La caricia de una cana

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Hoy estoy con un gran invitado

la mayor preocupación de todo humano

es de color blanquecino, tirando a grisáceo

es delgado, fino, largo y con un suave tacto

Hablo de una simple cana

un cabello que nos acongoja, porque indica la vejez

indica la madurez

es un barco que viaja a nuestra mente y le añade arrugas

Y también nos indica la pérdida de sus compañeros, otros pelos caerán tarde o temprano

Aparece en los espejos cuando no miramos y nos arranca la vida en un suspiro

Tienta al aliento a congelarse sobrecogido

Merma el habla, tiembla el pulso y siembra el miedo en los dedos

¿Tanta guerra da una simple cana?

¿Será su color?

¿Será su finura?

Sobrevivimos a su temeridad con la fiereza de un niño pequeño

Haciendo pedazos los cristales del espejo,

atentando contra nuestra figura en el mismo

retando a las lágrimas a salir desperdigadas

y mezclando la sal con el dolor de un alma rota

Ante esta reacción, reflexiono

encontrando personas que no pueden tener canas,

porque su vida está en la manecilla de un reloj

porque su alma está dentro de una caja de juguetes rotos

y no tienen pelo para sufrir por semejante nimiedad

Sin embargo, a pesar de no tener esperanza

sonríen, son valientes, luchadores, y tienen la fiereza de un león por corazón

el cáncer no es una cana

es una enfermedad que arrasa por donde va

un huracán que siembra tempestades en los corazones de los familiares, que asola mundos

Qué bellas son estas personas que lo sufren,

que no necesitan un espejo para saber que son belleza reflejada

que no necesitan de lágrimas para calmar a la preocupación sideral de estar vivo

que no tienen miedo al qué diran, y nunca se dan por vencidos

Qué bello es su corazón

que late hasta el último segundo

que cura sus debilidades cuando los dedos tiemblan indefensos

y se queda de pie en el último suspiro para que el alma no viaje sola al paraíso

Valentía es la palabra que no conseguía encontrar y me ha salido sola,

unos preguntándose por el qué dirán de ellos,

que están gordos o calvos, quizás algo en la vida no salió como planeaban

y otros luchando como caballeros, afrontando la vida con entereza y sonriendo al sol cada mañana desde la ventana de un hospital

Me desgarra, me araña, me está envenenando los dedos mientras escribo

Y ahora las lágrimas no son de sal, ni de empatía, son pura emoción espontánea

Por saber que hay personas que aun no siendo boxeadores saben defenderse

por saber que hay personas que aun no siendo filósofos pueden dejar frases grabadas en el alma y huellas que jamás se borrarán

Conforme enderezo las teclas en el ordenador y limpio este borrador que nunca mostraré,

Por fin enfrento la debilidad del que escribe y no quiere ser oído,

del que lucha y no quiere ser vencido

Tal vez, y solo tal vez, la esperanza ayude en el camino

y estos héroes podrán ser recordados en estatuas,

plasmados en libros,

o a lo mejor simplemente surgen en las teclas de mi ordenador cuando otros están viendo una película

Me desplomo, abrumado ya mis piernas no responden

Me ha llenado el alma, el saber que hay personas que no necesitan un cuento para ser protagonistas de una vida

Me ha anulado los sentidos ver cómo el mar se arrodilla cuando posan sus angelicales pies al caer en la batalla

La batería, insuficiente como siempre, se llevará estas palabras como el rocío de la mañana cuando choca con el alba

Esto no es un mensaje en un ordenador,

no es una palabra en un folio en blanco,

ni siquiera es una carta en un documento cibernético

Esto es la vida, que arrebata leones, dejando flores grises y soles apagados

esto es la muerte que agarra manos sin mirar, y despierta almas dormidas, que viven tranquilas desconociendo su destino

Mis palabras van acelerando su paso, al igual que su enfermedad va ganando la carrera, va primera en la batalla

Y veo la luz del aparato que tengo delante de mí, parpadea incesante indicando el adiós

En el último instante, llevo mis reflexiones a la papelera, y allí descansan olvidadas,

Nadie las abrirá, nadie las verá, y probablemente nadie sabrá de la existencia de estos leones invisibles a simple vista

Y yo,

Yo que he escrito esto, sintiendo el calor de sus batallas y el valor de unas palabras que no todo el mundo valora,

Lloraré en el silencio de mi habitación, por no haber podido describir con mis palabras a estas personas correctamente,

Sintiendo como mi alma se reduce a cada tecleo, se hace cada vez más pequeña, avergonzada por la cobardía de mis actos,

El ordenador se apaga, y con él se van las dudas,

Ya no hay historia, no hay enfermedad, no hay conocimiento,

Solo quedan las canas que tanto temen los humanos,

Y un espejo roto bajo el suelo que indica mi humanidad y mi debilidad,

Al haber destrozado mi preocupación con mi lenguaje y un simple ordenador apagado.

Ensoñaciones del duende de Sevilla©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora