asiento de la ventanilla, ese siempre es mi asiento y hoy no sería la excepción. Además, algún tipo de beneficio debo sacarle a este "sacrificado" favor.
Cuando Ian llega a mi lado me mira con cara de pocos amigos, al él también le gusta el asiento de la ventanilla. ¡Pero pues! A veces hay que sacrificarse... Por que obviamente no voy a darle mi asiento. Así que me encojo de hombros y volteo la cabeza ignorándolo completamente, nadie me moverá de aquí.
Habían pasado ¿quince minutos? No estoy segura. Pero el avión ha despegado hace un rato. ¿La pasajera imprudente-persistente? Ahí sigue creyéndose que con sus miraditas de de gata igualada logrará algo con el chico a mi lado. Debo controlarme, los celos nunca son buenos.
- ¿Debo ponerme celosa? ¿O mi papel de novia aún no comienza? - pregunto en voz baja.
Lo veo sonreír, esto le está divirtiendo.
- Ya te has puesto celosa. - afirma.
- Mentira - digo aguantando las ganas de reír.
- Y respecto a tu pregunta...puedes comenzar cuando quieras.
¿Sin fecha de caducidad?
Río por lo que acabo de pensar.
- Ella cree que eres la última Coca Cola del desierto. - vuelvo a hablar.
- ¿Y no lo soy? - cuestiona con arrogancia.
Ruedo los ojos fingiendo molestia.
- Creído, no sé cómo te soporto.
Claramente sé cómo o por qué lo soporto; ¡me encanta!
Debo controlarme, me estoy volviendo muy estúpida.
- Tal vez por que te gusto. - su tono serio no denota ningún tipo de jocosidad. Está hablando muy en serio, o eso parece. ¡Mierda! ¿Cómo se había dado cuenta?
Adopto un semblante molesto, no lo estoy pero debo al menos fingir que lo que Ian ha dicho no es así.
Ian
Por idiota me pasa esto. Había dicho ese comentario lo más serio que pude para ver si Carolina, aunque poco, sentía algo por mi. Pero la situación es al revés. Soy yo quien está enamorado de ella, no ella quien está enamorada de mi. A mi gusta ella, pero yo a ella no le gusto. Quizá pensar demasiado en las conjeturas de Santiago me haya hecho mal. Pero es que juraría que a veces siento que hay algo más.
Da igual, ya que rayos puedo hacer.
Me quedo callado y seguiré así. Carol está molesta y hablarle no hará que su humor cambie para bien.
Carol
La situación entre Ian y yo está realmente incómoda, ya hemos bajado del avión pero el silencio sigue aún presente, de ambas partes.
- Ahí están nuestras maletas. - habla Ian por primera vez en horas.
Asiento y ambos cogemos nuestras maletas. Cuatro para ser exactos. Tres mías y una de Ian más una mochila mía y...bueno, el pelinegro al parecer repetirá ropa por seis días corridos. Aún no comprendo por qué lleva solo una maleta.
¿Qué? Hay que llevar de todo, uno nunca sabe.
- Tu familia no nos puede ver enojados. - digo con toda la razón del mundo.
- Cierto, mejor olvidemos todo lo que pasó en el avión. La verdad es que no pensé que mi broma te fuese a molestar tanto.
¿Era una broma? Hijo de su mamá, me la creí. Pensé que ya sabía sobre mi enamoramiento. Ya hasta estaba pensando en largarme a la mierda y pasar todo el verano allí.
- ¡Bienvenidos! - ambos miramos hacia el fondo donde un gran grupo de personas con camisas azul marino y letras blncas que dicen: "Familia Dekony" alzan la voz dándonos la bienvenida.
El rostro de Ian no demuestra mucho interés, apostaría a que este tipo de escenas le avergüenzan. En cambio, mi rostro es de total emoción. Nadie, jamás me había recibido de ésta manera y que unas personas que ni conozco lo hicieran, me llena de alegría. Ya quisiera que ésta fuera mi familia.
Le insisto al tonto que tengo a mi lado a llegar hasta donde se encuentra su familia que como si fuera poco tienen un cartel que dice: "Bienvenidos Ian y Carolina".
Estas personas son geniales.
Les sonrío a cada uno aún sin saber quien es cada cual. Los saludo con efusividad pues ellos son demasiado cariñosos y eso me gusta, se nota que es una familia unida. Además de que ser sociable siempre ha sido lo mío.
No tengo idea de con quién hablo y a quien saludo, quizás una de las mujeres sea mi falsa suegra. Aunque eso no importa demasiado, luego los conoceré.
- Déjame ver tu anillo. - pide una mujer con los mismos ojos que Ian, la misma con la que hablé hace un rato ¿será su madre?
Sin ningún problema aunque sin entender le extiendo mi mano izquierda para que vea el anillo que me compré hace unos meses atrás. Al parecer es de compromiso o algo así pero no lo es.
La familia del ojiazul se aglomera al rededor de mi observando la joya. ¡Vaya, si que les ha gustado! Miro a Ian quien se ha quedado con la única compañía de él mismo. El chico me mira y niega con la cabeza, yo le sonrío aunque no sé exactamente por que.
¡Bobadas!
- Bueno, luego ven el anillo de mi novia - se escucha tan bien y hermoso..."mi novia". - Estamos cansados y queremos llegar a casa. - habla el aguafiestas de Ian Dekony.
- Tienes razón hijo, mejor vamos a la villa y luego nos ponen al tanto de todo. - dice un hombre de cabello negro y barba.
Los familiares del aguafiestas toman nuestras maletas y mochilas dirigiéndose a la salida. Ian pasa su brazo a rededor de mis hombros atrayéndome hacia él mientras seguimos a los demás.
Esto se siente demasiado bien.
- ¿Qué tiene mi anillo que todos la querían ver? - pregunto mirando la joya.
- Pues... - dice alrgando la "e" - Es muy lindo. Además...mi familia es muy curiosa. - dice luego de varios minutos de silencio.
- Observadora - lo corrijo.
- No créeme, son muy curiosos.
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Solo es cuestión de tiempo para que Carol se entere del por qué su anillo fue el centro de atención...
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No sé si subiré otro capítulo hoy, estoy enferma y me siento como la mierda.
¡Carolina me ha pegado esa palabra!
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Miradas (COMPLETA)
RomansA través de miradas expresamos miles de sentimientos. Carolina siempre miraba al mismo chico desde un extremo de la universidad, él también la miraba a ella desde el otro extremo. Miradas que decían lo que las palabras no podían. El destino les dar...
